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Jésus está vivo… en Morelia

11 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Aurelio Prado Flores

 

“Y tú, cuando hayas vuelto a mí, conforta a tus hermanos”. (Lc 22,32)

Cuando nuestra conversión se haya efectuado, entonces podremos lanzar la red en el nombre de Jesús y ser junto a El pescadores de hombres. Antes, no…

Pero ya he dicho que la meta de la conversión es el cumplimiento de los dos grandes mandamientos que abarcan toda la voluntad de Dios para con sus hijos los hombres. No basta, entonces, convertirse al perfecto amor a Dios, es necesario también convertimos al amor de nuestros hermanos: cosa más difícil y además, comprobable y medible.

En el matrimonio he visto que el amor a otros se concretiza a diario por la presencia constante de la pareja y de los hijos. Admiro mucho a los casados porque veo que tanto el hombre como la mujer están allí en una situación de dar y de darse constantemente, incesantemente…

Pero a veces nosotros, los sacerdotes, hacemos del amor al prójimo algo cada vez más vago, más etéreo, más irreal. Como tenemos que amar a todos, acabamos por no amar a nadie… O idealizamos el amor al prójimo como idealizamos la fe, y tantas otras cosas que aceptamos muy bien en teoría pero que no llevamos al terreno de lo cotidiano y de lo concreto. Así nos sucede con el amor al prójimo; como alguien que me dijo un día: yo a mi prójimo sí lo amo, lo que no soporto es la gente…

Más sucede que esa gente concreta y a veces inoportuna y molesta, son los hijos de Dios, y no puedes ser amigo del Padre si estás dando de patadas a sus hijos. Por eso “el que dice que ama a Dios y no ama a sus hermanos es un mentiroso”. (1Jn 4,20)

Yo he visto muchas veces sacerdotes irascibles, impacientes, inconsiderados, déspotas, engreídos, mal educados, que tratan a sus pobres feligreses con la punta del pie. Otros USAN a la gente para realizar sus planes y sus obras, tal vez muy buenos, pero una cosa es usar a tu prójimo y otra cosa es amarlo.

¿Cómo podríamos convertir y confortar en su vida de fe a nuestros hermanos si no les demostramos amistad sincera y desinteresada? ¿Cómo podríamos influir positivamente en la vida de nuestros hermanos si no tratamos de dar en todo el buen ejemplo? ¿Por qué Juan Pablo II y Teresa de Calcuta han podido sembrar tantas semillas buenas en innumerables corazones? Porque son santos vivientes, por eso y nada más.

Tú eres la ciudad que el Señor construyó en lo alto de una colina, no para ser cubierta de arena, sino para que sirva de refugio a los viajeros. Tú eres la luz que el Señor encendió en esta tierra de sombras, no para ser tapada con una olla, sino para que alumbre a todos los que están en la casa. Tu bondad y tus obras tienen que brillar, no para que seas alabado, sino para que los demás glorifiquen al Padre celestial con su conversión, con su fe renovada, con una vida santa.

¿Tú amas realmente? ¿Amas siquiera a alguien? ¿Es tú corazón manso y humilde para que se pueda amar como amó Cristo Jesús?

¿Qué harías si alguien te asaltara en la calle y te consideras más fuerte y más capaz? ¿Le darías también el reloj al que te quiere quitar tu cartera? Eso dice Jesús que debes hacer, eso haría El. Pero tú, ¿qué haces con tu prójimo en esas películas que a diario produce tu fantasía, en las que eres siempre el héroe prepotente? Analiza todo eso que produce tu imaginación, y verás qué lejos estás de tener un corazón como el de Cristo…

Bueno… pues no nos queda otro remedio que convertimos realmente también a nuestros hermanos si hemos de “confortarlos” tal como nos lo pide Aquel que nos llamó y nos invita cada día a seguirle…

 

Conversión de los sacerdotes

Parece un despropósito decirle a un sacerdote que es necesario que se convierta. Sin embargo, son los grandes maestros de la vida espiritual los que nos hablan de la necesidad absoluta de una incesante conversión.

En el original griego del Nuevo Testamento, la palabra conversión es METANOIA, que significa literalmente CAMBIO DE MENTE, y también podríamos traducirla como TRANSFORMAQON DEL CORAZON.

¿Quién de nosotros no tiene algo de qué purificarse? ¿Quién de nosotros no tiene en su ser zonas enfermas que necesitan ser sanadas por el Señor? ¿Quién se atreve a decir que es perfecto? ¿Quién de nosotros no reconoce su tremenda limitación y cuán lejos está de la santidad que Dios nos pide?

La transformación del corazón nunca está en la línea de lo abstracto, de lo dogmático, de lo cerebral. Nunca.

La conversión está estrechamente ligada y totalmente relacionada con PERSONAS, vivas y concretas; porque la “metanoia” mira de frente hacia los dos grandes mandatos que abarcan toda la ley y cuanto dijeron los profetas; y estos mandatos se refieren solamente a personas y a nuestra actitud hacia ellas:

“No tengan otros dioses aparte de mí, porque yo soy el Señor tu Dios”. (Ex 20,3-5) “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. (Dt 6,5)

“Este es el más importante y primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a éste; dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22,39)

Para efectuar mi conversión a Dios, necesito dejar de concebir mi cristianismo como un sistema teológico; y conceptuarlo como un suceso, una historia real y verídica, de la cual yo soy uno de los protagonistas y no un simple espectador. Necesito concientizarme de la intervención PERSONAL de Dios, que me ama tanto que se hizo humano y dio la vida por mí clavado en una cruz. Necesito saber relacionarme con el Dios vivo, y con el Jesús resucitado y actuante. Necesito vivir de lleno el plan de salvación que Dios está realizando y no hacer yo mis propios planes. Necesito guardar en un cajón mi teología y ser de veras ante Dios una de esas “gentes sencillas a quienes el Padre muestra los misterios que esconde a los sabios y entendidos”. (Mt 11,25)

Había una vez un exquisito filete sobre una mesa. Llegaron cuatro hombres y se sentaron frente al filete. Uno era químico, examinó un gramo de esa sustancia e hizo un análisis de sus componentes. Otro era dietista, y dijo qué cantidad de filete convenía comer y cuantas veces por semana, así como las proteínas, minerales y vitaminas que contenía. Otro era ganadero y determinó la edad que tenía el becerro, su raza, de que ganadería procedía y otros datos de su especialidad. El cuarto era simplemente un hombre hambriento: tomó el cuchillo y el tenedor y sin decir palabra se comió el filete.

¿Quién de esos cuatro quedó nutrido? ¿Quién hizo vida el filete? ¿Quién aprovechó ese regalo? ¿Quién lo saboreó con deleite?

Pues bien, Jesús está allí, en la mesa del Padre, como manjar de vida para ti. No es para que lo estudies, sino para que El sea tu vida.

Yo conozco seminaristas no convertidos, novicios no convertidos, Sacerdotes no convertidos, (yo soy uno) y teólogos no convertidos… Sabemos mucho de Jesús. Lo tenemos en nuestro cerebro, pero no en nuestro corazón…

 

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“La Hostia palpitando” impactante vídeo en YouTube. Para que lo creas. Te invitamos a verlo. Sucedió en Morelia.

“Yo vi a la Virgen”. Testimonio de nuestra hermana de comunidad Marilú: en YouTube. Cuando estábamos en la Z radio.

“Jesus me sanó de Diabetes”. Testimonio de nuestra hermana de comunidad Cecilia en YouTube, Jesus y sano (sin acento).

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