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Morelia, Michoacán a 17 de enero de 2017
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Acontecimiento

13 de abril, 2016

Paola Franco/La Voz de Michoacán

Vidal Mendoza
Me pregunto si hay una alternativa a la ideología. ¿Estamos condenados a participar en ella? No lo sé. Soy un poco pesimista. No digo que no exista una escapatoria a la ideología. No es sólo que la ideología no sea verdadera. Casi es una antigua forma de marxismo. La ideología no es, en sentido estricto, como algunas construcciones teóricas, como la democracia, el comunismo, el fascismo… La ideología es hoy nuestra vida diaria, forma parte de nuestra experiencia. Salir de la ideología significa que entiendes la vida, sus inconsistencias y lo que es falso de nuestro sistema. No es necesario tener una idea perfecta de lo que debería ser la sociedad. Por ejemplo, el salir de la ideología te permite ver inconsistencias y contradicciones en el liberalismo de hoy. Sí, garantiza algunas libertades, pero por eso hay muchas cosas que tenemos que aceptar sin debate. Eso es lo único que quiero decir al criticar la ideología. No contrapongo el liberalismo a alguna ciencia objetiva que nos dice cómo son las cosas realmente. No creo que la ideología prevalezca en el sentido de que somos una ilusión y no podemos escapar de ella. Sí podemos, sin duda.

Lo que cuestiono es el funcionamiento del sistema. Sí, pero no sólo el funcionamiento material, sino el ideológico. Lo que todo buen marxista sabe es que las ilusiones forman parte de la realidad. Si eliminas las ilusiones, el sistema real ya no puede funcionar. La ideología no es algo que esté en el aire. Es el cemento que une nuestras sociedades.

Tenemos que pensar más y actuar menos. ¿Por qué? No quiero decir que no tengamos que hacer nada. Lo que digo es que esta presión para hacer algo es, bastante a menudo, una forma muy perversa de impedir que pensemos. Por ejemplo, hoy todo el mundo admite que ocurren cosas terribles en el Tercer Mundo, los pobres, los excluidos… y dice que olvidemos el debate sobre la ideología y hagamos algo para ayudar a los niños que se mueren de hambre en Somalia. Creo que el mensaje de esta llamada a la acción es: «Hazlo y así no pienses demasiado». Puede ser el problema del siglo XX. Si tratamos de cambiar el mundo demasiado rápido puede acabar siendo una catástrofe. Piense en el comunismo, el proyecto emancipador más grande, y cómo acabó en el estalinismo, una de las peores pesadillas. ¿Cómo es posible? Tenemos que ser pacientes, dar un paso hacia atrás y pensar. Esa es la razón por la que creo que las vidas académica e intelectual libres no se excluyen hoy en día. Me opongo totalmente a la reforma de Bolonia.

Lo simplifico un poco, pero la idea principal es la de transformar la educación superior para resolver problemas reales, lo que significa convertir a los intelectuales en expertos. ¿Pero qué es un experto? Es alguien que resuelve un problema definido por otro. Digamos que soy un político y hay manifestaciones, suicidios, crímenes… y me dirijo a los expertos y les preguntó cómo controlo las manifestaciones… Pero no es el trabajo de un verdadero intelectual. Un verdadero intelectual hace algo mucho más radical: cuestiona la forma de ver los problemas. A menudo hay un gran problema, pero el verdadero problema es cómo percibimos ese problema. Por ejemplo, hoy en día estamos en una crisis ética, ¿pero cómo percibimos esa crisis? Sólo a través de esta libertad sales de ello, mientras que hoy estamos demasiado presionados por los problemas urgentes porque hay que resolverlos. Necesitamos tiempo para pensar. No deberíamos sentirnos mal.

Si tuviese que elegir, diría que el fascismo es marginalmente peor. Pero el estalinismo es una tragedia mucho mayor. El enigma del estalinismo es cómo pudo un intento tan radical de traer la libertad de emancipación acabar en semejante catástrofe. Con el fascismo no existe ese enigma. Los fascistas dijeron lo que querían hacer: una nueva jerarquía, orden social, dictadura… No tiene ese aspecto trágico. El estalinismo afirma traer una nueva forma radical de comunismo que acaba en una pesadilla. Es un desafío intelectual mucho más importante. Sin aclarar, al menos, lo que salió mal, cómo fue posible el estalinismo, no puede surgir una izquierda realmente nueva. El estalinismo ya no es una amenaza directa aunque, irónicamente -y me gusta esa ironía-, los países, con un par de excepciones como Corea del Norte, en los que el partido comunista sigue en el poder, como Vietnam y China, son naciones con el sistema capitalista más salvaje. Los ex comunistas son los mejores gestores del capitalismo más salvaje y destructivo.

Mucha gente sigue esperando de los filósofos alguna orientación sobre qué hacer. Lo digo abiertamente: no lo sé. Sólo puedo aclarar en qué consiste la crisis. No puedo dar respuestas precisas. En ese sentido, no soy un profeta. Mi deber es sólo despertar a la gente para salir del punto muerto. ¿Dónde estamos? A largo plazo, el sistema del capitalismo mundial no puede enfrentarse a los problemas ecológicos, la circulación financiera, la propiedad intelectual, la biogenética, otras formas de apartheid… Nos alegramos cuando cayó el Muro de Berlín, pero aparecen nuevos muros por todas partes: entre Europa y África para evitar la inmigración, en Cisjordania, entre México y EE.UU… Forma parte del capitalismo global. Cuanto más global sea con respecto al libre intercambio de materias primas y de flujos financieros, más habrá que limitar la libre circulación de las personas. Es el peligro hoy.

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