IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 20 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.00

21.80

Como homenaje a las invaluables Chachas

31 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Entonces no había pavimento, era pura tierra la Calzada Juárez, que terminaba con un jardín antes de cruzar lo que hoy es Camelinas o Periférico Sur y disfrutar la frescura de la Cueva del Enano y su cascada de aguas color café, rodeada de flores como el cielito lindo, panalito, platanillo, anémonas, etc. Pájaros cantores en La Loma, conejos, liebres, gatos monteses, cuquitos, huilotas, madroños, uva silvestre, zapotillo, granicillo, pirules entre encinos y algunos pinos.

Luego, había que subir las viejas y rápidas escaleras hasta Santa María y llegar al 34 de Juan Ruiz de Alarcón, la casa de don Claudio “El Gachupín”. Casi a la entrada del potrero un árbol de piñones y dentro, los caballos, chivos y los árboles de limas chichonas y de las otras, al otro lado la entrada de la casa, unas escalerillas y el largo pasillo lleno de macetas con pecho de golondrina, fucsias, bolsa de Judas, manzanilla de olor, yerbas para remedios, las frisias de aromas enloquecedores, etc. y abajo, la prodigiosa huerta de chirimoyos, limoneros, limeros, naranjos, guayabos, durazneros, chabacanos, higos, sidras, pomelos, ciruelas, aguacates, etc.

A esas fechas el abuelo era viudo, había muerto Mariana su segunda esposa que no tuvo hijos y vertió su ternura en la nieta preferida a quien quiso tanto. Don Claudio olía a finísimo tabaco para pipa, a café concentrado, a cuero limpio, a hombre. Daba besos salivosos en los cachetes que la hija Lucero limpiaba a la niña con un algodón con alcohol, así de delicada era. Salía Chonita Carapia a recibir la visita y ofrecer algún refrigerio, sonriendo, el abuelo Claudio ordenaba: – Ey, yaqui (Así le decía por ser altísima, muy morena y de enormes y pronunciados pómulos en su agradable rostro), atiende a la niña…..- Ya voy, señor Don Claudio….

Chonita, Asunción era su nombre, en honor a la virgen que cada 15 de agosto honra el pueblito y era un tesoro por  diligente. Todo limpio, a tiempo, deliciosa comida la españoleada del abuelo y la nativa de las visitas.  Antes de una orden o sugerencia, había adivinado y todo estaba listo, casi perfecto. Apenas la memoria evoca a su hijo El Muñeco.

Andar de mirona cuando cocinaba, ir de su mano a traer mandados, dejarse mimar ¡Oh tiempos, o Lares y Manes! que se fueron para siempre. Santa María era un pueblito de ruinas de cantera, de las grandes mansiones donde los morelianos de alcurnia y dinero pasaban los calores caniculares durante el Porfiriato.

Murió Don Claudio en 1954; pero Chonita era un amor cuando los recreos del trabajo en la Secundaria Federal Número 8 llevaba a aquella niña ya mayor y profesora, corundas, quesadillas, algún tentempié elaborado con sus maravillosas manos incansables. Aun en perfecto estado el pavimento que de su bolsillo hizo el gachupín que tanto amó esta tierra, hizo para el pueblo: el que va de los Filtros hasta la bomba del agua. A pesar de tantos años, eran fines de los ochentas, Chonita era un motor de activa.

Chonita, más que un bello recuerdo, eres la nostalgia que se vuelve agua. La querida Chacha, que sin ella, todo hubiese sido un caos. La trabajadora perfecta, amorosa, grata.

Comparte la nota

Publica un comentario