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Foto: Wendy Rufino. Doramitzi fue entrevistada por Neftalí Coria para 68 Voces.

Doramitzi y el arte del vuelo en el agua

19 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

POR: NEFTALÍ CORIA

EL ENCUENTRO CON LA NATACIÓN
La natación es el oficio de la velocidad y el agua. Vencer la marejada y abrir en dos las aguas, siempre serán los obstáculos de esos, a quienes podríamos llamar guerreros del agua. Como los pájaros en el aire, los nadadores, deben volar en el agua. Y si a eso le sumamos una dificultad física, la natación se vuelve un reto más grande.
Navegando en los misteriosos caminos del agua, desde niña navega Doramitzi González, que al día en que he conversado con ella, es poseedora de tres récords mundiales y se le considera la más destacada deportista paralímpica de la historia de México. Es medallista en Sydney 2000, Atenas 2001, Beijin 2008 y ha ganado un total de once medallas, de las cuales cinco son de oro, en los tres últimos Juegos paralímpicos, que desde 1960, se gestan paralelos y en la misma ciudad que los Juegos Olímpicos para deportistas con alguna discapacidad física, mental o de otra índole, lo que ha dado un mayor desarrollo y amplitud al deporte.
Doramitzi González Hernández, nació en Morelia el 4 de enero de 1983, y con el aire alegre que le caracteriza, puedo ver en ella la seguridad que a muchos nos falta. Una firmeza sobre el mundo que se ve de inmediato en su luminosa sonrisa. Y aunque teme al mar porque imagina un tiburón asesino, el agua de las albercas ha sido un rival al que ha vencido incontables veces.

Desde niña comenzó a nadar por razones laborales de su madre. La primera alberca que sería algo así como su “Aqua Mater” cuando tenía cinco años, fue la alberca del Instituto Tecnológico de Morelia. Hija de madre soltera, quien en vacaciones de verano, siempre le buscó cursos de sustitución de la escuela –recuerda Doramitzi– y un día, llegó a un curso de verano en el que estaba muy bien cuidada y donde les invitaban a hacer distintas actividades deportivas como basquetbol, volibol, fútbol, pero en la última hora, de dos a tres de la tarde, llevaban a los niños a la alberca, pues les tocaba natación. Aquel curso fue su primer encuentro con la alberca. Me cuenta que hace muy poco fue a esa misma alberca del Tecnológico y la vio con mucha nostalgia. Recuerda la percepción de la memorable alberca. Tuvo la oportunidad –ahora– de nadar en ella y la sintió tan pequeña, cuando en aquellos tiempos de su niñez, la veía hondísima, grande, inabarcable.
–Pero yo me enamoré de la natación –dice–, mi mamá lo vio y ahí empezó la historia.

LA ADOLESCENCIA Y EL AMOR A LA NATACIÓN
Comenzamos la conversación al lado de una alberca en el Club Tres Marías, en una de sus visitas relámpago a Morelia, dados sus permanentes entrenamientos en la Ciudad de México para el selectivo ya muy próximo para Río 2016. Y como en otra ocasión que conversáramos, Doramitzi se mostró amable, dispuesta, siempre sonriente y con una seguridad de su persona que me alegraba, dando confianza al resto del equipo de LaVozTV, quienes acudimos a la cita.
Me dice que es muy puntual en su vida actual. Y tal vez porque su mamá era todo lo contrario cuando ella era niña, con su hermana, siempre llegaban tarde a la escuela, lo que pudo ser uno de los motivos por los que ahora ella practica la costumbre de llegar al tiempo acordado. También en la natación se debe ser puntual, una décima de segundo cuenta, le digo como broma. Por un segundo no se gana una competencia, es cierto. Por una décima de segundo, se pierde una medalla. o si se llega tarde a una competencia, se pierde el derecho a competir. La puntualidad también allí, ha sido su herramienta.
Su primaria la hizo en la “Rector Hidalgo”, la secundaria –los dos primeros años– en una escuela privada y para tercer año, ingresó a la secundaria técnica que está frente al Zoológico de la ciudad.
Su adolescencia fue afortunada y motivo de muy buenos recuerdos, porque también aquella, fue la etapa en la que comenzó a nadar con una distinta visión a futuro. Comenzaría la práctica de la natación con mayor fuerza. Para Doramitzi, debió ser un afortunado reencuentro con la práctica en la alberca y la competencia. Su adolescencia fue lo que ella llama “normal”, con amigos –de los que conserva algunos todavía– y las hazañas comunes que a esa edad vive toda jovencita que ronda la edad donde comienzan nuevas y excitantes inquietudes. Para Doramitzi fue la etapa decisiva en la natación, porque conoció la disciplina que el deporte requiere. Se acuerda muy bien, que se levantaba a las cinco de la mañana para los entrenamientos, luego de vuelta a casa, tareas y marcha a la escuela. Hoy se sorprende al observar aquel amor que creció en ella por la natación.

“SIENTO QUE ME VA A SALIR UN TIBURÓN”
La velocidad, es en su ejercicio, una búsqueda de triunfo en las competencias. Aquel que vaya más rápido recibirá los laureles y Doramitzi, tiene claro que la coronación está en lo efectivo de su velocidad y esa es la ley de los velocistas, y Doramitzi es velocista. La competencia larga, llamada “de fondo” nunca le ha gustado. Cuando hablamos de los sueños, asegura, que casi nunca se acuerda de ellos, aunque no ha soñado que se ahoga y muy pocas veces se ha soñado nadando. Pero lo que sí me cuenta, que un día, cuando era niña durante unas vacaciones, estuvo a punto de ahogarse. Aunque sabía nadar, se colocó un pequeño “flotis” en su pie y de manera natural, su cabeza se hundió y el flotis le hacía emerger totalmente al revés, hasta que alguien la descubrió en la desesperación y la jaló del pelo. Creyó que moriría ahogada, asegura Doramitzi, creyó haber vivido uno de los inminentes peligros de la natación.
Le pregunto a Doramitzi, pensando en la presencia del agua en su vida, si le gusta el mar. Y me dice que sí, mucho le gusta el mar, pero no para nadar, en absoluto. Varias veces le han invitado a un maratón anual que se hace en Acapulco y nunca ha aceptado. Ella puede nadar en albercas, fosas, lagunas, pero si no logra ver el fondo donde esté nadando, tiene la sensación de que le va a salir un tiburón, que le va a salir una agua mala, porque me asegura que las hay. Y sencillamente, le daría pánico meterse a competir en lo profundo.
–Lo mío, lo mío –dice con decisión–, es la alberca transparente y azul.

LA GENTE AYUDA O NO AYUDA
En la vida la gente que es buena estará presente, al igual que la que es mala.Doramitzi, da gracias a la vida y a Dios, de haberse encontrado con gente maravillosa que es la que ha valido para su carrera y por la que hoy es la Doramitzi que es. Cree que así como se ha encontrado con quienes le dieron la espalda, también se encontró con las personas correctas, en el momento justo y con esas se queda. De las cosas y las gentes malas, trata de no acordarse, porque gente así, cosas así, hay todos los días. Hay gente que quiere hundir al que sobresale, gente que sólo quiere hacer daño; algo que va viviendo cada día y con lo que ha podido luchar. Recuerda que cuando no tenía un peso para comer en la ciudad de México, –porque tuvo que irse a la capital del país–, su madre estaba en Morelia e iba de oficina en oficina del gobierno todos los días para pedir ayuda, nunca le dieron el apoyo, como es común en muchas de las historias como la de Doramitzi. Nadie creía en ella. Y en el momento exacto, la única persona que creyó y le patrocinó, fue el señor Jaime Ramírez.
–Fue el único que confió en mí –me dice con una mirada que recuerda–, el único que se animó.
Piensa que hace falta ayuda para el deporte y que el Gobierno poco acierta para que deportistas de alto rendimiento, sobresalgan. Hay muchos que se pierden en el olvido, me dice. Por eso cuando se cumpla su ciclo, le gustaría hacer algo porque se resuelva ese histórico problema, y porque no se pierdan nadadores, porque tengan las oportunidades que merecen.
Hoy dice que le emocionaría practicar lo que está estudiando y muchas cosas más le dan vuelta en sus deseos futuros, porque sabe que llegará el momento en que deba retirarse y entonces “trabajará como gente normal”. Tal vez volver a Michoacán y hacer algo por el deporte, aunque todavía no tiene claro cómo hacerlo.

“DORA SIEMPRE SERÁ DORA”
Doramitzi es de un carácter fuerte. Desde la niñez en los juegos, me narra que ella siempre quiso ser la princesa y lo fue. Hija única hasta los ocho, su carácter la ayudó a trazar objetivos que cumpliría. Y el carácter le ha ayudado notablemente, porque el deporte, no es algo fácil, se necesita perseverancia, constancia, disciplina y sobre todo carácter. Y asegura que mucho más en el deporte de alto rendimiento. Allí se deben tener muchas cualidades, además de talento. Se debe tener la mente fría del ganador, porque no es necesario sólo el talento, allí es donde acciona el carácter, y Doramitzi lo ha tenido. Un deportista debe tener un conjunto de cualidades maravillosas –cree la nadadora– que lo harán llegar a su meta. El carácter le ha sido fundamental en el deporte, pero sobre todo en la vida.
Entre sus primas de la edad, ella siempre quiso ser la princesa, se peleaba por serlo y lo era. Y hoy –asegura– que ha ido modulando el carácter.
–Pero siempre fui muy decidida en las cosas –me dice con una viva muestra de su carácter–, entonces yo creo que Dora siempre ha sido Dora.

“MI NOCIÓN DE LAS COSAS HA CAMBIADO”
La vida tiene momentos en los que el tiempo toma su bandera y nos reordena, nos vuelve a modelar, pero sobre todo, nos da la oportunidad de ir decidiendo nuevos pasajes de nuestra historia y la visión de las cosas cambia. La historia de Doramitzi, parece haber virado y en ello está su crecimiento, su madurez, la edad, sus intereses futuros, el paso del tiempo; factores que son para todo deportista, una llegada al último puerto, a la última etapa productiva para el deporte en su vida, lo que no quiere decir que el deporte no será parte de su futuro, porque ahora mismo, ella estudia una licenciatura en Mercadotecnia deportiva. Doramitzi, a poco más de un mes de la conversación que tuve con ella, acababa de cumplir 33 años de edad y durante la mayor parte de su historia, la alberca ha sido su trinchera, su ejercicio, su pasión y su triunfo contra todo tipo de prejuicio, contra todo lo que ser una deportista paralímpica implica en nuestro país. Ha pasado mucho tiempo dedicándolo a la natación y su vida social –reconoce– sólo existe los poquísimos días que viene de visita a Morelia. Hoy ha llegado el momento en que Doramitzi, comience a mirar hacia otras latitudes de la vida y el futuro se planta más exigente frente ella, con un selectivo próximo para Río 2016.
Doramitzi, cree que la vida le ha hecho una persona afortunada, porque tuvo el orgullo grande de recibir medallas de oro, y cree que nada dejó sin hacer. No se queda con pendientes en lo que a la natación se refiere. Su trayectoria ha sido privilegiada, pero comienzan a ponerle en alerta nuevas inquietudes.
Recuerda la sensación de aquellos momentos al recibir una medalla; esos momentos únicos e irrepetibles para una mexicana que recibía los laureles a nombre de su país:
–No sé, es una emoción –me dice mientras sus ojos se iluminan y mira las alturas–, cuando tú sientes una emoción muy grande, es como a la quíntuple potencia. Soy de los pocos mexicanos que han podido sentir esa emoción de una felicidad inmensa, de una emoción que no sabes qué hacer si llorar o reír y que es la culminación de mucho esfuerzo, mucha dedicación, mucho llanto, mucho dolor; porque lograr una medalla implica mucho sacrificio…
Doramitzi asegura que nos falta mucha cultura deportiva y sobre todo, ella cree, que debe inculcarse a los niños, porque es en la educación inicial, donde se aprende que el deporte es necesario y para todos.
Antes de despedirme, recordé otra conversación que tuve con Doramitzi, en la que le pregunté sobre lo que pensaba de su condición “especial”, nombrada con muchas formas del eufemismo y la “corrección política”. Aquella vez me dijo que con sus compañeros del equipo mexicano, tenían un humor negro y se reían de sus condiciones. Y cuando le pedí unas palabras para los que tienen una discapacidad, ella me dijo algo que será difícil olvidar:
–Que la persona convencional –dijo– nos vea como un humano más, con una diferencia, pero que sepa que tenemos los mismos sentimientos, los mismos problemas. Entonces realmente eso es lo que a mí me gustaría cambiar, el modo como nos ven a nosotros las demás personas.

14-15a Doramitzi

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