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Morelia, Michoacán a 23 de mayo de 2017
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Foto: Wendy Rufino. Sofía, una actriz de talento natural que tuvo más amor por su familia y por sus amigos gays, por quienes abrió el bar "Con La Rojas".

Sofía, un espectáculo de mujer

22 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Texto: Neftalí Coria

Sofía Rojas es una mujer de un muy buen humor, proclive a la broma, a la narrativa anecdótica, al uso del lenguaje llano y divertido, a utilizar palabras altisonantes exactas, que a su expresividad, le van a la medida de su gracia cuando habla. Sofía es una mujer sin poses en las que no cree y naturalmente sus actitudes, fueron deliciosamente modeladas por las divas del cine. La fiesta es su país. Sonriente y con buena disposición nos recibió en el bar que ella fundó hace poco más de veinte años, un lugar que ha sido foro importante para la libre expresión al mundo gay de Morelia. Nada fácil fue, en aquellos años, cuando esa manera de expresión era condenada y acaso las reuniones gremiales de tal naturaleza, debían estar a la sombra. Sin perder la chispa y la franqueza que caracteriza a Sofía, conversó conmigo en una mesa dispuesta para nosotros y en el centro de la pista de su bar. Gustosa concedió la entrevista para “Vivos retratos, 68 Voces” sin perder la soltura que siempre le he conocido. No hay nada que no comprenda y con la lógica y la rapidez, que he visto en los actores de comedia, me narra lo que en la entraña del teatro ha vivido, lo que ha experimentado en esa suerte de aventura a la que la vida la fue llevando hasta quedar en la historia reciente, como una mujer–espectáculo, genuina y alegre integrante de la farándulamoreliana.

El teatro, el hermoso y amado teatro

Conozco a Sofía Rojas desde principios de los años ochenta y en el teatro fue que la conocí. Actriz de tablas y con una capacidad histriónica como pocas actrices. Sofía fue hecha para el escenario y podía verse aquella capacidad sobre las tablas de la representación. Siempre he creído que hay actrices que necesitaron de la academia, más que de la experiencia para serlo, y hay las de talento histriónico natural que se suben al escenario y sin métodos complicados, se convierten puntualmente en el personaje que se les hubo encomendado. Sofía es de estas últimas. El talento para el teatro no se parece al talento de los otros artistas y especialmente el talento de los actores, suele darse o no como un don. Representar no es cosa que suceda de manera natural en muchos, y contadas son las personas que tienen espontáneamente esta luminosa cualidad.

Fui asistente de dirección de José Manuel Álvarez en 1984 en el montaje de “Los habitantes de las islas de oro” de Rafael Solana y allí coincidimos con Sofía Rojas. Rápida en lograr la interpretación, de inmediato lograba el personaje. Con ella poco había que trabajar porque su ductilidad y espontaneidad estaban con mucha ventaja en la interpretación. Viajamos a Xalapa a la Muestra Nacional de Teatro de aquel año y el trayecto nocturno de ida, lo recuerdo como una algarabía donde Sofía era parte esencial. Alegre, divertida y con una energía para vivir, en el camión de la Compañía Estatal de Teatro de Michoacán, había una fiesta continua. Recuerdos de días idos y memorias de una vida en el teatro; de una apasionada alma, que sobre las tablas ha sido feliz. Sofía Rojas llegó al teatro invitada por José Manuel Álvarez cuando ella era maestra de danza. Con un gesto de alegre remembranza me cuenta:

–Me invitó porque él era el maestro de teatro –dice como quien recuerda un momento de dulzura–, y yo era la maestra de danza clásica, entonces (José Manuel Álvarez) me pidió unas chamacas que fueran bailarinas para una obra que se llamaba “Este no es un viejo, es la esperanza” y la obra entró a un concurso primero estatal y luego se fue a un concurso nacional, pero a una de las chamacas no le dio permiso su mamá de ir a México… ya sabes, en esos tiempos era difícil hacer teatro… “Oh, ya va a andar de cirquera…” y entonces me dijo “pues éntrale túSofía”, dije no, yo actriz no. Yo bailarina, lo que quieras… “no que mira, que éntrale…” con miles de trabajos acepté y me fui con él. Me encantó la relación de los amigos actores, pero yo seguí en mi rango de maestra de danza; después me habló José Manuel y en esa ocasión me acuerdo que era la obra “Los arrieros con sus burros por la hermosa capital”…

Un papelito chiquitito, chiquitito, y que hable bien poquito

Desde entonces Sofía recuerda su inicio en la obra de Wilebaldo López. Era la época de la Compañía de teatro “Los farsantes” donde estaba Manuel Guizar, Pepe Solís, Chela Morales, Octavio Sosa, entre otros. Sofía recuerda que pidió a José Manuel que le diera “un papelitochiquitito, chiquitito, y que hable bien poquito”. Luego confiesa que le encantó el teatro y desde entonces no dejaría de hacerlo. Daría comienzo una carrera en la que se incluyen montajes legendarios en Morelia, aunque Sofía también buscaría oportunidades en la Ciudad de México, como muchos que hacíamos teatro en aquellos años. Allá hizo telenovela, cine y tuvo la fortuna de haber trabajado con el maestro Luis G. Basurto, al lado de Erik del Castillo, Mónica Miguel, Arturo Casanova, entre otros.

–Muchos se fueron a México a probar suerte –me dice al respecto–, yo también me fui a México a probar suerte por supuesto, pero pues a mí me ganó la familia. Tengocinco hijos y pues no es tan fácil; sin embargo seguí haciendo teatro siempre, pero ya no en México…

Inolvidable su representación de Brígida en el “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla al lado de José Solís (q.e.p.d.). Una interpretación cómica y perfectamente equilibrada del asistente de Don Juan y la dueña de Doña Inés. Escenas precisas de una limpieza cómica que nunca he olvidado. También interpretó a Doña Inés (protagonista de la obra) años antes y de eso, guarda recuerdos formidables. A Sofía se le recuerda por una brillante interpretación de “Rosa de dos aromas” de Emilio Carballido, al lado de Adriana Argüelles. Su trabajo en el teatro ha sido prolífico y es sin lugar a dudas una actriz, dueña de un nombre, sumamente relevante en la escena michoacana.

Durante la entrevista nos enseñó fotografías y recuerdos de programas de mano, del cúmulo de obras en las que representó personajes diversos y que con sólo verlas, ambos recordamos amigos comunes, actores que siguieron en la carrera del teatro, el cine, la televisión. Hubo nostalgia, pero el orgullo que siempre he visto en las actrices, crecía cuando recordamos que en 1992, le celebraron su 25 años de actriz y escogió cuatro obras para dar pequeñas temporadas y al final develar una placa de reconocimiento a esos años de trabajo.

Sus deseos, sus amigos que ya no están y los que siguen trabajando, anécdotas de los montajes, peripecias ocurridas en las funciones y todo lo que significó su vida en el teatro, permitió que la conversación siguiera los rumbos de una alegría que vive en ella como la sangre que corre.

“Con La Rojas, un lugar agradable, limpio y decente”

Sofía y Jorge (su marido) abrieron un lugar que llamarían “Cantera jardín” allí en Aldama con vistas a ser un espacio de expresión artística y cultural, pero nunca vieron resultados claros, en lo que a ganancias se refiere. Había teatro, poesía y demás expresiones artísticas, pero no lograba consolidarse el negocio. Y una noche mientras departía Sofía con sus amigos (la mayoría de ellos gays) alguien dijo que pusiera allí, en plena calle de Aldama del Centro de la ciudad, un bar gay. No le disgustó a Sofía. Y comenzó a recorrer la ciudad para ver los bares que tenían ese perfil; había una constante en los bares gays de aquel entonces: todos estaban alejados del centro, se ubicaban por la orilla de la ciudad y sobre todo eran inseguros; por supuesto que la homofobia cegó muchas vidas por aquellos sitios inhóspitos. Y Sofía quiso dignificar un lugar donde la diversidad de comportamientos sexuales tuviera un bar limpio, un sitio de diversión y de seguridad para aquellos que son lo que son. Recuerda que había un bar en el centro de la ciudad, pero con cortinas metálicas, una puerta pequeñísima, cerrado y con claves para entrar, como si los que allí asistían hicieran algo malo.

–“Sofía, pues pon un antro gay” –me cuenta la Rojas que le sugirieron algunos amigos suyos, porque la mayoría de ellos eran gays–  y dije, nooo, es que es bien difícil –sigue relatándome Sofía–, no, pues vamos para que los conozcas, de por sí ya ves, todas mis amistades normalmente son gays de toda mi carrera como actriz, pues toda la gente a mi alrededor, la mayoría gay… “Ándale, anímate” me decían. Por fin nos fuimos a ver los lugares que estaban… ¡Madre mía de Guadalupe…! Eran una vergüenza de verdad… con sillas de la Corona, con mesas de esas de fierro, muy deprimentes…

¡Y abrió “Con la Rojas”…! Sofía y Jorge, quisieron que fuera un bar con dignidad, con el mayor sentido común, con prestancia y apertura ante una mentalidad conservadora que en la época predominaba en las esferas del poder, y en donde la hipocresía de los habitantes de Morelia ante el tema de la homosexualidad, era mucho mayor. Se llamó “Con la Rojas”, porque era de ella, de La Rojas y era ella quien estaba allí para recibir a la clientela que, desde el primer día fue mucha.

Fuimos testigos de un fenómeno de liberación en una medida sumamente notable dentro de una sociedad que de cierta manera “toleró” un sitio como el bar de Sofía: “Con la Rojas”. Aquel lugar desde entonces ofreció con dignidad, un foro de expresión a la diversidad de preferencias sexuales, dio un espacio de recreo a la par que el resto de los bares “normales” y que hoy, es tan natural como todos los demás.

–Entraban los bugas y me decían: “Sofía ¿por qué dejas entrar a los bugas?” –me cuenta con empeño–, ¿no estamos luchando contra la homofobia? ¿Ahora tú eres homofóbico de los heterosexuales o qué? les decía. Si ellos quieren venirse a divertir contigo aquí sin ningún problema, pues que vengan, no pasa nada… entonces hay veces que tenemos más bugas que gays, pero siempre están revueltos, incluso vienen los papás de los gays, vienen los hermanos, los primos, los amigos de la escuela, hasta los maestros de ellos y todos, aquí entra de todo. Entonces se hizo un lugar agradable, limpio y decente, porque en esta casa, hay reglas, todo mundo las sabe y las respeta.

–Vienen a tomarse una copa – me describe–, vienen a divertirse, a bailar y abrazar a su pareja, a apapacharse, a besarse, a estar con ella, pero no como liposucciones, así de que te arranco la lengua y te saco las tripas, p’os no pues… besitos públicos, besitos bonitos, todo tiene un lugar y este lugar es para divertirnos…

Sofía cuenta que recibe muchas muestras de afecto de la comunidad gay, porque saben que ella en ese sentido, abrió puertas a un modo de apertura que, aunque no es batalla ganada totalmente, se avanzó en los veinte años notablemente. Hoy cuando asiste al bar, le regalan servilletas con frases de gratitud, le regalan amuletos e infinidad de cosas como signos de agradecimiento y cariño, y eso a ella le gusta, le hace sentirse querida, respetada y sumamente honrada.

Ya para finalizar, dice sobre sus dos actividades de actriz y empresaria:

–El teatro me encanta pero yo tuve que dejar el teatro para atender esto para comer, porque la otra ya sabes que no da. Esto si es más negocio que el teatro, es maravilloso el teatro, pero esto me da para comer…

Terminamos la entrevista. Me dio las gracias y yo también le agradecí por el gusto de verla después de mucho tiempo. Sofía Rojas guarda silencio, nos quitan los micrófonos, nos ponemos de pie. Luego me invita una cerveza que corre por su cuenta. Me da un abrazo largo y cariñoso. Se despide de todos y se marcha del brazo de su hijo que siempre estuvo cerca. La gente había estado llegando poco a poco, Sofía y yo, no nos dimos cuenta. Se encendió la música, la gente movía la cabeza y las manos, como si se prepararan para comenzar a bailar.

La noche allí comenzaba, como deben haber comenzado todas las noches de “Con la Rojas”

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