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Foto: Wendy Rufino. Alejandro Ramírez platicó sobre su infancia y sobre su interés por la educación.

Alejandro, entre la educación y el séptimo arte

11 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Texto: Neftalí Coria.

Alejandro Ramírez Magaña es un hombre de acción en los negocios y en el mundo empresarial mexicano. Nacido en Morelia en 1970, con seguridad y cortesía, arriba a una de las salas de juntas de las oficinas del corporativo de Cinépolis y saluda a quienes le esperamos para una conversación para “Vivos Retratos, 68 Voces”. Sonriente, después de una reunión de trabajo y luego de nuestra entrevista, le aguardan dos reuniones más en la agenda. De un muy buen ánimo se apresta a conversar. Hablamos brevemente de amigos comunes y de algunas otras cosas ocasionales. Puedo ver en él los rasgos característicos de la personalidad de quien es fuerte y directo en sus decisiones, de alguien quien posee una seguridad de plomo sobre el suelo que pisa. Alejandro es un hombre que mira a los ojos y escucha. Atiende a quien le habla y se coloca de frente ante aquel a quien le dirige la palabra.

 

Preocupado por la educación en nuestro país, sus ideas sobre el tema, le han hecho reflexionar y opinar sobre la situación que vive la educación en México. Sus opiniones sobre el sistema burocrático que navega bajo hechos de corrupción que a todas luces es evidente, advierten en él una conciencia clara. El tema le ha llevado a esgrimir puntos de vista, mostrando una preocupación original y verdadera; una preocupación que en otros empresarios mexicanos nos sorprendería. En cambio, esa especial atención suya a los problemas educativos hace de su persona un ciudadano comprometido con el desarrollo social y político en el que hace tanta falta una lúcida crítica sin inclinaciones partidistas ni favoritismos hacia ningún otro punto de interés que no sea la educación de los niños y jóvenes de este país.

LECTOR E INTERESADO POR LA ESCRITURA

Al inicio de la conversación, le pregunto –porque he sabido de su augusta cercanía con la lectura y su aprecio por las artes– sobre sus preferencias de lectura en lo que a géneros literarios se refiere. A él le ha gustado la literatura que viene desde el siglo de oro español, hasta la literatura de nuestros días. Del siglo XX prefiere obras literarias latinoamericanas. Ha leído a los franceses y a los ingleses sobre todo, aunque no ha dejado de lado otras culturas. Reconoce que también le gusta leer libros que no son de ficción: historia, economía, biología evolutiva, filosofía, entre otros temas afines a su profesión. Alejandro deja ver en su preciso modo de expresión, una inteligencia rápida, una amplísima información y la deductiva reflexión que muestra la confianza de quien ha dado pasos seguros sobre el mundo.

Lee poca poesía, pero está al pendiente de los poemas publicados por revistas especializadas. Y recuerda que alguna vez quiso escribir prosa. Alejandro intentó escribir ficción y rememora que de niño, escribió algunos cuentos. Pero lo que con más soltura y mucho mayor interés escribe, han sido ensayos. Escribe ensayos y artículos académicos; ha contribuido con capítulos de algunos libros para el Banco Mundial sobre temas económicos; aunque desearía tener más tiempo para hacerlo, y lo reconoce como uno de sus pendientes.

EMPRESA FAMILIAR

Trabajar en la empresa privada, siempre fue algo latente, dado que creció cerca de ese modelo de negocio. Su familia ha estado involucrada en el negocio del cine ya por tres generaciones y Alejandro cuenta que le resultaba muy suyo y muy próximo el cine.

–Literalmente mi casa era pared con pared con un cine –dice mientras recuerda ese momento de su niñez–, la barda de atrás de mi casa era la de los cines gemelos de “Las Américas”, luego “Multicinemas…”

Su vida transcurrió al pie del negocio familiar, y el cine se convirtió en una de sus verdaderas pasiones. Durante sus estudios, consideraba a futuro trabajar en organismos multilaterales u otros espacios donde pudiera aplicar lo que estaba estudiando, porque en la empresa privada, sería más complicado y él tenía como blanco para su ejercicio profesional, espacios como el Banco Mundial o las Naciones Unidas, pero la vida misma y sus dinámicas misteriosas, lo trajeron a trabajar por la empresa familiar y como es conocido, con mucho éxito. Dice Alejandro que tomó esa oportunidad con el gusto de integrarse a la empresa familiar en las dos etapas de Cinépolis y ha visto su transformación, su evolución, su internacionalización. Y ha sido testigo y parte –con fortuna– de cómo la empresa del cine, bajo su batuta, se ha institucionalizado de manera expansiva y sobre todo con efectividad.

EL CINE, CANTINFLAS, EL PRINCIPITO

De niño Alejandro vio películas animadas y las infaltables películas de acción; era el cine, digamos autorizado para los niños, películas que la niñez de su generación veía porque estaban en boga y no había proliferación de cintas de superhéroes. El cine era tan familiar en esa etapa de su vida, como la literalidad puede permitirlo. Y el constante encuentro con la pantalla grande, sin lugar a dudas, permitió que el cine fuera inherente a la historia personal de Alejandro, por eso pudo comprenderlo como empresa, como industria, como el modelo de negocio que instauró Cinépolis y que logró un crecimiento descomunal.

Más adelante –tal vez en la parte final de la niñez– el cine mexicano le atrajo sobremanera. Alejandro recuerda que entraba al cine gratis con sus amigos y con el tiempo, se encontraría con las películas de Cantinflas, aunque reconoce que le tocó la última etapa del cómico mexicano en las que se cuentan cintas como “Su excelencia”, “Patrullero 777”, “El padrecito”, “El profe”, entre otras.

–Llegué a ver alguna de ellas más de veinte veces– dice sonriendo.

Asegura que las veía con gusto y le divertían. Alejandro también se acuerda cuando se inauguraron los “Cines gemelos” de la plaza “Las Américas”. Pasaron la película basada en “El Principito” de Antoine De Saint-Exupéry. Él fue a verla y le impactó; años más tarde leería el libro, rememora.

Nunca ha tenido la intención de hacer cine como expresión, aunque ha producido películas, entre las que se cuenta “El Cometa” que fue la primer película de Ana Claudia Talancón y de las primeras de Diego Luna. También se ha involucrado en la producción de documentales, asegurando que es uno de sus géneros favoritos. Cinépolis ha participado en “Presunto culpable” y en “De panzazo” que abunda sobre la educación en México.

Alejandro quiso que hubiera una sección de documentales desde que nació el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) del que él ha sido una pieza fundamental. El documental incide en la transformación de la sociedad y en su opinión, en México se están produciendo los mejores documentales. Alejandro cree que el apoyo a los documentalistas puede lograr interesantes resultados como los que ya se han visto en las giras de “Ambulante”, en las que el apoyo de Cinépolis ha estado presente, y en documentales donde la empresa ha apoyado la distribución de piezas como “La sal de la tierra” de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado sobre el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, o el reciente documental “Tierra de cárteles” de Mateo Heineman, que estuvo nominada al Oscar en la edición 2016.

Alejandro advierte que el cine es una forma de expresión completa, dado que combina todas las bellas artes: literatura (la historia que se cuenta), el arte dramático (actuación y dirección), fotografía, pintura, arquitectura, danza. Yo le pregunto sobre el cine para los niños de escasos recursos, porque he visto campañas con estos fines. Y aunque no se extiende, deja en claro que el cine puede cambiar la perspectiva del mundo de un niño sin oportunidades:

–El cine –afirma– es una expresión muy poderosa que permite contar historias de manera muy efectiva y te puede trasformar, te puede transportar, y para muchos niños que no han tenido la oportunidad de viajar, por ejemplo, de salir de su comunidad, el cine les permite aprender cómo son otras partes del mundo, cómo son otras realidades, les puede ayudar a ampliar sus horizontes y les puede ayudar a soñar…

Tiene claro que la empresa en la que ha puesto todo su empeño, debe acercar el séptimo arte al los ojos de aquellos que nunca lo han visto en dimensiones deslumbrantes, como lo proyecta Cinépolis. En la empresa, han tenido experiencias inolvidables con el programa “Vamos todos al cine”, que tiene el objetivo de llevar el cine a comunidades marginadas o lugares donde los desastres han sido implacables, como en las inundaciones de Villahermosa, Tabasco, donde sin duda, la gente recibía una poca de alegría, de esparcimiento y sobre todo un apoyo psicológico en tan penosos trances, como también sucedió en Haití después del terremoto.

A EDUCACIÓN, EL TALÓN DE AQUILES

Es conocida su opinión sobre el sistema educativo, no sólo de México, sino de Latinoamérica. Y dados sus estudios en Desarrollo Económico, Alejandro Ramírez advierte que si no elevamos el nivel de calidad en la educación, nunca seremos un país desarrollado. Y asegura que la educación, para México, es el “Talón de Aquiles”. Pero ahonda que el nivel bajísimo en nuestro país, es debido a la corrupción y al empecinamiento sindicalista que sucede sobre todo en Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

Alejandro anota con la puntualidad de quien conoce y ha estudiado el tema que “el activo más desaprovechado en esta región –refiriéndose a Latinoamérica–, es el talento humano”. Está cierto y seguro que si tomáramos acciones que elevaran el nivel educativo, como las que tomaron muchos países del suroeste asiático hace cuarenta años, otra sería la historia y pone de ejemplo esos pueblos que hoy tienen el nivel de aprendizaje más alto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El empresario michoacano afirma que sí, que mucho le ha interesado que el aprendizaje escolar mejore y se eleve, porque sólo de esa manera seremos una nación próspera y equitativa y con la esperanza que la desigualdad de ingresos tan pronunciada, sea menor. De tal manera que Alejandro cree que tenemos que elevar el nivel de enseñanza en las aulas, porque hasta hoy, es triste ver el resultado en las Pruebas Internacionales de Logro Educativo, en las que los mexicanos aparecen con niveles de cero o uno en matemáticas por ejemplo, habiendo un evidente y muy alto índice de deserción. De cada generación (en Michoacán), Alejandro sabe con certeza que se están perdiendo tres de cuatro jóvenes, ya sea porque desertaron o porque reprobaron y no tienen el mínimo nivel de lectura.

Al respecto, cree que la solución también está en la sociedad civil. -La educación en México es muy desigual, es decir, tiene muchas realidades-, observa Alejandro con la seguridad que le da la información y afirma que hay estados como el Distrito federal, Nuevo León y Colima en donde las cosas van bien, pero Michoacán, Guerrero y Oaxaca, son estados en los que el fenómeno gremial de la coordinadora de trabajadores de la educación, ha tenido una presencia hegemónica y han hecho estragos ya por décadas. En esta dinámica, abunda, que la coordinadora, ha visto sólo por los intereses del sindicato y el gremio magisterial, pero no por los intereses de los niños y jóvenes hasta hoy día, a pesar de la reforma educativa.

La preocupación de Alejandro quien, entre los múltiples reconocimientos que ha recibido, está la Medalla de la Legión de Honor en grado de Caballero, la más alta condecoración que otorga Francia, es por uno de los grandes problemas de nuestro país, sustentada en una añeja reflexión que pocas veces encontramos en el mundo de los hombres de negocios en México; sin embargo para él es vital el hecho de compartir sus ideas y reflexiones manifiestas como una participación en la política educativa de este país que también nos queda claro, a Alejandro Ramírez mucho le importa.

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