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Foto: Wendy Rufino. La filosofía de Lucero es transmitir sabores, emociones y conocimientos a través de la comida.

Lucero, una chef a pedir de boca

20 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por Neftalí Coria

El amor por la buena mesa y por la alegría del más delicioso de los sentidos, siempre llega a las personas desde la mesa familiar, cuando se come aquello que heredamos de los antepasados, donde se conjugaron dos familias con variaciones en sus modos de cocinar, de poner la mesa y servir la comida.

Lucero Soto Arriaga, así comenzó su acercamiento a la cocina. Su abuela fue una gran cocinera y aunque ella no la conoció, encontró aquella herencia en su madre y sus tías. Su historia, mucho tiene que ver con la herencia del gusto por los sabores y la mesa, que de manera natural se inserta en las costumbres que llevaron a Lucero a trabar una relación muy estrecha con el llamado Arte Culinario. Según ella misma y a su decir, le ha caracterizado el hecho de haber sido de muy buen apetito:

–Yo creo que si algo me ha caracterizado, es que soy muy glotona –dice Lucero con una sonrisa grande–, muy tragona, antojadiza, guzga y demás….

Lo dice con la emoción que suele verse en alguien que está hablando de la comida que le gusta. Desde niña jugaba a hacer pasteles, fue creciendo y hacía pasteles para venderlos y seguía creciendo y hacía lo mismo…

La pasión por cocinar, por estar cerca del fuego de la cocina, era clara en Lucero. Y cree que la cocina es una sincronización muy parecida a la música. En el acto de cocinar, también pueden verse las estrategias de un ejército, la armonía de una orquesta sinfónica y el placer del amor.

Lo sensorial de la cocina

En la conversación, Lucero menciona las películas “El festín de Babette” y “Como agua para chocolate”. Dice que la segunda –basada en la novela homónima de Laura Esquivel– fue una inspiración para ella. En la historia de la película, la cocina es el eje para que suceda nada menos que el amor y los sueños amorosos, que indiscutiblemente se agitan en los sentidos y en este caso en el gusto, que es una puerta de entrada a la imaginación erótica, precisamente por el placer de los sabores. Tal vez por ese atractivo sensorial, la cocina nos cautiva, nos seduce y es piedra de toque de la pasión de quien la practica.

–Esa parte de pasión que vas metiendo a la cocina –dice Lucero muy segura– y quesiempre la he traído desde chica. Que mi mamá, mis tías, mi papá, la familia por parte de mi papá, siempre han tenido ese gusto por cocinar rico y por comer rico.

Lucero cree que en la cocina, se logran demostrar sensaciones insuficientes de expresar por medio de las palabras; pues no es lo mismo cocinar cuando se está con algún malestar, enojada, triste o enamorada.

–Estas enojada y te queda la salsa fea –afirma con conocimiento de causa–, estás enamorada y la comida te queda maravillosa. Yo creo que es esa la parte lúdica.

Y como en todo juego, en la cocina, también hay riesgos de fallar como en la vida, como en los sentimientos y en la inventiva de platillos nuevos o reinterpretados; como lo que Lucero ha hecho con la cocina tradicional michoacana con fervoroso éxito. Y para ello es indiscutible imaginación, creatividad, inventiva y el conocimiento que no debe estar ausente, porque en la cocina debe haber mucho talento, y como en el teatro y en la literatura, debe abundar el conocimiento de la historia, la cultura y de las técnicas.

“Trasmitir tus sentimientos”

No es fácil lograr el equilibrio en ninguna actividad de la vida. El equilibrio siempre ha sido muestra de belleza en el arte y en la vida misma, porque sostiene las cosas en su exacto balance. A propósito de la conversación que sostuvimos en el restaurante con esta hermosa Chef nacida en 1975, pude saber de su talento, que puede comprobarse en las magníficas intervenciones a la Cocina tradicional michoacana. Nuestro encuentro sucedió en el Restaurante “Lu” del Hotel Casino de Morelia, en donde ella ha diseñado la carta con exquisito gusto y cuidado. Allí me compartió las maneras en que fragua sus invenciones, sus descubrimientos, sus diseños de una cocina contemporánea, que en la delicia de saborearla, está la mejor de las pruebas.

Amena y con un grato sabor en la conversación, pude ver en los ojos de Lucero el brillo de quien habla de las cosas que ama, la iluminación de quien fervorosamente nunca se va a cansar de haber elegido un oficio para entregar la vida sin restricciones, y sobre todo con un amor que en los resultados aparece como una flor en la culminación de su florecimiento.

–Transmitir tus sentimientos –afirma Lucero con la convicción que estalla en su modo de hablar–, tus emociones, tu conocimiento, tu cultura en un plato y que al final del día, cada plato que voy creando es una filosofía de vida.

Cocinar es como hacer poemas y se es bueno o no, coincidimos con Lucero.¿Cómo saber que un Chef es bueno? Comiendo sus platillos con atención ¿Cómo saber que un poeta es bueno? Leyendo sus poemas con atención. Y los sabores, como el aroma de las palabras en un poema, perduran en la memoria sensorial de quienes probaron ambas cosas. Cocinar es lograr los sabores que se quieren, y conseguir –con las variantes que la imaginación y la experiencia le dan al creador– novedades que el gusto recibe.

–En la cocina logras demostrar lo que a veces las palabras no demuestran –afirma Lucero Soto con la seguridad de quien habla desde el fondo de la experiencia–, logras a través de un platillo demostrar el cariño, demostrar amistad, demostrar amor, demostrar todos esos sentimientos…

Nada más hermoso que comer aquello que nos deja en el encantamiento de esperar la próxima vez que el milagro suceda. Y un Chef, de eso se ha de encargar. Lucero sabe que en su historia ha estado presente ese hálito de la sazón, de la medida exacta, el cocimiento a tiempo, el agua vertida en el momento que se requiere. En el equilibrio de los sabores y en la fineza de poder disfrutar –al final del fuego–, la suculencia que provoca la luz en la boca; la única luz que sólo la palabra en la poesía puede sustituir, aquellas delicias nacidas de la historia y el fuego de la imaginación humana.

Una imagen que guarda de su padre

En una de las imágenes que Lucero guarda de su padre, lo ve en la biblioteca con libros de Historia de México y de Historia Universal. Conserva en la memoria esa imagen como un escena en la que su padre leía y conversaba sobre aquello que estaba en los libros; eso sin lugar a dudas le dio a Lucero, los deseos más profundos por investigar la historia y la cultura de su pueblo y pudo saber –como lo dijo ella–, que conocer la historia y la cultura, es inherente a todos los oficios y en la cocina –para su asombro y gusto– estaba presente la necesidad de investigar, leer, saber las costumbres y la historia del fuego en los fogones del pasado. Lucero supo muy pronto que aquella enseñanza, le sería de gran utilidad y no hubo duda que estaba en lo correcto. La investigación, para ella –diría más tarde–, fue esencial para la inventiva, porque los platillos también se inventan, se crean, se elaboran con el conocimiento histórico de los condimentos, con los saberes del uso y la costumbre de alimentos de distinto origen, y como en la creación artística y en la invención científica, surgen novedades gracias al conocimiento, a la curiosidad y a la necesidad por decir algo y darle a los demás un producto terminado.

Somos lo que comemos

Con cierto temor y desconfianza de que mi pregunta rayara en la bobería –y con lo que podría tener de lugar común–, le pregunté a Lucero, por qué eligió a la cocina michoacana para su desempeño culinario que hemos visto en la televisión y sobre todo en sus platillos en los que está muy presente la Cocina tradicional de su estado natal.

–Fíjate que eso se ha dado de manera natural –me contestó–, yo empecé hace quince años y siempre con un profundo amor a Michoacán, un amor a los sabores que yo conocía de infancia, que esa es mucho la pregunta, “¿Por qué comida michoacana?” Pues porque es la cocina con la que crecí, con los sabores  que me encantan. Me encanta el gazpacho, me encanta la nieve de pasta, me encanta el aguacate, me encantan los moles, las atápacuas, antes tan escondidas…

Eso me lleva a pensar que somos lo que comemos, una sentencia que también la hago mía en la entrevista, mientras tomamos cafecito en la mesa del restaurante donde está plasmada su mano creadora en la carta. Y la cuestiono sobre el significado de la sentencia que ha llegado también a la conversación:

–Es muy difícil de explicar que somos lo que comemos, cuando comes bien –ha respondido–, cuando estás acostumbrado a comer sano, me encanta. Un amigo me dice que comer sano es comer lechuga, no, no, no, no… Sano es que sepas de donde viene el producto, que sepas que es bueno, que tiene un pago justo, que sabes comer equilibrado, que conoces los beneficios de los ingredientes, que conoces lo malo de los excesos y al final del día, tienes un equilibrio en lo que comes, y se refleja en tu persona, y en tu vida. Muchas veces la gente se da cuenta que somos lo que comemos hasta cuando llega cierta enfermedad. Y se dan cuenta cuando el doctor les dice: “Oye estás comiendo mucho de esto, déjalo…” Y en cuanto lo dejan, se transforman…

Chepina Peralta y los sueños

Cuando era niña, Lucero veía programas de televisión donde enseñaban recetas de cocina y por supuesto que vio a Chepina Peralta. En el fondo y desde siempre, tuvo el sueño de hacer televisión. Y como la vida es así, ocurrió.

–Tuve el lujo de conocer a Chepina Peralta y lo primero que le dije fue, yo cocinaba contigo, después me tocó ver el (Canal) Gourmet y yo decía guau, imagínate. Me encantaban esos programas, donde se iban a las regiones y descubrían el producto, cocinaban con el producto o de repente, hay uno que cocina con los fuegos. Yo decía, qué padre ha de ser hacer eso y eran esos sueños que quieres, pero es de esas cosas que las ves tan lejanas, que no es algo que te pongas como un objetivo, es de esas cosas que dices, ay quépadresería y ahí queda…

Pero cierto día se presentó la oportunidad de manera fortuita y comenzó algo que sería parte de su sueño. Una chica argentina que hacía ese trabajo, vino a Morelia y le pidió a Lucero la orientación para visitar algunos pueblos de Michoacán. Y allí, con la guía de su amiga argentina, vendría la oportunidad de ingresar a la televisión.

Una historia amorosa con la preparación de los alimentos, con el fuego, el agua, el aire que enfría a la temperatura de la lengua y los labios, con los frutos generosos de la tierra y con la precisión que transforma aquello que alimentará a los hombres; pero sobre todo, dará placer al cerrar los ojos y dejar ir los sentidos al abismo del sabor en el que viaja también la historia de quien come, y quizás se encuentre con la de quien cocina, como se encuentra un día el que escribe con quien lee, en el texto escrito.

Lucero ha sido protagonista de esa historia entre los alimentos y el gusto por conocer los sabores, y demostrar que así, como podemos decir, somos lo que comemos, también podríamos decir, que somos lo que cocinamos. Y Lucero así lo recomienda, que todos en casa cocinen, porque cocinar es imaginar y convivir. Y luego sentarse a la mesa a disfrutar esa parte de la vida en la que también ha de haber belleza y con ella, también se nutre el alma.

14-15a Chef Lucero

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