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Foto: Wendy Rufino. Don Fernando es un hombre que ha disfrutado la vida y sabe que el mundo es un sitio habitable.

Don Fernando, un conocedor de primera mano

29 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Texto: Neftalí Coria.

Leer periódicos ha sido una necesidad de quienes buscan informarse y saber de los sucesos del mundo. Una costumbre que nos llega con el modelo de finales del Siglo XIX, después que surgieran las famosas “Leyes de prensa” que derivarían en la Libertad de expresión. La costumbre de leer periódicos en nuestros días, sigue vigente y es parte de nuestra cultura.

Es también indiscutible la costumbre de leerlo en papel a la hora del desayuno y hay que mancharse los dedos de tinta, hay que recibir del papel y de la letra de molde sus gracias desde ese objeto de noble hechura. El periódico se lee en las primeras horas del día, lo más pronto posible, para saber de primera mano, qué fue lo que sucedió un día anterior. Esa es la costumbre en la que Fernando Villanueva Ruiz se inscribió desde hace sesenta y tres años. Él frizaba los veinte cuando se hizo lector, porque le comenzó a interesar lo que sucedía en la capital del estado, en el país y en el mundo. Y desde entonces no ha perdido la costumbre; ha seguido ese hábito con el mismo gusto e interés de estar siempre informado y siempre alerta de la historia inmediata y frente a las opiniones que en el periódico encuentra. Ese modelo de comunicación impreso, lo ha mantenido en una dinámica que viven los ciudadanos informados en una ciudad que se transforma a cada día y sobre todo, le da pertenencia a la sociedad de la que don Fernando Villanueva Ruiz forma parte. Y aunque hoy los medios de comunicación, se modifican, él prefiere esa forma de consumo, en la que tiene una muy larga práctica: la lectura del periódico hecho de papel.

Un hombre bueno

Don Fernando Villanueva es un hombre bueno y su generosidad es totalmente visible cuando nos dirige la palabra y cuando nos ofrece su casa. Un hombre que ha disfrutado la vida y sabe que el mundo es un sitio habitable. Su sonrisa es limpia y en ella pude ver que bien sabe que la vida es hermosa y se vive en serio, y a fondo rodeado de las cosas que se aman.

Fernando Villanueva Ruiz. es lector de periódicos, y entre ellos, lee especialmente “La Voz de Michoacán” y de los sesenta y ocho años que en 2016 cumple este periódico michoacano, Fernando lo ha frecuentado ininterrumpidamente con su lectura durante sesenta y tres.

En su casa, don Fernando Villanueva, al lado de su esposa NurYafarBucio, nos recibió con una infinita cortesía. Estaba alegre que algunas personas del periódico que ha leído durante gran parte de su vida, estuvieran en su casa y nos habló de colaboradores de distintas épocas, como si todos en la casa editorial nos conociéramos. Me dio la impresión de que él veía como una familia unitaria a todos los que en “La Voz de Michoacán”, colaboran, escriben, etc. O como –si igual a él–, estuviéramos tan informados de lo que cada columnista, cada reportero expresan. Para él una institución representada por el equipo de La VozTV y por mí, estaba de visita en su casa y con esa alegre familiaridad nos trataba y con una hospitalidad verdadera, nos atendió. Su amabilidad era franca y quiso compartir con todos un aperitivo, una botana al centro de la mesa pero sobre todo, su alegría de contarnos su historia de lector de La Voz de Michoacán.

Lector de La Voz de Michoacán

A las ocho de la mañana, ya tiene el periódico en sus manos todos los días, salvo ocasiones en que no está en la ciudad, pero a su regreso, están esperándole. Su lectura –como suele suceder con los lectores asiduos y rigurosos–, se le ha convertido en algo que forma parte de sí mismo.

En su casa, pude ver que el periódico del día, estaba abierto sobre la mesa del comedor y su costumbre es leerlo a lo largo del día en diversos momentos, pero mantiene el diario con las páginas abiertas hasta que la lectura se concluye. Ha llegado a leerlo absolutamente todo. Conoce y recuerda los cambios en las secciones, sabe cuándo fue por primera vez a color y tiene en cuenta las modificaciones del diseño. Recuerda anécdotas respecto a ciertas noticias, ciertas opiniones. Recuerda artículos, nombres de periodistas, columnistas; hechos que dejaron huella en la historia y todo aquello que ha sido significativo para nuestra comunidad. Todo eso, Fernando Villanueva Ruiz lo leyó en el periódico.

Comenzó a leer La Voz de Michoacán en 1953 y el único distribuidor era don Epifanio, allá en Ario de Rosales, donde Fernando nació y le bastaba cruzar la calle para comprarlo en la acera de enfrente, donde estaba el expendio. Don Epifanio (“Pifas”, como le decían) además, recorría el pueblo llevando el diario.

–A Don Epifanio conforme lo veía en el sur, lo veía en el norte –dice don Fernando– y en los cuatro puntos cardinales. Entonces se quejaba y decía, “ya vez dóndeando”, en donde estaba la preparatoria y la secundaria, está una subida que le llama la cuesta Rómulo, está pesada y todos vienen con sus mochilas, y dice:“yo quisiera que todos estos clientes que vengo a entregarles el periódico, estuvieran así de cerquita como estás tú”.

Don Fernando Villanueva, vivía en la calle Morelos número seis de Ario de Rosales, cuando fue niño y más tarde, de joven. Durante la entrevista de manera muy amena, subraya la diferencia en su vida, desde que él era soltero y vivía en la casa paterna, lee el periódico.

–¡Y traigo la camiseta de La Voz bien puesta! –resalta con mucho orgullo.

Don Fernando vive en Morelia desde 1991. La poderosa razón, para que dejara su tierra natal, fue que su hija mayor había terminado la preparatoria y quería estudiar. Padre de cinco hijas:Nur, Karime, Saide, Nazira y Omayma Villanueva Yafar, don Fernando y su esposa Nur, emprenderían un cambio de ciudad en la que su familia, encontraría destino:

–Me vine a Morelia porque mi hija mayor terminó la prepa –me cuenta don Fernando–“papá yo quisiera seguir estudiando”, me dijo y entonces nos vinimos…Y ya ahorita hay cinco títulos en la casa, las cinco terminaron la carrera.A eso vine a Morelia, y pues misión cumplida.

La sección de los deportes

A don Fernando, desde su niñez, le gusta el fútbol y el beisbol. Y por supuesto es seguidor de Paco Ortega, un emblema en el periodismo deportivo de nuestra casa editorial. Es aficionado desde hace muchos años. Admira a Hugo Sánchez y a Pelé, le gusta el Guadalajara y su admiración por aquel equipo “campeonísimo” es irrefutable.

Para un aficionado al fútbol desde 1947, el periódico ha sido una veta de información y un vehículo para la necesaria discusión entre los amigos aficionados. Y para don Fernando, la afición al fútbol ha significado mucho en su vida. Jugó basquetbol en su juventud y reconoce no haber sido un buen jugador, pero a él y a un amigo, les gustaba estar presentes porque “iban todas la chamacas” del pueblo a verlos jugar. Recuerda que el entrenador les decía a medio partido: “Sale Villanueva y entra Vega”, su amigo que también “era muy malo”, pero ambos siempre alineaban.

La sección deportiva –y no sólo de “La Voz de Michoacán”–, ha sido un sitio frecuentado y analizado por don Fernando. Sabe muy bien las opiniones que ya pueden ser históricas de comentaristas locales y nacionales sobre sus ídolos, sobre todo, en el fútbol. Quizás la Sección deportiva, es una de las que él revisa con una lupa mayor.

–Me faltan hojas para leer –me dice al referirse a la Sección deportiva–, soy un fanático del fútbol. El periódicoinstruye, porque hay cosas que uno no sabe…

Recordé que en algún tiempo, yo recortaba fotos con su pie de página y notas que me habían gustado sobre algunos jugadores, como Johan Cruyff de memorables momentos del medio centrocampista holandés. Entonces le pregunté a don Fernando, si él también acostumbraba recortar periódicos y guardar piececitas de papel de las que se atesoran en el baúl de los recuerdos. Y me dijo que sí, sobre todo en los tiempos de Hugo Sánchez y de otros muchos jugadores admirados por don Fernando. Los guarda como pequeños tesoros y eso lo ha llevado a buscar más información, incluyendo libros sobre el famoso goleador mexicano y la leyenda brasileña llamada Pelé, a quienes admira con celo.

Las enseñanzas de su padre

Para don Fernando la figura del padre ha sido una compañía en la memoria. Don Antonio Villanueva Macías, su padre, le aconsejaba y siempre le guió para tomar las mejores decisiones en la vida. Y él lo escuchó.

Muy joven, Fernando se marchó a trabajar a la Ciudad de México. Allá vivió durante cuatro años con una hermana de su mamá que lo quería como si fuera su hijo. El inconveniente que recuerda de esos años, es que la pasaba muy mal económicamente. Ganaba un sueldo muy bajo y trabajaba todos los días de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, incluyendo los sábados hasta las dos de la tarde. Ganaba cuarenta y nueve pesos a la semana, pero recibía un billete de a cincuenta como estímulo. Era trabajador de una fábrica de bolsas y monederos para dama. Allí, su tío era quien llevaba la contabilidad y él era empleado de confianza. Aun así, añoraba su tierra, porque la pertenencia y el arraigo a la tierra, persisten por siempre. Regresaba a Ario de Rosales, durante las vacaciones de diciembre y en una de esas navidades, su padre le preguntó:

–¿Cuánto ganas? –me relata como si fuera un secreto–, él ya sabía, pero me quiso hacer la pregunta.

Y le extendió generosamente una mejor oferta para que se viniera a trabajar a su pueblo en el negocio familiar, ofreciéndole un mejor sueldo. De inmediato, el joven Fernando aceptó. Ese fue su regreso a Michoacán.

–Mi papá me daba manga ancha –me dice–, pero con el tiempo me aconsejó que ahorrara.

Le permitía mayores ayudas y beneficios, de manera que él pudo ver la bondad de su padre, pero sobre todo sus enseñanzas. Recuerda don Fernando que su padre le motivó a que se hiciera de algún terrenito y de una casa. Esas fueron las enseñanzas que nunca olvida de su padre y de las que bien aprendió.

Don Fernando Villanueva, atento hasta el último minuto de nuestra visita a su luminosa casa, antes de irme me sirvió un güisqui que pude beber en la emocionada conversación que tuvimos. Me habló de fútbol, de Ario de Rosales, de su familia, de la belleza de la vida, del gusto por seguir siendo lector de La Voz de Michoacán. Estaba contento con la visita de los representantes de un medio de comunicación al que le guarda una grandísima estima y mucho cariño. No quería que nos marcháramos, ni yo hubiera querido irme; el güisqui, la voluntad, la cortesía, las amables bromas, en fin, su humano trato.

Tuvimos que marcharnos y yo me iba contento de haber conocido un hombre bueno, que era un colaborador de los que escribimos, porque según Tournier, un lector colabora a que lo que se escribe exista. Y hombres como Fernando Villanueva Ruiz, han hecho que un periódico como “La Voz de Michoacán” exista y su circulación tenga un mayor sentido.

16-17a Fernando Villanueva

 

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