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Poder de la Eucaristía

10 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Nuestro hermano de comunidad Pepe Díaz nos hizo llegar el siguiente testimonio: hace meses fui de visita a la casa de un amigo mío, estaba enfermo, muy enfermo. Tenía cáncer. Me comentó su familia que estaba en etapa terminal y los médicos lo habían desahuciado, le dieron pocos días de vida.

Mandaron llamar a sus hijos que estaban fuera del país para que lo acompañaran los últimos días de su vida. Su peso se encontraba muy deteriorado, estaba muy débil y además desanimado.

Al platicar con él le recomendé que pidiera oración de sanación al Padre Miguel que estaba en La Merced. Acudieron todos a la oración y tuvieron experiencias de las más variadas. Todos vivieron momentos extraordinarios.

Han pasado más de 10 meses y el que estaba desahuciado por la ciencia, está vivo, sus familiares están reconciliados con Dios, la comunidad está de fiesta porque el enfermo en estado terminal anda caminando y su peso se ha regularizado y ahora es testigo que Jesús está vivo… en la Eucaristía. Jesús le dio fortaleza, y el miedo, la enfermedad y el pecado se alejaron de la vida del Sr. Villicaña.

Cuando el Padre Miguel ora por los enfermos, los reconcilia con Dios y les da la medicina por excelencia: La Eucaristía. La carne de Cristo como bien sabemos está presente en la Hostia consagrada y nos espera para hacer maravillas en nuestro cuerpo y espíritu.

El tratamiento para sanar es simple: arrepentirse de los pecados, dolerse de las culpas, alejarse de las ocasiones de pecado, entregar todo en la confesión al sacerdote que lo hace llegar a Jesús y recibir la absolución. Después viene la Eucaristía, la medicina por excelencia, que se debe administrar cada día para así y solo así salir de las tinieblas, de las enfermedades y dolencias pues ha llegado la Luz y la salud a casa.

Si te has sentido o te sientes enfermo, desanimado, débil, pecador, sin fuerzas, en la oscuridad, y todo lo que se le parezca, es el momento de sacar cita con el Doctor de doctores con su representante que está muy cerca de ti en el sacerdote que te escucha, entiende y te hace llegar el amor de Dios por medio de la absolución, de la reconciliación y de la Eucaristía.

Jesús está vivo… en la Eucaristía. Jesús es el amigo que nunca falla. El amigo, especialmente, de los pobres y necesitados, de los enfermos y de los despreciados, en una palabra, de todos los que buscan un consuelo y una razón para vivir. El aprendió en carne propia a sufrir por la incomprensión de los poderosos. Siendo niño tuvo que huir de su país. Más tarde, fue perseguido y encarcelado. Hasta lo consideraron como un blasfemo y profanador del sábado y de las leyes judías establecidas. Algunos lo querían de verdad y lo aclamaban como al Mesías, pero cuatro días antes de su muerte, todos lo abandonaron, hasta sus más íntimos amigos. Y se quedó solo ante la cruz. Solamente su madre y el discípulo amado y algunas pocas mujeres lo acompañaron hasta el final.

Sin embargo, después de más de veinte siglos, cada año hay miles y miles de hombres y mujeres que lo dejan todo, familia, patria, bienes… para seguirle sin condiciones, como aquellos sus Doce primeros amigos. El nos enseñó con su vida la más grande y hermosa verdad que el hombre pudo conocer: DIOS

ES AMOR. Jesús es Amor, porque es Dios, y te ama a ti y a mí y a todo ser humano que existe, ha existido y existirá desde el principio del mundo hasta el final.

Jesús te conoce por tu nombre y apellidos y te ama tal como eres. No necesitas cambiar para que te ame. Por eso, si nadie te quiere, si todos te rechazan, si eres demasiado anciano o enfermo, pobre, ignorante o pecador… El te ama y te dice: «Hijo mío, tus pecados te son perdonados», (Mc 2,5) «No tengas miedo, porque tú eres a mis ojos de gran precio, de gran estima y yo te amo mucho». (Is 43,4-5) El vino a sanar a los enfermos, a perdonar a los pecadores, a dar libertad a los oprimidos, a dar amor y paz a los que tienen destrozado el corazón. (Cf. Lc 4,18; Is 61,1)

Por eso, en este momento, respira hondo y sonríe: Jesús te ama. Tu vida está llena de sentido, vale la pena vivir y morir por Él. Vale la pena apostarlo todo por Él, que espera tanto de ti y cuenta contigo para la gran tarea de la salvación de tus hermanos. Jesús te abre sus brazos con su infinito amor y te dice: Ven a Mí, si estás agobiado y sobrecargado; Yo te aliviaré y daré descanso a tu alma. (Cf. Mt 11,28) «No tengas miedo, solamente confía en Mí». (Mc 5,36) Tú eres mi amigo, si haces lo que yo te mando. (Cf. Jn 15,14)

¡Qué alegría ser amigo de Jesús! El es «el más bello de los hijos de los hombre». (Sal 45,3) Según la sábana santa de Turín, medía 1,85 m. de estatura, musculoso, con rasgos claramente semitas, cabello abundante, que le caía sobre la espalda, con raya al medio, barba corta, ojos grandes y nariz más bien larga y aguileña. Ciertamente que es la belleza personificada y «en sus labios se derrama la gracia». (Sal 45,3) Por ello, podemos decir que es hermoso, infinitamente hermoso, más que el sol, cuando brilla en todo su esplendor. (Cf. Ap 1,16) Con su porte sencillo, que inspira confianza y, a la vez, majestuoso.

Con una voz poderosa y, a la vez, melodiosa, que infunde terror a los fariseos, pero que atrae a los humildes. Con una sonrisa que cautiva a los niños, que irradia ternura a los enfermos, compasión a los pecadores y para todos un inmenso amor.

¡Alabado sea Jesuscrito!

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