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Foto: Víctor Ramírez. Lo más importante para Fernando con su trabajo en la arquitectura, es lograr el bienestar de la vida.

Arquitectura de Montes de Oca embellece el universo

29 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Por Neftalí Coria
No podemos competir con el universo –piensa Fernando Montes de Oca–, es mejor integrarnos a él.

Y esa integración debe ser armonizando la luz, el espacio, la dimensión visual. Eso hace la arquitectura; escenarios para que la persona los habite. Y me hace pensar en la construcción de la vida en el teatro, a la representación teatral de la vida. La construcción de escenarios para que la vida suceda y para quien la habite también –al lado, los demás elementos–, se integre como parte de un todo.

Lo más importante para Fernando con su trabajo en la arquitectura, es lograr el bienestar de la vida, siempre y cuando el espacio lo permita y ha de ser la luz, la dimensión, el calor del hogar, la tranquilidad y la paz, los componentes indispensables que logran conjuntarse.
Cuando comienza a hacer un proyecto, él se sitúa dentro del espacio e imagina lo que debe ocurrir con la persona que allí vivirá y centra su idea en lo que aquellos que habitarán el espacio, van a sentir y piensa en el bienestar que el ser humano requiere para su desarrollo.
Por eso, mucho más que hacer fachadas y formas que sólo llamen la atención, lo que él cree que debe tomar en cuenta de manera fundamental, es la idea que el ser humano es parte de un todo, de ese universo común. Esa es su guía.
Las cosas, las artes
Las cosas que usamos representan lo que somos; hablan de quiénes hemos sido y representan los gustos con los que nuestra vida traza su destino. Fernando asegura que son las cosas con las que convivimos lo que más habla de nuestros deseos. Vivimos en escenarios y en ellos va transcurriendo nuestra historia y la arquitectura nos proveé de satisfactores esenciales para la vida en convivencia, y el desarrollo de aquellos que eligen vivir en los escenarios que también deben hablar de quiénes somos. Allí la representación de nuestra persona es clara.
Para trazar las primeras líneas del diseño de una casa, Fernando primero debe saber algo, o mucho de aquellos que la han de habitar. La arquitectura es para las personas en el amplio sentido de la palabra.
Montes de Oca, cree fielmente en que las artes son una parte de la vida y es precisamente el arte, lo que nos hace mantenernos despiertos en el mundo de los sentidos. Las artes nos recuerdan que nuestra capacidad sensorial es una de las fuentes para descubrir la belleza, y la arquitectura es para Fernando, antes que todo, sensaciones. Su interés por lo que de arte hay en la arquitectura, lo conduce en su trabajo diario y de manera permanente. La música por ejemplo, siempre está presente en la vida de Fernando. En su jardín, mientras conversamos aquella tarde, siempre hubo música que daba al jardín una muy agradable quietud. Los colores, las texturas, la atmósfera, las ventanas, las puertas, los materiales con los que se construye una casa, el comportamiento de la luz por todo aquel espacio, todo aquello que desde el trazo se hubo propuesto, logran un bienestar que –aunque los habitantes no lo entiendan–, pueden exclamar el tan conocido señuelo de “me siento bien”. O en los lugares públicos, que muchas veces sin saber el porqué, algo nos incita a visitarlos, o por el contrario, nada nos llama para acercarnos a esos lugares, y esos son los resultados que los diseños provocan.
Dibujaba casas

A Fernando de niño siempre le llamó la atención mirar las casas mientras caminaba por la ciudad y supo que algo de las figuras que encontraba de ellas le atraía. Era el gusto genuino de un niño que no imaginaba el futuro, era un gusto como los que se suelen tener sin razón. Luego comenzó a dibujar casas (guarda algunos de esos dibujos) y además le atraía el hecho simple de dibujar en general como un impulso natural.

Fernando guarda muy claros recuerdos en casa de sus padres; pasaba el tiempo observando las cosas y constantemente se preguntaba, por qué no movían un objeto de lugar donde a su mirada, se vería mejor y hoy esos deseos por organizar las cosas de su casa, los advierte como una inquietud originaria. Y aunque desde entonces con la percepción que todo niño vive, Fernando recuerda cuando lo llevaban de visita en casa de uno de sus tíos, quien era de la generación de sus abuelos, le atraía escuchar las conversaciones y le gustaba sobremanera, aquel tipo de casa por la decoración y el tipo de muebles; pero especialmente, los olores y las sensaciones de ver aquella casa que lo impresionaba. Fernando recuerda con precisión milimétrica las conversaciones que escuchó de su tío abuelo cuando él era niño. Aquel tío abuelo, de quien tiene entrañables recuerdos se llamaba Ignacio Chávez.
Para Fernando, los orígenes familiares han sido de suma importancia en su vida. Valora sus memorias de la niñez, en donde no hay duda, que están las semillas. Sobrino nieto del cardiólogo Ignacio Chávez, Fernando Montes de Oca es un arquitecto que cree en la integración perfecta para formar un todo armónico y en consecuencia integrar nuestras construcciones humanas al universo.
En nuestra visita a la casa de Fernando, mientras nos la muestra y ya en el interior, percibimos que el silencio es una pieza clave, como la música que siempre se escucha en el jardín, es el corazón de aquel ámbito. Una casa que asciende es la suya. Por principio hay un muro blanco y una puerta metálica a la entrada. Luego las escaleras y llegamos al área de su despacho muy sobrio y con magnífica luz. Más allá, una puerta que conduce a las escaleras que ascienden al jardín con música. Después, una sala cómoda donde se alojan algunas piezas de pintura y escultura, entre las que reconozco una figura de uno de los hermanos Marín. En una segunda sala, nos invita a mirar un dibujo grande hecho con pluma fuente; es nada menos que el árbol genealógico de su familia, que dibujó su abuelo en donde aparece en las últimas ramas, hasta la generación de su madre y enseguida nos muestra una carta que el doctor Ignacio Chávez le envió a su madre para darle el pésame por la muerte de otro familiar. La carta con la firma autógrafa en tinta azul del doctor Chávez, Fernando la atesora enmarcada como uno de sus documentos más valiosos. Y advierto prudentemente –cuando él calla– una silenciosa tristeza por aquellos recuerdos de un hombre que Fernando recuerda, como se recuerdan los grandes privilegios de la vida. La carta que nos permitió leer, es una carta en la que habla un hombre de grandes sentimientos.
Integrar la belleza a la armonía del mundo

La arquitectura para Fernando Montes de Oca ha sido una indudable vocación por integrar la belleza a la armonía del mundo. Y el bienestar de la persona aparece en el centro del objetivo de su trabajo. Si a una persona le gusta leer, en su casa deben darse las condiciones espaciales para que la persona lea. Y son las necesidades –que son diferentes en cada persona– de las que depende el diseño de un escenario para habitarse. Fernando se ha dado cuenta que la felicidad es la consecuencia de vivir en paz, lo que es una de las perennes ambiciones del hombre en todos los tiempos. Y sabe también que la felicidad no es estruendo, ni gritos; la felicidad puede estar en completo silencio. Aunque hay diferentes manera de concebirla.

Fernando asegura disfrutar lo que hace, y está claro que, como arquitecto disfruta mucho la vida.
Pasó la niñez en Morelia por el rumbo de San José, en la calle Miguel Silva 388 para ser exactos, en el primer cuadro de Morelia. Tiene recuerdos entrañables de sus compañeros de la escuela, de amigos del vecindario con los que jugaba. Era otra Morelia, como muchos de pasadas generaciones llegamos a decir; las calles estaban plenas para jugar fútbol, porque eran pocos los autos y se vivía lejos de imaginar la sobrepoblación vehicular que desde unos años hacia acá padecemos. Fernando recuerda las calles vacías y eran escasas las personas que tenían auto, y si lo tenían, sólo había uno por cada familia que lo poseía. Era otra ciudad que se podía recorrer caminando. Fernando vivió una vida familiar muy unida; las visitas a los tíos que viven en otros lugares, la convivencia con primos entrañables, las visitas al campo, el divertido baño en los ríos. Recuerda también que durante la escuela primaria, su educación estuvo muy apegada a la religión católica. Fue acólito en el templo de María Auxiliadora, y nunca olvida que les daban monedas como una especie de pago. Una alegría inmensa recibir aquellas preciadas monedas. Alumno de primaria del Salesiano, ingresó a la secundaria de la Universidad michoacana, para después estudiar la preparatoria en el Colegio de San Nicolás. Luego se mudaría a la Ciudad de México para ingresar a la Escuela de Arquitectura de la UNAM.
‘Camino sobre la luz y el agua’

Admira y cree profundamente en la arquitectura mexicana; la sencillez de los espacios poéticos de Luis Barragán, la obra de Ricardo Legorreta, entre otros, y cree que esas nuevas maneras de la arquitectura mexicana son también parte de su inspiración, porque en su obra puede verse la grandeza interior de Barragán por ejemplo. Mucho le gustan a Fernando las ciudades mexicanas y admira su arquitectura. San Miguel Allende y Guanajuato le parecen espléndidas. Le gustan las ciudades españolas, las italianas y es de la opinión que cada país tiene distintas formas de belleza, pero en lo personal, Brujas en Bélgica, es una ciudad que en especial, le gusta.

Poco después le hablo de una experiencia mía con la arquitectura en una escuela donde impartí un seminario de “Poética y Arquitectura” y le cuento que alguna vez caminé sobre el puente iluminado de Calatrava en Bilbao y escribí un verso que dice: “Camino sobre la luz y el agua. Es el viento frío lo que me lleva al otro lado del río”. Y a Fernando le gusta la inmensa creatividad de Calatrava y sus exploraciones de movimiento que el arquitecto español ha impreso en algunas de sus obras. Cree que los grandes arquitectos, los grandes artistas como Miguel Ángel, fueron tocados por “un chispazo de Dios”. Y de ellos mucho se aprende, son un verdadero ejemplo, una enseñanza valiosísima. La conversación con este arquitecto moreliano de quien puede verse su obra en distintos puntos de la ciudad, transcurrió con una amable manera de compartir su experiencia y sus descubrimientos en la profesión que ama.
Ya para finalizar nuestro encuentro, le pregunté cual era su mirada al futuro, respecto a su obra y cuáles eran sus intereses para los tiempos que se avecinan. Me respondió con los ojos ávidos de un hombre satisfecho:
–Creo que lo que he hecho hasta hoy, ha sido lo que me ha tocado vivir, lo que me ha tocado hacer, pero creo que terminaré mi existencia un día, sin haber añorado algo que no hice. Entonces creo que ahorita, como que puedo hacer cosas que no me puedo imaginar, pero no estoy deseoso de hacer algo que no haya hecho… Mi profesión va a ser mi compañera hasta el último día…
Y el jardín de aquella tarde, seguía regalándonos la música y el escenario que un día, él mismo trazó para habitarlo, permaneció iluminado hasta la puesta de sol de un frío día de noviembre.
68voces pdf Fernando
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