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Foto: Agencias. Se cree que los "dreamers" se convertirán en el objetivo del presidente electo respecto a su amenaza de deportar a millones de ilegales en EU.

¿Quiénes serán las primeras víctimas de la era Trump?

21 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Agencias

Ciudad de México.-Los “dreamers”, un ejército de 800 mil jóvenes latinos llevados desde niños a Estados Unidos, que salieron de las sombras con un decreto del presidente Barack Obama para seguir estudiando, son el sector con el futuro más incierto tras la victoria de Donald Trump.

“Es un sector que está en una situación compleja y vulnerable, pero en este momento no les podemos dar una respuesta”, afirmó Carlos García de Alba, cónsul de México en Los Ángeles, según publica el sitio web ansa.it.

Después de que se les permitió por dos años trabajar legalmente, estudiar y hasta obtener un carnet de conducir, al suspenderse sus procesos de deportación, hoy se encuentran literalmente con la espada de Damocles sobre la cabeza.

Cristiana Jiménez, del grupo United We Dream, dijo que “el mensaje que enviamos ahora a la comunidad es de espera”.

El presidente Barack Obama dijo apenas este lunes que Trump “debería pensarlo bien antes de poner en peligro el estatus de personas que, en sentido práctico, son niños y jóvenes estadounidenses”. “Llegaron aquí con sus padres, no hicieron nada mal”, indicó al anticipar que urgirá a su sucesor a que revise los decretos que sacaron de la clandestinidad a los “soñadores”.

Expertos mexicanos consideran que los “dreamers” podrían ser las primeras víctimas de la nueva política migratoria que ponga en práctica el próximo presidente de Estados Unidos apenas asuma su encargo el 20 de enero próximo.

Además de su futuro incierto, otro de los temores de los “dreamers”, llevados a Estados Unidos por sus padres antes de los 16 años, es que los datos que proporcionaron para beneficiarse del programa gubernamental sean usados en su contra bajo la nueva gestión de Donald Trump para deportarlos a ellos y a sus padres y hermanos.

“Me preocupan enormemente los ‘dreamers’, estos jóvenes soñadores que habían salido de las penumbras de la ilegalidad, que habían recuperado su voz y su esperanza que apenas comienzan su vida profesional y hoy tienen todo que perder”, afirmó Rafael Fernández, profesor de la Universidad de Syracuse, Nueva York “Están asustados y tienen razón para estarlo” por cuanto cuando era Trump candidato declaró “estar dispuesto a deportarlos sí o sí, sin importar las pérdidas económicas”, afirmó el académico. Trump señaló en su “Contrato con el elector norteamericano” que pondrá término a la acción afirmativa de Obama que reivindicó a los “dreamers”, que siguen siendo indocumentados a pesar de llevar avanzados sus estudios.

En 2012, en medio de una explosión de entusiasmo y esperanza para la comunidad hispana, Benita Veliz se hizo famosa porque fue la primera “dreamer” en hablar en una convención política nacional de uno de los grandes partidos en Estados Unidos. El pasado 25 de julio le tocó a la mexicana Astrid Silva, que llegó a Estados Unidos en una balsa de neumáticos, el honor de ser la segunda “dreamer” en hablar ante una Convención Demócrata, que ungió a Hillary Clinton.

“Cuando Trump habla de deportar a 11 millones de personas, se refiere a destrozar familias”, dijo la activista, cuyo padre trabajó como jardinero y su mamá como sirvienta en Estados Unidos.

Obama puso en marcha en 2012 el “Dream Act” y la “Acción Diferida para Jóvenes Indocumentados ( DACA)” a fin de poder seguir realizando estudios desde en el país sin ser deportados.

Una versión expandida de DACA emitida en 2014 junto con DAPA (para padres sin papeles de los ciudadanos) está suspendida por demandas en 26 estados.

El “Dream Act” lamentablemente no avanzó en el Congreso por lo que nunca se logró una solución permanente al problema de los jóvenes indocumentados que si son deportados dejarían inconclusos sus estudios universitarios.

El DACA está en peligro y en una especie de limbo porque no es una ley sino un decreto ejecutivo que implica un permiso de trabajo y protege contra deportación por 2 años, mientras el Dream Act permitiría otorgar la residencia condicional y abrir un camino hacia la residencia permanente legal.

 Los opositores a ambas normas esgrimen que alientan la migración de latinoamericanos a Estados Unidos.

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