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Foto: Wendy Rufino. Para Rafa la vida y el futbol son un complemento.

Rafa, un apasionado de la vida y del futbol

13 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por Neftalí Coria

Rafael Márquez Álvarez es una estrella del futbol y, como una estrella, vive su vida. Su figura está en el imaginario mexicano como el hombre que ha triunfado en la historia reciente del deporte profesional. Cada una de las etapas, tanto de su vida privada como de su vida pública, están expuestas y son visibles para sus seguidores. Es una estrella del fútbol mundial que nació el 13 de febrero de 1979 en Zamora, Michoacán.

En el Club Atlas nos recibió en una de las canchas de entrenamiento, poco después de concluir su práctica deportiva cotidiana con el equipo que desde toda su vida ha estimado y en el que comenzara su carrera ascendente en el futbol mundial. Cuando apareció para la entrevista, acompañado de una persona del club, llegó hasta la mitad de la soleada cancha y saludó amable al equipo de La Voz TV.

Con la seriedad que lo caracteriza, conversamos con él mientras nos colocaban los micrófonos, hablamos de los horarios de trabajo, del clima, le explicamos a detalle sobre la entrevista y cuál sería su fin. Ampliamos sobre la intención de nuestro proyecto y hablamos de cualquier cosa. Nos habían vaticinado una entrevista de diez minutos, y la persona de comunicación social del club nos dijo que sería breve, porque generalmente no las concede muy extensas. Y entiendo que un futbolista que se mantiene en los candeleros de los medios quiera hablar de lo inmediato, de los partidos, de los triunfos y de planes a corto plazo, porque así es el mundo del fútbol, cifrado en lo inmediato; es como la rapidez de los pies que lo juegan.

Los futbolistas son algo parecido a los artistas famosos. Son atractivos porque ellos hacen en la cancha lo que un pueblo entero quisiera hacer con la pelota. No hay día que no vayan jóvenes al estacionamiento del Club Atlas a esperar a Rafa para la firma de camisetas, tomarse fotos con él y pedirle autógrafos. Nosotros –por cierto– al final de la entrevista no fuimos la excepción. Y es comprensible que personajes como él poco les apetezcan las entrevistas de cualquier medio, porque son centro de atención en donde se detengan.
Un reto preguntarle lo que yo estaba rumiando mientras quedábamos de frente a las cámaras.

PREDESTINADO AL FÚTBOL
El set estaba dispuesto y nosotros listos a mitad de la cancha para comenzar la conversación con el mexicano que llegó al Barça en uno de los momentos más importantes del equipo español. Rafa estaba abierto y de buen humor para responder. Lo primero que se me ocurrió preguntarle fue “¿Por qué el futbol para tu vida?” como si a mí alguien me preguntara “¿Por qué la poesía para la mía?” Rafael se ríe, porque no esperaba que esa fuera la pregunta inicial, y ya recuperado del desconcierto, me contó que está convencido que desde su infancia estaba predestinado al futbol. Eligió el fútbol o el fútbol debió elegirlo a él “por gracia de dios”. Me dice, aunque discreto, memorioso, porque el fútbol ha estado en toda su vida desde que tuvo uso de razón, porque su padre fue futbolista profesional, los hermanos de su madre también jugaron y su madre misma practicaba el basquetbol. Para él, la vida y el deporte del balón, son complemento total y ha visto al fútbol como parte de sí mismo, como si hubiera llegado a este mundo y el juego lo estuviera esperando.
–Tuve una muy feliz infancia– dijo cuando le pregunté sobre esa etapa de su vida.
Y no dejó de contarme que en su niñez, en la escuela –durante el recreo– y después de la escuela, todo era fútbol. Recuerda cómo en las cercanías de su casa, con sus amigos y cuatro piedras para marcar las porterías, armaban la cascarita y jugaban a lo largo de tardes enteras.
Rafa Márquez, en su inclinación al vértigo de lo que este deporte significa (en todos sentidos), tuvo un éxito al extremo y ha sabido sortear los vientos entre la fama y la dedicación a lo que ama: el fútbol y la vida misma.

EL FÚTBOL ES UN NEGOCIO
Nadie como él para saber que el fútbol, es un gran negocio y así lo entiende. Y entiende bien que no está peleado el juego con el negocio del fútbol. Guardar el equilibrio entre una cosa y otra, no es fácil porque van en ello, muchas tentaciones, muchas distracciones que pueden dejar a un hombre fuera de la cancha y abandonar el rendimiento y su calidad futbolística. Rafael Márquez, es un hombre para quien el fútbol nunca fue una afición o simplemente algo que estuviera en segundo término en su vida. También valora que viene de una familia humilde y trabajadora que creyó en él. Desde sus primeros pasos por el mundo estaba destinado al deporte.
Rafa Márquez, es un hombre hecho en el éxito y la fortuna que le dio el talento para jugar al fútbol. Ha vivido en el privilegio del deporte en los mejores niveles, porque ha jugado al lado de los mejores jugadores del mundo en su tiempo, así como ha enfrentado a los más grandes de la tierra. Un jugador de la elegancia, la finura y la exactitud; rey del cálculo y la estrategia, no en balde ha sido capitán del seleccionado nacional durante cuatro mundiales consecutivos y a la fecha de nuestro encuentro en Guadalajara en las instalaciones del club que lo vio nacer, conserva el brazalete del líder de la oncena mexicana. Cuando le comento desde mi propia apreciación, que él ha sido un gran jugador y un ídolo al mismo tiempo, porque una cosa y otra nos son lo mismo y en pocas ocasiones vienen juntas, me cuenta cómo a los veintiún años, Javier Aguirre lo eligió como capitán. Y por supuesto que le sorprendió, porque se considera tímido, serio, pero la pasión en el campo lo borra todo.

IMITAR A SU PADRE, LÍDER GENEROSO
Desde niño vio a su padre jugar y dar muchas indicaciones al equipo en el que jugaba y eso lo aprendió, aunque también cree, que se debe también a que en su familia, aprendió a compartir y pensar en los otros, lo que a mi parecer, debe suceder en un juego de equipo. Un jugador serio, responsable, ético, vigilante y astuto es Rafa Márquez.
Hoy con su fundación para niños pobres, cree en la obligación moral, de darle algo de lo que el fútbol le dio a él y agradecido porque ha llegado a la cúspide más alta del deporte profesional, cree en dar a los demás algo de lo suyo. Y a futuro, más que como entrenador, le interesaría enseñar y trasmitir lo que aprendió en Europa a las nuevas generaciones.
La personal visión de su carrera, Rafa la entiende como resultado de un esfuerzo, de la entrega y la disciplina a la que todo jugador en esos terrenos del negocio del fútbol, debe someterse. El fútbol es una carrera difícil, asegura, cuando le hago el comentario que los niños que lo admiran y quieren ser como él, creen que es fácil.
–Es una carrera que no es como se ve en la tele– advierte cuidadosamente.
Y reconoce que tiene mucho de sacrificio, de trabajo exhaustivo, de rigurosa práctica disciplinada y sobre todo, advierte que es un trabajo de una gran responsabilidad; como es bien sabido, se debe saber que las muy largas concentraciones, los rigurosos entrenamientos de muchas horas al día, siempre impiden la vida cerca de la familia. Son precios que deben pagarse en una carrera con la responsabilidad de rendir en calidad y eficacia en el juego, al que todos se preparan siempre para ganar. Como soldados que van a la guerra, ninguno va para perder, y Rafael, cree que las derrotas son los mejores exámenes para mejorar y corregir, pero sobre todo, para seguir dándolo todo, porque un futbolista competitivo, como a él le enseñó el fútbol europeo, debe evitar el estancamiento y la comodidad de no salir a darlo todo en la cancha. Y son precisamente las derrotas las que lo enseñaron a nunca rendirse.

PELÉ Y RAFA MÁRQUEZ
A sus treinta y siete años, Rafael Márquez ha jugado en México, Nueva York, España, Italia y Francia en equipos como el Atlas de Guadalajara, el León, AS Mónaco, Red Bulls, FC Barcelona, Hellas Verona y en esa nutrida experiencia ha atesorado el aplomo que hoy podemos ver en un futbolista del más alto nivel en el mundo.
Pelé, durante el mundial de 1970, elogió a Bertini, según lo apunta Eduardo Galeano, en su libro indispensable “Fútbol a sol y sombra”.
–Bertini era un artista cometiendo faltas sin que lo vieran –dice Pelé–. Me hundía el puño en las costillas o en el estómago, me pateaba el tobillo… Un artista.
Un elogio que recordé cuando le pregunté a Rafael, si acaso recordaba un maestro que tuviera un significado particular y digno de ser recordado. Rafa me contestó a la manera de Pelé:
–Uno en particular, fue un director de una escuela privada donde estuve poco tiempo; él fue el que más me impulsó a tratar de conseguir mi sueño que era ser profesional en el fútbol. –Y me narra– Hubo unos juegos estatales en los que me solicitaron para reforzar un equipo en un torneo de la SEP y tenía que pedir permiso al director para faltar algunos días, a lo cual no me dio permiso. Me dijo: “¿Sabes qué? Tú no vas a llegar a ser un futbolista profesional, en esa profesión no vas a ser nadie, no vas a conseguir tus metas, no vas a conseguir nada, mejor ponte a estudiar.” Entonces desde ahí me quedó muy grabado eso. Y desde luego mis padres me dijeron: “¿Qué es lo que tú quieres, quieres ir a jugar?” Sí quiero ir a jugar –les dije–. Pues ve a jugar, me dijeron. Tuve que repetir el año. Salí de esa escuela privada para irme a una federal y me quedó muy grabado eso, y bueno, hoy gracias a esa decisión y quizás a ese momento, tuve más fortaleza para poder conseguir mis sueños.
Con esa apreciación y ese elogio de uno de los obstáculos en la vida que más recuerda, mucho habla de su integridad y la honradez como lo hiciera Pelé ante los golpes del italiano. Rafa Márquez, en todo momento muestra la entrega y la gratitud, aun con aquellos que pusieron diques en la dura carrera que le ha apasionado más que nada en el mundo y a la que se entregó completamente para ejemplo de muchos.
Cuando nos despedimos, ya lo esperaban un grupo de niños y jóvenes en el estacionamiento del Club Atlas con camisetas, libretitas, y los ojos radiantes de ver a uno de los hombres más importantes del fútbol ante ellos. A nosotros ya nos había regalado firmas en las camisetas que llevábamos y en las infaltables estampas que Diego H. Aguilera posee como tesoro.
Rafael posó como experto para la cámara de Wendy Rufino con cada uno del equipo de La Voz TV y al final, nuestra fotógrafa, también quiso tomarse una foto con Rafael Márquez, el enorme futbolista michoacano.

rafa

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