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Morelia, Michoacán a 22 de julio de 2017
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Foto: Wendy Rufino. A Guillermo le gusta hacer ejercicio, corre, camina, lee novelas, viaja y sigue estudiando, porque la vida es un aprendizaje constante.

Guillermo, un niño que se convirtió en un hombre exitoso

27 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por Neftalí Coria

CONTINUADOR DE LAS LABORES DE SU PADRE
Guillermo Valdés Vega continuó con el trabajo que su padre iniciara desde 1948 y recuerda cuando él le platicaba como fue que su abuela le puso tienda “para que sentara cabeza”. Y comenzó el negocio con una sola tienda y una bodega. Su padre, además de atender el negocio, cargaba su camioneta para la distribución en las rancherías cercanas, así comenzó la historia. Guillermo aprendió de aquel comercio humano, progresista y de vocación. De aquella forma de comercio que derivó del trueque, la tienda de raya y las maneras del comercio de tienda de pueblo. En algún momento consideró ser sacerdote, aunque también le gustaba el fútbol y jugaba con frecuencia. Ganaron los números del comercio. Alguna vez fue a un curso para preparar su ingreso al seminario, y aunque pasó momentos memorables, incluyendo el deporte, no le convenció y tendría que desistir.
Guillermo acepta que lo que en la niñez se ve, se aprende. Y el padre, en la mayoría de las veces en historias de hombres con éxito, es ejemplo. Se imita al padre, se aprende a ser como él, se ama lo que el padre hace, por supuesto sin generalizar. En el caso de Guillermo, así debió suceder; allí él vio los principios y los valores que serían el futuro de la familia Valdés Vega.

EL SERVICIO A LOS DEMÁS
Guillermo es un hombre afable, de trato alegre y con una sonrisa que da confianza, amistoso y con ese hálito de paciencia que tienen los comerciantes. Y en ello considero que radica el espíritu de quien vende, de quien concreta con fluidez, ese trueque que en principio, ha de ser íntegramente humano. También creo que puede notarse en aquellos que dedican la vida al comercio –como es el caso de Guillermo–que deben vivir con verdad, el gusto por el trato con los demás y en los buenos comerciantes, puede notarse a primera vista la vocación de servicio; que muchos servidores públicos y privados, nunca pudieron hacerla suya, porque como todas, la vocación por el servicio, se da de manera natural y no se aprende en ninguna escuela. Enmedio de la compra–venta, está el trato; es muy común que también en ese acto, esté el engaño de quien venda, o la ventaja del que compra. Y en el caso de Guillermo –como él mismo lo afirma–, el servicio a los demás, el espíritu de atención a los clientes que él aprendió en aquella legendaria tienda de su papá, fue algo que sería su verdadera vocación. Y es natural, que quien compra, al recibir un trato amable y hasta una sonrisa, sin duda volverá a comprar allí, pero el trato ha de ser franco, sincero, porque la cordialidad es difícil de fingir. No hay mejor tienda, que en la que se vende de buen humor verdadero y se saluda amables y sonrientes mientras se da el servicio.

LA TIENDA DE SUS RECUERDOS
Sabido es que el negocio de una tienda es un trabajo pesado y de tiempo completo, de servicio a los clientes y de atención constante y, frente al reto, Guillermo estaba dispuesto a la ayuda que su padre requería en aquella tienda de mostrador y estantería de madera, como las tradicionales tiendas que vendían –como bien lo dice el significado de la palabra- “abarrotes” término marinero, para señalar la carga que se ponía, primero en los barrotes que sostenían los bultos que los barcos estibaban en sus travesías, y que más tarde se utilizó para nombrar las tiendas en las que se vendía papel, veladoras, velas, comida, bebidas, conservas, semillas y hasta pan. El comercio estaba destinado para Guillermo Valdés, pues desde niño, la tienda de su padre fue un territorio en el que él encontraba el gusto por dar servicio, por ofrecer a la gente lo que allí, con nobleza, se vendía. El gusto para vender en Guillermo, era inherente, servir a los demás, fue desde entonces algo que le daba lo que sin duda constituye la felicidad. Y era común que los niños, ayudaran en la tienda después de sus labores escolares, acomodando, subiéndose a la escalerilla para alcanzar los estantes o andamios que servían también para que los clientes pudieran ver lo que en la tienda se vendía. Vender para Guillermo no significa solo obtener dinero, sino colaborar con la gente y sobre todo la alegría de ser útil a los demás.
La tienda que Guillermo recuerda, tenía un amplio mostrador de gruesa madera y una estantería de madera resistente. La parte de atrás, servía de bodega. Y abrían de las nueve de la mañana a las ocho de la noche, cerrando de dos a cuatro para la hora de la comida.

ASÍ ERAN LAS MALTRATADOTAS
Sus hermanos también ayudaron en la tienda, como suele suceder en las familias que tienen negocio, aunque Guillermo, poseía la vocación comercial que con el paso del tiempo, se volvería parte fundamental en el futuro del negocio. Ya en 1961, Guillermo puso el primer Supermercado, esa variación de tienda que hoy día ha desbancado el espectro del modelo de “tienda” que antes se tenía. Pero el tiempo y las innovaciones, también determinan las formas del comercio, como bien podemos verlo en nuestra actualidad y Guillermo tuvo la intención y el interés de estar actualizado, como hasta la fecha sigue haciéndolo. Por aquellos años (los sesenta), multiplicó el negocio hasta llegar al número de cuatro tiendas en su ciudad natal. Fue en esa época en que Guillermo quiso irse a estudiar a Guadalajara, con la seguridad de regresar y ayudar a su padre en las tiendas. Y así lo hizo. Se reintegró al negocio en 1972 y el crecimiento comenzó, pese a que su padre, estaba renuente. Con más organización, con el conocimiento profesional en administración y con la voluntad, Guillermo quería crecer como ocurría con los empresarios de la nueva generación:
–Para qué creces– le decía su padre a Guillermo–, así estamos bien.
–Si no crecemos ahora –le respondía a su padre–, probablemente más adelante, venga alguien y lo haga por nosotros. La renuencia al crecimiento de su padre, era tal que Guillermo abría tiendas a escondidas y el crecimiento no menguaba, pero como suele suceder que los hijos no pueden ocultarle nada a los padres, su padre lo descubría:
–Así eran las maltratadotas que me ponía –cuenta Guillermo.
Al final, lograba convencerlo y aceptaba que hiciera crecer el negocio con más tranquilidad.
–Haz lo que quieras –le dijo un día, al ver la prosperidad del negocio, y esta continuó con velas altas, cada vez con mayor éxito. Su padre, de carácter recio, era un hombre de buen corazón en el servicio.

OTRA VISIÓN DE NEGOCIO
Siempre será primordial, la visión que se tenga para el negocio. Las ideas renovadas que Guillermo Valdés tiene para el suyo, son importantes instrumentos para que su empresa esté a la altura de nuestro tiempo, que se caracteriza primordialmente por ser ampliamente competitivo y la competencia entre las marcas del comercio contemporáneo, hoy llegan a ser beligerantes. Sin embargo, el núcleo de toda empresa en cualquier tiempo, está en los principios que la sostienen.
Guillermo cree completamente que en una empresa se debe tener “un corazón ideológico”, una misión definida que debe coincidir con aquello para lo que la empresa está hecha. Guillermo cree que los colaboradores –disiente en llamarles empleados porque el fin que persiguen todos en la empresa es común, y para ello colaboran– deben crecer, porque es importante crear el valor en ellos, son los colaboradores quienes llevan los bienes de consumo a la comunidad.
Si la gente trabaja en la mejor empresa y quiere ser la mejor empresa, los principios estarán cumplidos, pues Guillermo no cree en la autoridad de un jefe que gobierna, cree en el trabajo en equipo como un bien laboral; porque nunca olvida que toda empresa tiene una responsabilidad social. Y ante el momento histórico que le ha tocado vivir, Guillermo es un hombre que –en su decir– cumple con una misión que desde el principio se hubo propuesto. Hizo camino estudiando, pero sin la práctica sus logros no hubieran sucedido.

“SOMOS COMO LAS ABEJAS QUE TRABAJAN”
A Guillermo le gusta hacer ejercicio. Corre, camina, le gusta leer novelas, le gusta viajar, pero sigue estudiando, porque tiene en claro que la vida es un aprendizaje constante. Nunca se olvida de la sabiduría de los valores. En uno de sus viajes a la región donde viven los indígenas Tarahumaras, le conmovió la vida de aquella etnia y quiso buscar una manera de colaborar, ayudando. Piensa-cuando se retire del trabajo activo de su empresa-, en volver a aquella región de nuestro país y ver la manera de colaborar para ayudar a esos mexicanos que viven en duras condiciones. Cuando se retire y deje la dirección de la empresa (sólo estará en el Consejo), está seguro que algo tendrá qué hacer.
–El señor te va diciendo por dónde y qué hacer –dice con la seguridad con la que durante la entrevista se ha notado–, te pone las circunstancias y te da todo el apoyo, y así es muy sencillo. Algo se debe hacer, porque somos como las abejas que trabajan…
Guillermo es un hombre agradecido con la vida, un hombre que ha trabajado sin equivocarse y que su carácter progresista le ha dado recompensas. Un hombre trabajador que sabe que sólo el trabajo remunera, porque como lo afirma, la empresa la forman los clientes. Y desde la madurez de la vida, Guillermo es un hombre de esperanzas, de aliento, que se ve a futuro sin dejar de trabajar, sin dejar aquello que le dio sentido a su vida.
Antes de terminar la entrevista, quiso dar un mensaje en el que con fidelidad cree. Así lo dijo:
–No sólo el hecho de que ya el voto se respete, es un cambio a la democracia, creo que ahora la sociedad civil tiene que hacer que la promesa política que hace la persona que entra, se cumpla. Y no nada más criticando, sino colaborando. Sólo lo estoy diciendo como una persona… Esa tarea es la que nos está faltando, la de ser además de críticos con el gobierno, exigir que cumpla pero además, colaborar con él…
Como él lo ha hecho en su empresa, quienes allí trabajan son “colaboradores”, así entiendo que Guillermo quiere que la sociedad civil, colabore de verdad con el gobierno en vistas al bien común.
Antes de despedirnos, con la amabilidad que lo caracteriza, y de manera espontánea, me hizo un regalo: una pequeña escultura de Mario Sevilla, que estaba seguro que en las mías, estaría en buenas manos.

16-17a voces

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