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Foto: Wendy Rufino. Incansable y dispuesto a difundir sus ideas y a buscar que su lucha y sus intenciones sean efectivas.

Gerardo Herrera, activista a favor de la diversidad

25 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Neftalí Coria

 

“Ojos que da pánico soñar”

Gerardo Herrera, mantiene una actividad constante en su afán por defender causas que en otros momentos sin duda, hubieran sido de una complejidad mayor, defenderlas. Incansable y dispuesto a difundir sus ideas y a buscar que su lucha y sus intenciones sean efectivas al abogar por los derechos de “los diferentes”, de “los que no son como los demás”, de “los miembros de una minoría” o “los vulnerables” y otros adjetivos -como suele nombrarse a estos grupos, bajo eufemismos que se han vuelto políticamente correctos-. Y sin más, en nuestra entrevista que sucedió en una pequeña crepería ubicada en el centro histórico de la ciudad, recordé aquel artículo vigoroso y valiente publicado a principio de los años ochenta en el suplemento “Sábado” del diario UnoMásUno de José Joaquín Blanco y que principia con un golpe seco al lector preguntándole qué hace cuando encuentra en la calle a un homosexual que se le insinúa, le pide lumbre o simplemente le mira…. Esos “ojos que da pánico soñar”. Es una pregunta a la sociedad que se encontraba en la calle, a la homosexualidad en aquellos años difíciles para el tratamiento de estas ideas sobre derechos y tolerancia. El artículo del autor de otras novelas y ensayos sobre la homosexualidad en México, trata el tema con una inteligente amplitud y una gran apertura. Hay que recordar que un escritor michoacano, escribió la primera novela homosexual de México, me refiero a “Después de todo” de José Ceballos Maldonado. A Gerardo le hablo de aquel artículo que más tarde José Joaquín recogería en su libro “Función de media noche” y se convertiría en un libro emblemático para la crónica mexicana contemporánea.

 

Hacerlo con método

Durante la conversación, en base a su experiencia como un ciudadano preocupado por la tolerancia, la justicia y el respeto a los derechos de la diversidad sexual, le pregunto si él cree que hemos tenido un progreso hacia la igualdad:

–En el devenir de la historia –me responde con rapidez–, nunca hemos tenido igualdad y no la hemos tenido porque siempre ha habido un poder en ocasiones público, en ocasiones es el poder político, en ocasiones es el poder económico, en ocasiones el poder ideológico…

Al respecto, Gerardo cree que en nuestro país hay justicia ante la ley, pero no ante las oportunidades de los ciudadanos, porque la corrupción en el campo social, también está sucediendo. Gerardo busca la transformación social y está comprometido, pero también tiene claro que para eso, no basta con salir a las calles, cerrarlas, gritar y pasar por encima de los derechos de terceros. Un día se preguntó cómo hacerlo respetando a los demás. Y a sus manos llegó un documento en el momento que buscaba caminos y veredas en el activismo. “La incidencia política” que le daría la ubicación y la claridad que necesitaba. Supo que había que hacerlo con método. La lectura de aquel texto le hizo preguntas fundamentales, como ¿Por qué iba a luchar? ¿Quiénes eran sus aliados? y ¿Quiénes eran sus enemigos potenciales? Y lo que aquel texto–guía le hizo entender, fue que no debía hacer una protesta, sino iniciar una lucha en la que el fin era, cambiar las realidades sociales. Comprendió que más allá de la protesta, había que instaurar un movimiento que fuera capaz de transformar de fondo y con un método establecido. Y comenzó su labor de activista social.

Para él no ha sido difícil enfrentar la corrupción –como sucede con otros líderes sociales–, porque es contra la corrupción, contra lo que va su lucha. El poder del Estado siempre trata de cooptar a los luchadores sociales, pues toda lucha incomoda al poder “pisa callos”. De ahí la conciencia de que una lucha que transforme, debe ser inamovible y con el espíritu colectivo fortalecido con la entrega. De otra manera, no tiene sentido, afirma categórico.

“…sino con el cerebro”

Cuando le pregunto sobre el discurso político de las minorías, me dice que él no cree en eso de “las minorías” porque señalándolas, con ese tipo de discurso, fragmenta los grupos. Lo que si cree que hay –y está a la vista– son los serios problemas de la sociedad  “discriminación”, “diferencia en el trato social” “exclusión” y “pobreza”.

–El discurso de las minorías, fragmenta –dice categórico– por eso hay que resignificarlo.

Asegura que los discursos están reducidos en señalar pequeños núcleos y grupos en la diversidad del comportamiento humano que viene desde la raza, el credo, etc., un discurso de “minorías” como lo conocemos, lo que hace es fragmentar la sociedad. Y puedo inferir que también la divide y la estigmatiza.

–En una sociedad compleja y desorganizada –citando a Gaetano Mosca, me dice–, la libertad es sumamente difícil.

Gerardo habla de la libre autodeterminación y cuando él decidió emprender su lucha por el derecho de la diversidad sexual, y ante la propia libertad de su sexualidad que ha ejercido en su vida, manifestó su posición ante el mundo, porque lo que había que hacer, no lo haría “con las nalgas, sino con el cerebro”, lo haría con las ideas y planteándose un movimiento con inteligencia y método, para construir nuevos paradigmas sociales. Gerardo Herrera, con el paso del tiempo y su resolución por aceptarse y aceptar a los demás y a entregarse a la vida elegida con la plena conciencia del respeto, ha estudiado y comprendido el tema. Sus reflexiones, durante nuestra conversación, así lo comprueban. Sus ideas sobre homosexualidad, hoy forman parte de un patrimonio intelectual que por fortuna expresa en espacios públicos y abona a los nuevos saberes sobre la libertad y la diversidad colectiva. Su labor como líder social, en pro de la diversidad sexual y el respeto a los homosexuales, lesbianas, travestis, transexuales y otros grupos vulnerables, ha sido de un gran significado en la comunidad, porque Gerardo, está presente de manera laboriosa en los espacios donde es escuchado y atendido. Sus propuestas han llegado a incidir en espacios gubernamentales y legislativos.

 

Como cualquier infante

Gerardo creció en la Ciudad de México. Su padre fue campesino, pero la familia emigró a la Ciudad de México porque sus padres creyeron que había que formar a los hijos con mayores oportunidades y que la ciudad era el lugar ideal para que se desarrollaran en espacios más amplios de formación.

Sobre la sexualidad, que es un asunto del que nadie –siendo homosexual– suele hablar con apertura, Gerardo la asume y se reconoce en ella: no es fácil reconocerlo en los diversos estratos de la sociedad, como podemos ver casos de aquellos hombres públicos, que nunca pronuncian su inclinación sexual, aunque en los hechos y tras bambalinas seguramente la asumen. Gerardo no es el caso y veo en él un espíritu libre que no sólo vive complacido con su elección, sino que lucha por defender a los que no tienen voz para manifestar su forma de vivir en esta sociedad diversa y de numerosas diferencias. Es un líder que ha reunido un gran número de personas preocupadas por la libertad y los derechos humanos.

–Yo conocí la sexualidad como cualquier infante –me dice Gerardo.

En el momento en que él se desarrollaba sexualmente (durante la adolescencia), corrían los años sesenta, llenos de prejuicios al respecto. Y bajo la costumbre de que los padres por ningún motivo hablaban de la sexualidad con los hijos, estos últimos tenían que formarse entre los amigos. Gerardo recuerda que el tema de la homosexualidad no formaba parte de la conversación familiar, mucho menos era del agrado de las familias y todavía menos, estaba en el espacio escolar.

Gerardo descubre su sexualidad siendo un jovencito entre los amigos, ese espacio formativo en el que se ejercen los afectos y apegos sentimentales; allí comprendió que era diferente, y aunque veía otras expresiones, no sabía por qué no miraba a las mujeres y sí a los hombres. Inscrito en un núcleo familiar en donde los abuelos eran muy católicos y estaban cerca de sacerdotes y monjas, Gerardo sabía que aquella inclinación que él ya había elegido, era “mala”, pero su preferencia prosiguió con la clara conciencia de “ser diferente”. A Gerardo, estas contradicciones, dudas, incertidumbres, lo convertirían en un joven retraído que creía que aquello estaba mal y que “sobre su espalda llevaba un castigo divino”.

Gerardo estaba atado a la ideología cristiana en la que vivía su familia, pero aquella condición también transitaba en otros espacios de la sociedad que lo hacían permanecer anclado a la sexualidad “autorizada” socialmente; generándole evidentemente una zozobra y miedo que creía que la suya era una sexualidad sucia, pecaminosa.

 

El amor entre hombres

 

Cuando le pregunto sobre el amor, de inmediato se remite al hermoso contexto de la obra “El banquete” de Platón. Y reflexiona sobre los conceptos de amor allá, a más de 400 años antes de Cristo, y la concepción del amor era distinta. Hoy el amor, piensa, puede ser efímero, intrascendente y sucede tras las columnas de La Plaza de Armas de Morelia o arriba de un árbol de los mismos árboles de esa misma plaza nocturna. Y piensa que acudiendo a Platón, el hombre puede reconocerse en sus propios miedos, sus propias necesidades y allí encontrar el par amoroso, para poder realizar un proyecto de vida, caminar de la mano y juntos transformar realidades. Y piensa que hoy con este esquema de vida dicotómica y homogenizante, que sólo permite la sexualidad entre el sexo de machos y hembras, y no permite el amor homosexual, lo que ha hecho es herir a la sociedad. No olvidemos que entre lo femenino y masculino, hay una variedad sexual muy diversa y eso forma un paradigma que nos enseñaron, pero no corresponde con la realidad. Gerardo está convencido que hoy día, cuando hablamos de género, ya no puede hablarse solamente de lo masculino y lo femenino, sino de aquellos que transgredieron los géneros llamados “transgénero”. Y debe también hablarse de la bisexualidad, en donde esta brújula del deseo, nos hace mirar hacia hombres y mujeres. Me refiere un dato que ha manifestado la federación mexicana de sexólogos de México, en el que el veinte por ciento de la población es bisexual.

–El amor tanto entre hombres como entre mujeres, es una posibilidad– afirma.

Cree que la sociedad está arribando a un escenario en el que debe ser más incluyente y eso también cree Gerardo, es una oportunidad de la democracia. Porque la persona sea valorada, respetada y libre de discriminación de cualquier tipo, son las causas por las que Gerardo Herrera decidió luchar. Y su lucha ha proseguido bajo los principios que hoy han tomado mucha mayor importancia.

Pude ver que Gerardo, durante la charla que tuvimos, es un hombre de palabra expresa, de ideas claras y de firme convicción en sus ideales. Esperanzado porque la igualdad llegue con más bríos al gremio que defiende, Gerardo Herrera día con día tiene por compromiso personal, entregarse a los problemas de los demás y a eso le apostó en la vida. Sabe que los otros –sin que se lo pidan–, lo necesitan y allí está presente con su espíritu propositivo y con los sueños de que esta sociedad encuentre los mejores cauces en la justicia de la convivencia diversa.

14-15a voces

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