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Morelia, Michoacán a 6 de diciembre de 2016
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Jesús está vivo… en Morelia

6 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Aurelio Prado Flores

Hac06e dos semanas nuestro hermano Nicolás recobró la vista durante la oración por los enfermos en el templo de la Resurrección. Era la segunda vez que asistía cuando lo sanó el Señor Jesús, la primera llegó tarde.

Desde entonces asiste con su familia a las oraciones que tenemos los jueves.

El recobrar la vista es un signo mesiánico que solo Jesús vivo puede hacer.

Le dijimos a Jesús en esa ocasión que el que más ganaba con estas sanaciones era él. Ciertamente Nicolás ganó pues recuperó la vista, ganamos los que oímos y vimos en directo, a todo color y en el mismo templo. Pero el que más gana es Jesús porque reafirma que él está vivo y se cumplió lo que dijo en la Sinagoga de Nazareth.

Cuando Jesús visitó la ciudad de Nazareth y se dirigió a la Sinagoga, buscó el escrito del profeta Isaías donde decía: “El Espíritu de Dios está sobre mí y me ha ungido, me a enviado ha proclamar a los pobres la Buena Nueva del Reino, regresar la vista a los ciegos, la libertad a los cautivos y proclamar un año de gracia del Señor”. Esto fue como la presentación que hizo Jesús de lo que iba a ser su plan de trabajo mientras estuviera proclamando la Palabra de Dios. Si Jesús sigue rescatando de la oscuridad a sus hermanos, a los más pequeños, a los más pecadores, es porque él tiene el mismo poder de hace 2,000 años: TODO.

La Escritura dice que la persona en la que se cumplieran estas condiciones era la elegida para ocupar el trono de David por siempre y por toda la eternidad.

En Jesús se ha cumplido toda la Escritura, él es el verdadero y único Hijo de Dios Vivo. Jesús instituyó un plan de salvación y tiene vigencia hasta la consumación de los tiempos.

Israel esperaba con ansia su liberador, la persona que los sacara de la opresión.

Nicolás también esperaba al único que lo podría sacar de su oscuridad, de sus

tinieblas y recobró la vista después de que oró a Jesús y le dijo: “si tú quieres quedó sano, mira que tengo la retina desprendida de mi ojo derecho y no veo”, Jesús le dijo: “Quiero, queda sano”. En ese preciso momento nuestro hermano empezó a ver y lo primero que vio fue a Jesús Eucaristía, el único que lo podía sanar.

El pasado jueves 18, hace tres días, Jesús de Nazareth (hoy de Morelia) volvió a hacer lo mismo, le regresó la vista a una mujer que estaba vendiendo frituras en una canasta. En vez de promover sus productos nuestra hermana Briznia se puso a alabar a Dios en pleno horario de trabajo y Jesús en su infinita misericordia la sanó, le dijo: “si tu preocupas de alabarme, yo te regreso tu vista.”

Hace dos mil años un muchachito en vez de ir a vender su mercancía para dar de comer a sus hijos se encontró con un hombre que se decía el Hijo de Dios, y lo siguió. Guardó para después sus peces y panes y no los quiso vender a pesar de que había gran demanda, no faltó quien se los quisiera comprar incluso a un precio mucho más alto que el que pudieran tener. Gracias a que no quiso hacer negocio guardó la materia prima indispensable para que Jesús hiciera la primera multiplicación de los panes y que hoy la sigue haciendo en la Eucaristía.

Invocamos a María, Madre de Dios y de los que proclamamos que Jesús es nuestro hermano mayor, invocamos al Espíritu Santo y proclamamos que Jesús está vivo y sigue siendo el mismo de hace 2,000 años.

Después leímos el pasaje que nos narra Marcos en el capítulo 1 del versículo 21 al 38 donde nos dice lo que hizo Jesús el primer día de su ministerio, o sea la primera jornada completa de la vida de Jesús.

No se trata únicamente del primer día de su ministerio, sino que quiere darnos a entender cómo era la agenda diaria de la vida del Maestro. Se trata, pues, de una visión panorámica de las prioridades de la vida de Jesús.

En primer lugar se trataba de un sábado, día de riguroso descanso, y cuya observancia sintetizaba la fidelidad a la Ley. Lo que Jesús haga y diga ese día, se transformará en la norma de vida para todos sus seguidores, suplantándose de esa forma la antigua legislación.

Cuatro puntos cardinales están delineados en este primer día del ministerio del Maestro: Si tienes Biblia ve por ella y ponte a leer este texto Mc 1,21-38.

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;

la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se

encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no

dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue

a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros

fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» El les dice:

«Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido».

Palabra de Dios.

Jesús, en primer lugar escoge la Sinagoga para desde allí enseñar el mensaje que Papá Bueno le encomendó. A medio día se va a la casa de sus amigos y en la tarde, a la puesta del sol, le llevan a los enfermos y endemoniados. La ciudad entera estaba reunida con él y termina muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

Jesús es el Maestro que enseña una nueva doctrina, pero no con palabras y grandes discursos, sino con su propia vida. Es más, en estos pasajes casi ni abre la boca, porque su estilo de vida es ya elocuente. Su persona es la enseñanza.

El es el mensaje. Basta observar un día de su vida para encontrar sus opciones preferenciales:

– La Sinagoga, con el pueblo de Dios, para liberar a los oprimidos por el diablo.

– La casa de los amigos donde restablece a la persona más necesitada.

– La puerta, donde se administra la justicia y se sana de la injusticia.

– el desierto, donde se encuentra consigo y con su Padre, para fortalecerse en su misión evangelizadora.

Muy bien podríamos decir que Jesús supo armonizar todos los elementos de la historia de los hombres. Hizo de su vida realmente una obra de arte, sabiendo

conjugar sin extremos ni omisiones los aspectos más importantes de la existencia. En fin, marcó una jerarquía de valores.

¡Alabado sea Jesucristo!

BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE Y MUJER DE HOY

Grupo Apostólico Nueva Evangelización

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