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Jesús está vivo… en Morelia

14 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Aurelio Prado Flores

Una hermana nuestra nos comunicó que la iban a internar por 10 días en una clínica porque no podía dormir, no descansaba en la noche, y si lograba dormirse cualquier situación la despertaba y otra vez a sufrir para volver a dormir. La internarían para que pudiera recuperar su ritmo de sueño. Ella no iba a saber si era de día o de noche. Permanecería dormida durante esos diez días. A ella le dio miedo porque en una ocasión que visitamos a una hermana que le fuimos a hacer oración nos comentó que en un tratamiento parecido se le había dañado en extremo y había perdido muchas de sus neuronas y ahora tenía un mal irreversible, había quedado dañada de por vida. En base a esto, empezamos a orar por nuestra hermana Mago pero de una manera diferente: “todos los días, hasta que Jesús la sane”. “No te vamos a dejar descansar Jesús, ¡hasta que la sanes!”, le dijimos. Así oramos: “mira Señor Jesús, creemos que tú eres Dios, creemos que en ti se cumplen todas las profecías mesiánicas de que tú has venido a dar la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos y a proclamar un año de gracia del Señor, y por eso no vamos a dejar de orar por nuestra hermana Mago hasta que la sanes”.

Las oraciones las hicimos ante Jesús Eucaristía, ante el Santísimo expuesto, ante el Pan Vivo bajado del cielo, ante Jesús de Nazareth, ante nuestro hermano Mayor que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. A las tres semanas de estar en oración por nuestra hermana este es su testimonio: el día de hoy, quiero compartir con todos ustedes las maravillas que ha hecho el Señor en mí, las cuales han dejado una gran alegría y una inmensa paz en todo mí ser. Jesús me sanó de algo que yo creía incurable, ya que lo venía padeciendo desde hace treinta años. Este mal tiene conmigo desde que era pequeña y comenzó cuando mis padres decidieron enviarme con una tía pues mi abuela materna había fallecido y querían que le hiciera compañía. Viví con ella tres años y para mí fueron como siglos, porque mis noches y días me las pasaba añorando a mi familia, pues no entendía porque yo tenía que estar separada de mis hermanos y mis padres. Recuerdo que yo estuve con mi tía sintiendo demasiados miedos, uno de esos era la noche pues me costaba trabajo conciliar el sueño y a todas las cosas que estaban a mí alrededor les encontraba figura y me dejaban intranquila.

Regresé con mis padres y mis noches se pasaban iguales. A mí organismo no me llegaba el sueño, así fui creciendo, durmiendo temporadas si y otras no.

Por lo que decidí darme a la tarea de buscar los mejores especialistas que me

recomendaban en distintas partes. Visité homeópatas, acupunturistas, neuropsiquiatras, especialistas en trastornos del sueño, y no obtuve resultados satisfactorios, pues solo hacía que yo estuviera bajo un sueño inducido, el cual no es reconfortante. Yo quería ser sanada obteniendo mi sueño biológico, pero según veía era imposible. Fue entonces cuando conocí al Doctor de doctores que eres tú Señor Jesús. Yo como todos sabía que Jesús sanaba pero siempre entró en mí, era como santo Tomás, “hasta no ver creer”.

Comencé a participar en la comunidad de oración y creí que con eso el Señor actuaría en mi vida, pero resultó que no, me puse más grave y el médico tuvo que aumentar las dosis de mi tratamiento hasta el punto de quererme internar por diez días para tenerme sedada durante todos los días para ver si podía entrar a mi ciclo de sueño. Fue entonces que hablé con mi hermano Aurelio para que orara por mí. Así comenzamos un proceso en donde se le dijo al Señor que no dejaríamos de orar hasta que yo fuera sanada. Pasó la primera semana de oración en casa y no hubo resultados. Allí surgió la idea de hacer la oración frente al Santísimo expuesto. Así transcurrió la segunda semana y yo solo salía con paz en mí pero mi insomnio seguía. Pero lo que noté fue que el Señor había desterrado de mí era un fuerte dolor de espalda que tenía padeciendo desde veinte años atrás, y que según los médicos era producido por el estrés tan fuerte que me causaba el insomnio. También el dolor era controlado por droga que era inyectada en la espalda. Me inyectaban una fuerte dosis para poder soportar el dolor. No podía caminar sin que me doliera mi espalda, no podía cargar nada, ni siquiera mi bolso de mano sin que me doliera. Cuando me sentaba a comer no me podía parar a calentar ni siquiera una tortilla.

Mis hijas me decían: no exageres mamá. Pero la verdad era que no podía hacerlo.

Durante la tercera semana de oración le pedimos al Señor luz de por qué no había escuchado la oración para sanar mi insomnio y el Señor muy sencillamente respondió:  ‘Es que no me lo ha pedido Mago’. Solté mi llanto y me puse a reflexionar, todo el tiempo he pedido oración por todos, pero yo nunca oraba por mí. En ese momento yo oré con fe y le dije: “mira Señor, aquí está tu Mago con el corazón abierto, quiero servirte y estar cara a cara frente a ti y haz de mi lo que quieras y que se haga tu voluntad y no la mía.”

Esta fue la primera vez que lo dije de frente a mi Señor, oré por mí misma, me sentía necesitada del Señor, lo proclamé el Señor de mi vida. A partir de ese día empecé a conciliar el sueño, dormí 5 horas ininterrumpidas, al siguiente día dormí 6 horas, y así fue hasta que se normalizó mi sueño totalmente.

“Tengo sueño” era algo que no podía decir desde hace más de treinta años y ahora les digo a mis hijas: “se me cruzan los ojos de sueño”. Además de sanarme el Señor, también que quitó la dependencia total de las medicinas que tomaba para poder dormir. Desde ese día dejé de tomarlas y no hubo ningún efecto en mi organismo. Cuando el Señor sana, sana totalmente. Quiero decir también que Jesús me quitó temores, miedos y depresiones. Le dio paz a mi corazón y ahora lo alabo y lo bendigo porque su poder se manifestó en mí al igual que en María Magdalena. ¡Gloria a Dios!

Cuando me impusieron las manos y tuve descanso en el Espíritu sentí mucho movimiento en mi estómago. Todo se acomodaba dentro de mí. Mi estómago que estuvo inflamado por muchos años empezó a normalizarse. La hernia que me molestó durante 16 años ya desapareció.

¡Alabado sea Jesucristo!

BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE Y MUJER DE HOY

Grupo Apostólico Nueva Evangelización

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