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Foto: Agencias. Mexicanos deportados: el fin del sueño americano que Trump quiere multiplicar

Mexicanos deportados, fin del sueño americano

24 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Agencias.

Tijuana, Baja California.-Suena el timbre en la garita San Ysidro de Tijuana. Un agente de la Patrulla Fronteriza estadounidense avisa que trae 12 mexicanos, que ven como su sueño americano se desvanece en unas deportaciones que Donald Trump promete multiplicar si llega a la Casa Blanca. La mayoría llegan cabizbajos, con sus pocas pertenencias en una bolsa de papel o de rejilla. Muchos ni siquiera tienen identificación. – ¿De dónde eres? – ¿Qué queda cerca de ese pueblo? – ¿Traes pisto? Un agente mexicano abre el candado de la puerta y, desde la línea fronteriza, verifica con varias preguntas si los deportados son realmente mexicanos.

Para ello, puede hacerles alusiones trampa al “pisto” o los “patojos” que en Centroamérica significan dinero o hijos. Los doce son mexicanos, así que cruzan una sencilla puerta de madera y entran al centro de repatriación El Chaparral.

“Bienvenido a casa”, anuncia un cartel. “Goodbye America”, dice mirando hacia atrás uno de los deportados. En 2015, unos 30,000 mexicanos fueron expulsados de Estados Unidos por esta moderna garita de Tijuana, vecina a San Diego (California), que es una de las que más deportados recibió del total de 207,398, según cifras oficiales mexicanas.

A El Chaparral llegan desde niños, adolescentes no acompañados y e m b a r a z a d a s hasta ancianos. Migrantes indocumentados que apenas estaban brincando el cerro, que trataron de pasar con documentos de otros la garita, que salieron de prisión o que llegan desorientados porque llevaban años viviendo en Estados Unidos. Cuando se les pregunta por las deportaciones masivas y el gigantesco muro prometidos por Trump, que la próxima semana será coronado formalmente como candidato republicano, muchos lo ven aún lejano o ni lo conocen.

Pero Juan Carlos, un jornalero de 35 años de Sinaloa (norte), es pragmático: “Mejor que ese señor ayude para que nos paguen mejor acá y no tengamos que ir para allá”. Con su camiseta aún empolvada de esconderse en el cerro, Juan Carlos come el sándwich que le dio el gobierno y aguarda en la sala de espera de El Chaparral a que le entreguen su constancia de repatriación junto a otra docena de deportados. Javil Cortez, un campesino que quería “ser alguien en la vida” y mejorar las condiciones de sus cuatro hijos en el empobrecido Michoacán (oeste), quiere regresar a casa pero Juan Carlos no se da por vencido.

“Me amenazaron con que me iban a dar cárcel si volvía, pero no voy a cumplirles lo que les prometí. Yo voy a regresar”, asegura. Aunque la expulsión masiva de extranjeros de EU tiene antecedentes en la Gran Depresión o en la “Operación Espalda Mojada” de 1954, la fuerte ola migratoria de los últimos 30 años se tradujo también en millones de deportaciones. No ha sido distinto durante el gobierno de Barack Obama que, sin embargo, trató de impulsar una ambiciosa reforma para dar una vía a la regularización a millones de indocumentados.

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