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Morelia, Michoacán a 27 de marzo de 2017
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Foto: Wendy Rufino. Gran parte de su vida la ha pasado Gloria Velázquez, en la Capilla de Tupátaro.

Gloria Velázquez, la guardiana de la Capilla de Tupátaro

25 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

TEXTO: NEFTALÍ CORIA

EL CUIDADO DE UNA PIEZA HISTÓRICA

Por la carretera Morelia–Pátzcuaro, en la desviación que marca el rumbo a Cuanajo, kilómetros antes, se llega a Tupátaro, una población pequeña que tiene una plazuela con un bien cuidado jardín; del lado oriente, algunos pequeños restaurantes y frente a la Plazuela del lado norte, se levanta una hermosa Capilla, que fue construida en el siglo XVI y se ha logrado conservar con suficiencia en los últimos años, después de una acuciosa restauración que incluyó los frescos con imágenes de La Pasión de Cristo, representada por distintos arcángeles y la Coronación de la Virgen de la Sagrada Trinidad.
El cuidado de esta pieza de nuestra historia se debe –además de la institución que está obligada por ley a resguardarla–, a la gente del pueblo que ha contribuido de manera ejemplar para que siga en buen estado. Y puede notarse, cómo el patrimonio que la Capilla significa, la gente de Tupátaro lo siente suyo.

Llama la atención, una de las personas que custodia la Capilla. De manera discreta, su importancia en la comunidad, es mayor y fundamental para que el valor de este interesante edificio, se conserve. Ella es Gloria Araceli Velázquez Reyes, vecina de este mismo silencioso pueblo michoacano al que hemos llegado para conversar con ella desde muy temprano en una fría mañana. Puede verse en el césped, una delgada escarcha. Aún así, con el equipo de LaVozTV, arribamos al pueblo a la hora convenida y Gloria ya nos esperaba como se había pactado la cita, semanas antes.
Primero nos invitó a pasar al inmueble. Miramos el interior de la Capilla y nos explicó las generalidades del sitio. Era curioso verla hablar de los frescos del edificio con una gran soltura y con la familiaridad de quien ama un lugar al que también, ella pertenece. Estaba decidido que saldríamos de la Capilla y lo hicimos para sentarnos en dos de las lápidas que sobresalen al centro del cementerio que se extendía verde, muy verde, convertido en un hermoso jardín. La entrevista ante las cámaras, la realizamos fuera del recinto, porque grabar en su interior, a decir de la institución que la resguarda, tenía el oneroso costo de una cantidad que por ningún motivo y en ningún momento la consideramos en nuestro presupuesto.
El jardín es hermoso y Gloria Araceli, sonriente platicó conmigo sentada a mi lado en uno de los sepulcros. La conversación transcurriría con la alegría de quien ama su trabajo, la vida y aquellos conocimientos que con el tiempo ha adquirido para servicio de su comunidad y los visitantes. Me dio la impresión que estaba con alguien que posee el tesoro de haber aprendido orgánicamente la historia de un lugar valioso, la historia de su pueblo y la historia de sus ancestros. Yo la miraba con la certidumbre de estar con una heredera a quien merecidamente, se le ha encomendado guardar en el tiempo y la memoria, esos saberes de los que su herencia forma parte.

UN JARDÍN–CEMENTERIO

Cuidar a los muertos que nos pertenecen, es tarea y secuencia de generaciones de los vivos que guardan la memoria de los que ya no están en el mundo; vigilar que su reposo siga en el respeto y la cortesía de la memoria, es una tarea que también contribuye a resguardar la historia de los hombres y las civilizaciones. Y en nuestra cultura, es añeja la costumbre de ofrendar con las flores del recuerdo a nuestros difuntos. Esa es una de las tareas de Gloria, “Custodia de museo” desde hace poco más de 16 años. El cementerio lo fue desde 1890 hasta 1960, nos informa Gloria.
–Nos basamos en las lápidas que nos quedan– me dice.
En el cementerio están los bisabuelos y los abuelos de Gloria (Conoció a estos últimos). Ella nunca imaginó que con el tiempo, aquel sería su lugar de trabajo. Para ella el edificio y el cementerio han sido dos espacios en el preciso sentido, familiares. Ella ha sido parte central del lugar, desde que ingresó como “Custodia de museo”, contratada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Los edificios históricos no se resguardan ni se cuidan solos, como será común que muchos piensen. Se han perdido una gran cantidad de ellos, porque no se supo de su valor a tiempo e irremediablemente, se perdieron o simplemente se han destruido con el tiempo y la mano del dinero y la ignorancia. Hemos sabido de ejemplos en ciudades como Uruapan, donde la gente dejó perder piezas de su historia a cambio de nuevas construcciones; o sé de casos en Morelia, en Pátzcuaro y otras ciudades, en los que han dejado derrumbarse joyas históricas irrecuperables, porque los propietarios, “no sabían” de su valor y en su lugar levantaron muros y formas frenéticas en donde estaban aquellas otras que ya sólo serán fantasmas y muy pronto patrimonio del olvido.

SU NIÑEZ EN LA CAPILLA
En su niñez acudía a misa de la mano de su mamá a la histórica Capilla; se acuerda con mucha claridad que los rosarios del diez de mayo, se hacían “mucho más bonitos en aquellos tiempos”. Tiene grabadas las imágenes de todos aquellos niños vestidos de blanco con flores en las manos y recuerda la emoción de ponerse el vestido de primera comunión. Hoy lamenta que en nuestro presente, por una irremediable fractura religiosa la comunidad se ha dividido, y se debe a la proliferación de ofertas religiosas que han alcanzado la región, aunque los habitantes de Tupátaro en general han sido respetuosos con el edificio y con sus valores históricos.
Ella sabe la historia del monumento, porque le consta, porque ella es vecina del pueblo y porque desde niña ha vivido cerca de esta joya histórica que desde siempre había despertado su interés. Para Gloria,la Capilla ha sido un lugar donde también ocurrieron sus juegos de niñez. Recuerda que cuando era niña, trepaba a los árboles como todos los niños que jugaban en el jardín–cementerio, y ese es un recuerdo latente para ella, como parte de su felicidad, como algo significativo e imborrable.
Gloria ha aprendido que la Capilla en la que trabaja, tiene un alto valor cultural e histórico y con mayor dedicación ayuda a mantener ese lugar que siente suyo. No lo imaginó, pero lo que fue aprendiendo sobre ese edificio, le sigue asombrando, al igual que a los visitantes que ella comúnmente atiende, también les asombra. Recuerda a unos turistas que le dijeron que al momento de entrar al edificio, lo sintieron muy pequeño, “muy chiquito”. Pero cuando ella les dio la explicación, sobre el año en que data su construcción y sobre todo la manera en la que los frescos en el techo fueron pintados; y fue detallándoles la forma de conseguir la pintura, el rojo que proviene de un insecto (cochinilla) que sólo una vez al año podían encontrar los pintores, o el color azul, el verde y el amarillo de origen vegetal que eran escasos y había que procesarlos para poder imprimirlos sobre la madera del techo. Los frescos necesitaron 36 años para lograr aquellas hermosas imágenes, durante el siglo XVIII. Además de explicarles las características más importantes de la construcción; por ejemplo, les habló de las 90 tumbas que hay en el piso de la Capilla, de la construcción que permite temperaturas perfectas para que la madera no se pudra, y que la luz es importante para que el interior no se caliente y la pintura se desprenda; les explica que es como si todo estuviera refrigerado. También Gloria sabe con precisión cómo es que circula el aire, parecido al sistema de ventilación que tienen las trojes y no deja de informarles, la medida de los muros de adobe, entre otros muchos detalles que ella ha aprendido a explicar con mucha claridad y soltura.
Gloria asegura que aquellas personas –originarias de Lázaro Cárdenas por cierto–, después de escuchar su relato, se quedaron asombradas:
–Acostumbrados a ver catedrales y construcciones enormes y qué sé yo –me relata Gloria con mucha emoción–, entonces les empecé a dar la información, les empecé a explicar detalle de todo lo que tenemos dentro de la Capilla, y ya pues me dice uno de ellos: “¿sabes qué?, te quiero hacer un comentario, ¿sabes cómo me siento?”, le dije, no sé, ¿cómo se siente?. “Me siento como una cosa pequeñita en una cosa tan enorme…”
Lo que Gloria me ha narrado, es un ejemplo, es un símbolo de su trabajo y una muestra de que la gente cuando no lo sabe, no puede ver lo que tiene enfrente y esa es una de las grandes carencias en nuestro país; hacen falta personas, que como esta joven mujer quien dedica su vida a cuidar –en todos los sentidos, una pieza arquitectónica, histórica y artística–, puedan guiar a la ciudadanía por los caminos necesarios del cuidado del patrimonio que les pertenece, y puedan verse en el espejo de su propia cultura con más herramientas para su comprensión.
Su labor es central para la explicación gratuita que Gloria les ofrece a los visitantes y para muchos –quienes desconocen la historia de la Capilla–, su trabajo es capaz de cambiar la perspectiva de las cosas y agitar su interés por la historia de nuestra cultura; porque los visitantes –se da cuenta– pueden ser creyentes o no creyentes, pero eso no importa, y así lo entiende y lo promueve con seguridad.
–Yo tengo visitantes de todo tipo –dice Gloria con cierto orgullo–, creyentes y no creyentes, porque ellos vienen a ver el arte y no vienen a lo eclesiástico y yosiempre lo he dicho: el hecho de no ser creyentes también no les da cabida a que le falten al respeto al espacio; yo cumplo y les doy la información como tal, pero el valor es cultural.

GLORIA SE CASÓ EN LA CAPILLA

Aunque Gloria no fue bautizada en la Capilla, porque el párroco oficiaba en Cuanajo y el bautismo tuvo que ser allá, su primera comunión y más tarde su matrimonio, serían en este altar hermoso de la Capilla y ante el retablo en el que predominan los adornos con hoja de oro.
Gloria tiene la seguridad que hoy día, la comunidad valora más el edificio, ella así lo ha visto y cuando puede, informa a la gente para que sepan lo básico y puedan dar información a la gente que visita el pueblo. Antes eso no ocurría, sin embargo ahora la misma gente del pueblo se acerca porque quiere saber de qué está hecha la Capilla, cómo fue que la hicieron y se preguntan por qué hay tantos visitantes. El acercamiento al edificio, también se debe al apego religioso, porque sigue siendo una capilla religiosa. Gloria también tiene la tarea de doblar las campanas cuando muere una persona en el pueblo y lo hace porque también es parte de las funciones de la Capilla, como iglesia al culto; porque ella está atenta a las dos funciones que el edificio tiene.
Antes de despedirnos, me dijo que le gustan los niños, que le hubiera gustado ser educadora para enseñar a los niños; tiene tres hijos, dos niñas y un niño y al respecto, también subraya, que ellos saben bien que allí están enterrados sus antepasados y se los recuerda con frecuencia para que nunca lo olviden y sepan que aquello también les pertenece.
Su hija mayor, ya ha dado recorridos y los otros dos, han sido testigos de ello.
Gloria Velázquez voces

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