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Foto: Wendy Rufino. Jorge le ha dado vida a esa figura que puede semejar alas sueltas, o por separado, una ala perdida, una ala errante por el mundo, ala desprendida de su pájaro.

Jorge Marín nos lleva a volar con sus alas

5 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Neftalí Coria
Jorge Marín es un escultor que dibuja alas con el bronce. Un artista que construye seres que vio en los sueños profundos de una historia, en la que su descubrimiento del mundo, ocurrió al cabo de encontrarse en la materia y el volumen. Su obra son hombres en la esfera, alas en los hombres, antifaces que dan a la geometría humana una imagen que guarda el rostro que no es verdadera apariencia, hombres en el reposo del vuelo, hombres que sueñan ser el aire que los contiene. Hombres a los que no vemos volar, pero con las huellas de vuelos muy largos en pasado. La mitología de Jorge Marín, la galería de personajes, me recuerda que el hombre puede moverse en el aire y en la tierra como los peces lo hacen en el agua.

Pero también entre sus personajes perfectos, hay una serie de seres que viajan en el equilibrio del mundo, van como colgados de la verdad –la única– de una esfera que bien puede ser la figura del sostén que nos ata a la tierra, es decir, a la vida. Una esfera que yo veo, hecha de palabras que no deja ir a esa multitud de hombres en equilibrio, que son un punto central en la obra de Jorge Marín y que sin duda, provocan la inquietud que provoca mirar a un hombre colgando de la única cuerda de su vida antes de caer al abismo.

Y esos otros personajes que van en una barca, con sus alas o sin ellas, o haciendo equilibrio, me inquietan. Me hacen pensar en hombres que se despiden del mundo y de aquellos que nos quedamos aquí.

Alas de pájaro mortal
Hay hombres que vuelan, pero los hemos visto como si fueran pájaros porque son pájaros. Aves son, que bajo la luz de sus palabras creyeron ser hombres. Hombres que no quieren estar en tierra y son pájaros, por eso colocan un antifaz puntiagudo para que no los reconozcan. No son ángeles y nada tienen que ver con el empíreo que muchos imaginan. Son seres alados, hijos de la circularidad, inherentes a la esfera perfecta que los contiene y los hace desatinar en su fuga al cielo. Algo inexplicable los hizo equilibrarse en el mundo o algo en el misterio, los ha querido hacer caer una y otra vez, pero ellos permanecen en el aire como los pájaros, pero son hombres, ¿O son pájaros? Alas son, estos seres que están a un milímetro de irse al abismo, pero tienen alas y cielo con que añorar la salvación. Son personajes que buscan la salvación en las invisibles cuerdas del aire, la salvación a toda costa, la salvación de sus alas, de sus instrumentos que les dio el tiempo y el humos lento de su condición de pájaros de los abismos. Alas de pájaro mortal, alas de hombre, pies que saben caminar en el aire, manos atadas al vértigo, figuras al borde de un muy noble abismo, pájaros sobre una esfera que saben que su humano cuerpo vuela.

Yo los miro y tengo la sensación que siempre están a punto de soltarse de la esfera y presiento que aquellos que van en una barca, se van a bajar a las aguas de un nuevo destino.

Oh, pájaros en equilibrio, hombres del vuelo, alados espíritus en el aire.

La escultura y el aire
La escultura también modela a los hombres que creen modelar una obra escultórica en el país del aire donde se acarician las formas. El oficio de escultor, como muchos más, traza en el alma otras figuras, que a decir de Henry Moore, se dibujan claras en el aire, al estrellarse contra las formas que las manos del escultor han creado. El aire dibuja también al escultor y las caprichosas imágenes que el aire encuentra, son el retrato de sus móviles sueños.

Jorge Marín ha soñado que vuela, aunque ese vuelo se le parece más a una levitación temporal que le permite no alejarse de la tierra. Y no quiere perder el vínculo con lo terrenal, porque cuando –en el sueño– comienza a despegarse del piso, lo primero que sucede es la admiración, el gusto, la euforia, pero sobre todo el miedo. Como muchos artistas verdaderos, Jorge teme a la pérdida de pertenencia al mundo real.

Jorge Marín ha creado aves humanas, hombres alados, seres que pueden ser hechos para caminar en el vacío. Seres que también quieren quedarse en la tierra y soñar con el vuelo, o volar mientras añoran esa tierra de la que les cuesta mucho trabajo desprenderse. Su vuelo en el sueño no es un vuelo poéticamente de libertad o de placer del espacio, y sí es un poco angustioso, sentir que se desprende de la tierra. El escultor advierte que tal vez sus evasiones a ese miedo igual al del sueño, sea que Jorge es una persona muy disciplinada, concreta, con rutinas diarias y eso lo hace sentirse muy atado a la tierra, lo que para un artista no está mal, si pensamos en los equilibrios.

Ante los personajes que surgen de sus manos, la pregunta “¿Por qué ángeles?” que con mucha frecuencia le hacen. A Jorge le hace pensar que siempre miramos lo que queremos ver. La mayoría de la gente ve en sus figuras humanas aladas. Y resume que para él son hombres emulando pájaros.

Y a Jorge le parece que una parte central de su inspiración, viene del mundo animal y así lo aprecia. Se declara amante del mundo animal y cree que la raza humana ha tenido muchos logros, pero también, muchas pérdidas y una de ellas que le parece notable, ha sido la pérdida y el reconocimiento verdadero de la animalidad. Cree que nos falta aprender mucho de los animales. Jorge está seguro que el ser animal, tiene muchas virtudes que no tiene el ser humano y las ha perdido en su proceso civilizatorio. Y porque puede advertirlo, con su obra, Jorge lleva su mirada hacia ese punto de la creación.

‘Árbol de alas’
En el hombre, más que como en el sueño, en la vida hay una necesidad de volar. Una obsesión fundamental del ser humano, piensa Jorge cuando le he preguntado por una de sus piezas que me cautivó; aquella es una pieza que me refiere al acertijo que sobre todo me habla mucho de las aves; “Árbol de alas” le ha nombrado. La pieza hace pensar irremediablemente en la tristeza que siempre me ha dado encontrar alas sueltas, alas sin su pájaro. Me remite a la muerte de los pájaros. Jorge ha visto mi inquietud ante esa pieza suya, y sin más me dice que a él sobre todo le gusta causar inquietud (conmigo lo ha logrado con creces) Y me cuenta cómo surgió la pieza que mientras conversamos se yergue enfrente nuestro. Como un divertimento surgió. Y se debe a una de sus tantas visitas a la fundición y me narra:

–Yo un día me encontré un montón de alas que estaban en proceso con otras piezas, y lo vi.Y la pieza ahí estaba, eran como un montón de alas que se agrupaban en un árbol, entonces dije,¿Por qué no un “Árbol de alas”?

Con tal pieza, Jorge le ha dado vida a esa figura que puede semejar alas sueltas, o por separado, una ala perdida, una ala errante por el mundo, ala desprendida de su pájaro. Y esa figura siempre me remite a la muerte de las aves. Sin embargo el ingenio y esa otra visión que el artista posee, han logrado crear una pieza en bronce que me parece profundamente renovadora. Y a mi ver, eso es el arte, llevarnos a la inquietud y a la provocación de preguntas fundamentales. Eso es justo lo que puedo ver con la obra que ha engendrado este artista michoacano: La figura que creemos comprender, pero que nos lleva suavemente al cadalso de las preguntas centrales de la vida, la belleza, la sexualidad, la muerte, la soledad y otros hemisferios humanos que no serán fáciles determinar.

La obra de Jorge Marín, nos deja desazón. Ese es uno más de sus atractivos. No hay respuesta en sus figuras, no sabemos qué es aquel ser que tenemos enfrente, pero la belleza de las aves, la soledad en la que muchos de sus personajes viven, nos cautiva y nos hace mirar frontalmente aquella imagen, como se suele mirar de frente a un signo de interrogación, y allí el artista consigue atraparnos.

Uruapan, fue un mundo idílico
Cuando fue niño pasó los primeros siete años de su vida en Uruapan. Lo considera un paraíso perdido. Las condiciones para que un día se inclinara hacia el arte, estuvieron dadas.

De niño cree que era, como es ahora. Cree que nunca ha perdido aquel niño que creció en Uruapan –a mitad de la escuela primaria– debió llegar a la ciudad de México para hacer de la capital, su residencia definitiva. El niño que fue Jorge Marín, hoy lo acompaña en los momentos centrales de su vida y mientras me habla de su infancia, puedo verlo en sus ojos, en su cortesía, en su franca sonrisa. Me relata que la combinación de su padre y su madre, sumaron en él una manera de ver el mundo que mucho se apega a su carácter;pero sobre todo, Jorge entiende muchas de sus atracciones que le han hecho construir la mitología personal de su obra deslumbrante. Las figuras de autoridad hicieron un contrapeso. Por un lado –me dice– está el espíritu de apertura de su padre que tenía cercanía total con el arte, y por el otro, la religiosidad de su madre que deduce le dieron esa parte oscurantista de su obra, porque reconoce que su obra no es clara, ni sus mensajes lo son, en lo que refiere a la luminosidad. Su diálogo con el espectador no es claro, dice Jorge, y eso viene de aquella cercanía a la iglesia a la que fue de la mano de su madre. Y yo pienso en esas alas oscuras deteniendo el aire de la penumbra de una catedral mientas suena “La pasión según San Mateo de Bach”. Y como a mí, algo de ese mundo del silencio, oloroso a parafina, a Jorge lo sigue cautivando. El mundo de su niñez en Uruapan, fue un mundo idílico. Su breve historia familiar en aquella ciudad michoacana, la recuerda. Una casa grande, muchos hermanos (él es el menor de diez) y una cohesión en la que poco necesitaba del mundo exterior. Aquellos años, Jorge los refiere como haber vivido en una burbuja. Su padre quien diseñaba, dibujaba, conversaba con sus amigos arquitectos y sobre todo pintores.

–Me hubiera gustado mucho ser arquitecto como él –me dice Jorge con un brillo distinto en sus ojos–, y creo que a él también le hubiera gustado ser escultor como yo, entonces en algún momento nos complementamos.

El sonido de las campanas
Recuerda que él fue un niño con muchas preguntas y su manera de explorar aquel territorio de preguntas, no era precisamente haciéndolas.

–Yo era un niño con muchas inquietudes, pero de pocas palabras –me dice mientras busca en la memoria el dibujo de sí mismo–, entonces no tenía la buena costumbre de preguntar (ni se usaba, creo yo), entonces me iba yo a reinterpretar lo que veía através del dibujo, me gustaba muchísimo dibujar con volumen, hacer mi propia expresión y mi reinterpretación del mundo.

Fue tierra fértil aquel mundo familiar para el escultor en el que se convertiría Jorge, porque además, desde entonces, siempre le gustó dibujar y dibujaba mucho con volumen.

–Por suerte –asegura satisfecho–, descubrí desde muy pronto que lo mío, como lenguaje, era el material y el volumen.

Para él la vida fue, antes y después de su descubrimiento del material. Allí estuvo el parteaguas en que podemos comprender cómo es que el encuentro con el arte de las formas, ocurrió en un hombre a quien la imaginación pudo hacerlo suyo. El trabajo de Marín, que por otra parte ha sido muy exitoso, ya es un emblema del arte mexicano contemporáneo, aunque alguien piense al revés. Y ante la sencillez, y después de haberlo escuchado platicar sobre su proceso imaginativo, sus deseos, su sueños, me permito preguntarle, si le gustaría volver a vivir en Michoacán. Y sin más, como muchos que se fueron de su tierra natal, sostiene que sí, que disfrutaría mucho volver y hacer algo por por la gente de su tierra…

De Uruapan, donde nació en 1963, guarda el sonido de las campanas, el olor de la lluvia y de otros olores que sucedían en su infancia. Recuerda la transparencia del sol en las mañanas, hoy lejanas, que su memoria atesora.

Memorable aquel momento en el que conversamos en su estudio de la Ciudad de México. Pude ver a un hombre que comprende su llegada al arte, su arribo a la escultura y ha entendido que la creación es, inherente a su persona y en su obra está invariablemente él, con sus equilibrios, sus deseos por el vuelo, como yo, con el deseo de ir por el aire, pero volver a tierra cuando haga falta.

 

14-15a Jorge Marín

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