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Jesús está vivo… en Morelia

14 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

¿Sabes ver más que los demás?

¿Es carne y sangre de Jesús?

Aurelio Prado Flores

Jesús presente en la Hostia

El elemento definitivo que identifica y concentra la esencia de un verdadero líder es su visión. En primer lugar la visión es difícil de expresar. Cuando Pablo fue arrebatado al tercer cielo y tuvo sus visiones proféticas afirma que ni el ojo vio, ni el oído oyó… Para ilustrar lo que significa la visión, podemos tomar el ejemplo cuando el marinero, desde el mástil central del barco, extendiendo su mano hacia el horizonte, conmueve el ánimo de la tripulación con un grito emocionado: ¡Tierra a la vista! Ve más allá que todos los demás. El líder posee un radar de alta frecuencia para percibir la realidad y tiene capacidad de soñar lo inimaginable. Puede ver lo que nadie ha descubierto todavía. Esto lo coloca por encima del común denominador de la gente. Sabe descifrar causas, prever consecuencias. Distingue claramente lo esencial de lo accidental y la sustancia de la materia, de la forma. Es un tejedor de una amplia base de datos. Ha desarrollado un sistema integral de la realidad. Tiene jerarquía de valores. En una palabra pertenece a esa raza de hombres que no está emparentada con la mediocridad.

Pablo llegó a ser un experto en el mundo de la navegación. Percibía lo que otros no: Lucas cuenta que en Damasco los hombres que acompañaban a Saulo “oían la voz, pero no veían a nadie”. Hech 9,7 Por su parte el mismo Saulo asegura: “Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz que me decía en lengua hebrea: Saúl, Saúl…”. 22,9 y 26,14. Esto, más que una contradicción quiere reafirmar lo esencial: Solo Pablo percibe lo que otros hacen parcialmente. Ve lo que otros no ven o escucha lo que otros no escuchan.

Que el día de hoy nuestros jóvenes tengan visiones no es cosa de estos tiempos ya desde el Antiguo Testamento Joel, que desde el año 470 antes de Cristo profetizaba, nos dice en el capítulo tres la Palabra de Yahvé: “Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra…”.

Durante la oración por la salud de los enfermos de los lunes en el templo de la Resurrección nuestros hermanos Héctor y Gisela tuvieron grandes visiones que nos trataron de expresar con sus palabras y esto es lo que vieron con los ojos cerrados: Comenzare mi relato recordándote el hecho de que fue la primera vez que asistí a la asamblea de oración en el templo de la Resurrección y digo a todos aquellos que leerán estas líneas que Jesús que es Dios, es el Camino, la Verdad y la Vida.

Cuando llegué al templo y me metí en la oración, a los pocos momentos empecé a sentir que algo cimbraba mi cuerpo y cuando empezamos a levantar las manos al Señor, sentí como si una descarga eléctrica entrara por mi organismo.

Cuando subimos al altar donde está la custodia con Jesús Eucaristía cerré mis ojos y vi a Jesús vestido con una túnica blanca y en su pecho su Corazón muy resplandeciente que se fue haciendo grande, muy grande por el cual entrábamos todos, éramos no unos pocos sino miles y miles de personas que íbamos pasando a través de su Corazón y todos nos veíamos caminando hacia el interior de su Corazón, y vi como “nadie era rechazado”. Yo interpreto esto como el gran amor de Dios que todo nos perdona y no nos abandona jamás. En ese momento recordé las palabras de mi Señor Jesús y como nos la repetía Su Santidad Juan Pablo II: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. Que la paz de Dios nuestro Señor sea con todos. Tú hermano en Cristo Jesús: Héctor Bibian Guzmán.

Nuestra hermana Gisela ese mismo día tuvo otra visión que dice así: El día domingo leí el periódico “La Voz de Michoacán” y me llamo mucho la atención la columna: Jesús está vivo… en Morelia. Ya la había leído en otras ocasiones, pero en esta me sentí muy conmovida por el testimonio que daba una persona, así que tome los datos del lugar donde se hacen las oraciones, (los lunes en el templo de la Resurrección) y desde ese momento algo en mi interior me decía que tenía que asistir. El lunes cuando me levanté tenía un fuerte dolor de cabeza, me sentía muy cansada y angustiada, ya que además de los problemas de salud hemos tenido situaciones muy fuertes en nuestra economía y todo eso me hacía sentir muy preocupada.

Cuando se acercaba la hora de salir de casa, yo seguía con el dolor de cabeza y en eso comenzó una fuerte lluvia, aun así estaba decidida en no faltar a mi cita, porque yo sentía que era eso… ¡una cita! Llegué cuando había empezado la oración. Un señor estaba orando y las personas participaban cantando y alzando las manos. Una señora que estaba a mi lado le dijo a un joven que se quedara hasta el final, ¡entendí que también me lo decía a mí!

Conforme avanzó la oración empecé a participar haciendo lo que el hermano decía, pidiendo la presencia del Espíritu Santo, para que nos ayudara a convertir nuestro cuerpo en algo limpio: ¡con huesos, carne, nervios y piel renovados!

Después pasamos uno a uno a tocar el Cuerpo de Jesús en la Hostia consagrada.

El hermano seguía orando. Cuando llegó mi turno y toqué la custodia con la Hostia consagrada, sentí calor en mis dedos y como si mi cuerpo se hiciera fuerte y grande. Cuando terminó la oración ya no sentía el dolor de cabeza y una paz inmensa me invadió. Fue como si de pronto todo estuviera lleno de luz. Lloré de felicidad y arrepentimiento por no creer en todo lo que Dios me da, empezando por Jesús su hijo el cual limpia y se apropia de nuestros pecados y nos da todo su amor.

De regreso a casa caminé por el centro y todo a mí alrededor lucia maravilloso, no sentía angustia ni temor alguno porque tenía la presencia de mi Señor Jesús a mi lado.

Cuando me pidieron que escribiera mi testimonio me daba pena y les dije que no soy buena para eso, pero ahora estoy segura que con ello pueden saber las demás personas de lo que se están perdiendo. Y si de algo sirve mi testimonio estaré satisfecha pues se que es para gloria y honor de mi hermano mayor Jesús y nuestro Padre Dios. Yo solo puedo decirles que asistan a la Resurrección…

“¡no se van a arrepentir!”.

Gisela Maldonado.

¡Gloria a Dios!

¡Alabado sea Jesucristo!

BUENAS NOTICIAS PARA EL HOMBRE Y MUJER DE HOY

Grupo Apostólico Nueva Evangelización

 

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