IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 27 de mayo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

17.60

19.10

¿Crees que Jesús escucha tu petición?

8 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Te doy 15 días para que me lo sanes.

La semana pasada publicamos la oración de Isaac por su hermanito Abraham, no dejó de ser muy atrevida. Una persona nos llamó por teléfono (445 12 96) preguntando si no estuvo muy  exagerada la oración. Le contestamos que la hizo un niño de escasos 6 años de edad y que cuando alguien ora de ese modo siempre es escuchado por Jesús, es más, casi lo obliga a que responda. Si cualquier persona cuando ora lo hace haciéndose niño, Jesús responde como niño, si otra persona ora y habla con Jesús como amigo, Jesús contesta como amigo, si oras tú a Jesús con misericordia, Jesús te responde con misericordia. Si alguien le habla a Jesús como licenciado, Jesús lo trata como licenciado, si es un presidente, la respuesta es en la misma línea, pero si tú le hablas, pides y oras como niño, Jesús que está vivo se comunica contigo ¡como niño!

Además Jesús mismo nos dijo que cuando pidiéramos lo hiciéramos con la seguridad de ya haberlo recibido. En otra ocasión dijo: “Si de noche te llega un amigo y no tienes comida para ofrecerle y acudes a otro amigo para pedirle pan, si no te da lo que necesitas por ser tu amigo, te lo dará para que lo dejes de molestar”. Eso quiere decir que cuando pides con fe, creyendo en Jesús, ya lo tienes y que si de veras se lo pides, Jesús, ya te lo concedió.

No es que lo molestes, sino que él quiere que pongas toda tu confianza en él.

Cuando realmente lo pides con confianza puedes prescindir del “por favor”.

Parece ser que el que nos enseñó a orar, Jesús, es él exagerado. En una ocasión cuando se acabó en vino en una boda, hizo tanto vino que alcanzaba para otra boda: las Bodas del Cordero. Cuando multiplicó panes le sobraron muchos canastos y cuando lo invitaron a pescar, las barcas se andaban hundiendo de tantos peces recogidos.

Si Isaac le pidió a Jesús que sanara a su hermanito en máximo veinte días, tú, ¿en cuánto tiempo le pides que te sane?

Víctor el papá de Isaac y Abraham nos mandó su testimonio: “Si tienen sed, beban de mí; si tienen hambre, coman de mí”, esas fueron las palabras de mi hijo de 6 años de edad al estar haciendo oración por la sanación de su hermano.

Soy originario de la Ciudad de México y actualmente con residencia en Morelia.

Mi familia la conforman mi esposa y mis dos hijos, de 6 y un año y medio, respectivamente; nunca creímos estar en la posibilidad de ser testigos de las maravillas de Dios, ni mucho menos de tener la oportunidad de darnos cuenta de nuestra verdadera fe y de que tener la fe en Dios hace maravillas.

Siempre creí tener mis creencias y mi fe muy cimentadas, hasta el punto de pensar que no tanto yo sino otras personas, como el caso de mi esposa, necesitaran más de Dios así como de acercársele.

En el año 2002, Dios nos bendijo con la llegada de nuestro segundo hijo, a quien su hermano esperaba y pedía con tantas ansias que pronto llegara, no obstante las cosas no sucedieron como esperábamos, mi hijo nació sin respirar ocasionándole daño cerebral. Los médicos decían que el niño se había convulsionado a los 5 minutos de nacer, que no respiraba por sí mismo, por lo que tuvieron que ayudarle con un ventilador, y que además uno de sus pulmones se había roto, el pronóstico no era muy favorable y solo era cuestión de esperar su evolución, 15 días permaneció en el hospital, donde lo dieron de alta con seguimiento y bajo supervisión de un neurólogo. Para entonces en mi trabajo se dio relevo de mi Jefe, motivo que venía a sumarse con las preocupaciones que teníamos sobre el menor de mis hijos. La tensión acrecentaba al igual que el dolor por haber sido elegidos para ser padres de un niño “especial”; pensábamos constantemente el por qué a nosotros nos había sucedido algo así, cuando existían en el mundo muchas madres y padres que no quieren a sus hijos, llegando al extremo de hasta abandonarlos a su suerte. Nunca llegamos a pensar lo que Dios tenía deparado para nosotros.

Con el pasar del tiempo, el niño seguía convulsionándose, sin que el médico lograra controlarlo, pedíamos mucho a Dios por que lo ayudara, pero no veíamos que sucediera, pues no nos dábamos cuenta por el dolor, que Él nos daba fuerza y las herramientas para salir adelante. Por si eso fuera poco las convulsiones le fueron aumentando. Mi jefe, que tenía poco tiempo de haber llegado nos apoyó para poder llevarlo a un Centro de Rehabilitación, donde lo atendieron y ayudaron al control de sus convulsiones.

Leíamos los domingos en “La Voz de Michoacán” acerca de testimonios de curaciones que Jesús, el Hijo de Dios, realiza aquí en Morelia, situación que nos mantenía con esperanzas de poder algún día estar en una situación similar.

Mientras tanto Dios seguía dándonos fuerza y elementos para seguir adelante, hasta que sucedió que Dios se apersonó y comenzamos a realizar en casa oraciones en familia, con ayuda de Aurelio. Prácticamente a mi esposa fue dirigida la mayor parte de las maravillas que hace Dios, pues ella fue quien experimentó al momento de tomar la Biblia entre sus manos, un calor interno y una incapacidad de poder hablar, culminando con la sensación de paz interna y tranquilidad. Ella y yo pedimos perdón a Dios y a nuestro hijo por no haberlo deseado durante algún momento en el embarazo de mi esposa, por todo lo anterior descrito recibimos las palabras “…Por lo que has dicho, tu hijo ha sanado…” Y aunque en ese momento no comprendimos con exactitud esas palabras, hoy podemos expresar con gran felicidad que así fue y es actualmente.

Dios nos ha dado muchas alegrías a todos en la familia, tantas como fue el poder ver a mi hijo mayor el pedir en Navidad en lugar de juguetes, que su hermanito caminara en 20 días, situación que ocurrió en menos tiempo de lo pedido y sin haber recibido terapias de rehabilitación, adicionalmente, el niño ha mejorado en sus deficiencias visuales y auditivas, al parecer el problema paulatinamente ha ido en mejoría.

La última ocasión en que nos reunimos para orar en familia junto con Aurelio, fue a principios de enero, mes en el que como relaté al principio, mi hijo mayor mencionó que Jesús nos decía “Si tienen sed, beban de Jesús; si tienen hambre, coman de Jesús”, palabras que para un niño de 6 años son difíciles que las mencione porque no les son familiares ni conocidas.

Hoy, como todos los días damos gracias a Dios, pero le damos más Gloria porque estamos felices por la noticia que nos han dado en el Centro de Rehabilitación a donde acudimos a las terapias del niño, y es que el niño está a punto de ser dado de alta, que podrá acudir a una escuela de educación regular como cualquier otro niño, donde cursará todos los niveles académicos que él quiera. Sabemos que faltan cosas por hacer, pero de lo que estamos ciertos es que quienes necesitábamos ayuda más que ni el propio niño, éramos mi esposa y yo, pues nosotros somos quienes estábamos enfermos de todos los pecados que existen en el mundo, pero el mayor de ellos era el estar alejados de Dios.

Recuerda, Jesús tiene consentidos, y estos son los niños. Por eso dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, el que no se haga como uno de ellos no entrará en el Reino de los Cielos”.

¡Alabado sea Jesucristo!

 

BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMRRE Y MUJER DE HOY

Grupo Apostólico Nueva Evangelización

Comparte la nota

Publica un comentario