Alumnos analizan beneficios de cáscara de granada

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Foto: Cortesía.

Redacción / la Voz de Michoacán

 

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Morelia, Michoacán. Estudiantes de Ingeniería Bioquímica, del Instituto Tecnológico de Morelia, “José María Morelos y Pavón”, analizan la capacidad antioxidante y bactericida de la cáscara de granada, a través de la cuantificación de sus compuestos.

Si bien existen estudios sobre los beneficios del árbol, como la corteza y el fruto, aún se requiere un análisis más profundo de la cáscara de la granada, es decir, lo que hasta ahora se ha considerado como el desecho del fruto.

El nombre del proyecto es: “Cuantificación de β-Carotenos, Antocianinas y Taninos en Extractos de Cáscara de Granada (Punica granatum, nombre científico), elaborado por M. Lizeth Guisa Morales, Javier Tinoco Salazar, Jesús Alberto Coronado Reyes, con la asesoría del doctor Juan Carlos González Hernández.

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De acuerdo al proyecto, los estudiantes precisaron que en la P. granatum se ha determinado la presencia de compuestos antioxidantes y bactericidas extraídos como aceite esencial en prácticamente todas las partes de árbol, observándose que los compuestos más importantes están en la corteza y raíces; sin embargo, no se ha profundizado en la extracción de dichos compuestos en la cáscara del fruto.

Entre los años 2014-2016 México sembró 198 mil 061.01 hectáreas de granada de las cuales el 33.71 por ciento del peso total de la granada corresponde a la cáscara lo que permitirá aprovechar un residuo orgánico, así como fomentar el estudio de las variedades de los principales estados productores del país dando un valor agregado a la producción y consumo de este fruto.

El trabajo contempla caracterizaciones fisiológicas y fisicoquímicas de la granada de diferentes variedades cultivadas en México. Se acondicionó la cáscara y se deshidrató en un horno para posteriormente ser triturada y almacenada. La extracción se realizó por el método Soxhlet probando diluciones de dos solventes: acetona y etanol, en agua a diferentes concentraciones y tiempos.

Las pruebas para la cuantificación de los compuestos de interés se llevaron a cabo con técnicas espectrofotométricas y para la determinación de la capacidad antioxidante se realizó el método ABTS+, mientras que para medir la capacidad bactericida se realizaron halos de inhibición con la bacteria Staphylococcus aureus y Escherichia coli.