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Morelia, Michoacán a 24 de marzo de 2017
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Cómo vivir entre tiburones…

22 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

El tejido social de México es tan complicado, que cada ciudadano requiere de una armadura invisible para sobrevivir. Uno de los problemas más graves es la convivencia vecinal cuando existen familias disfuncionales que con sus actos bajan la calidad de tu vida, porque estás constantemente a la defensa y no hay autoridades que garanticen tu seguridad. Esto se podría solucionar si en lugar de sostener en un punto lejano a todas las fuerzas del orden, hubiese una correcta distribución en la ciudad y sus sitios más conflictivos con bases permanentes desde donde se desplazaran con celeridad para ser útiles porque llegan después de la función.

Es muy satisfactorio que desde el miércoles que dieron constancia de mayoría como jefe de tenencia a Wilberth Rosas Monge, uno de sus colaboradores recorriera la colonia para captar beneficiarios de un programa social que el jueves tendría una reunión con los encargados del área. Un buen comienzo, a sabiendas que el trabajo es mucho y que hay que cumplir.

El problema es un núcleo vecinal en la calle de la casa muy inconsciente y un olor fétido y a gas casi constante más un ruido insoportable de alguna casa con un negocio ilegal, algún maestro albañil que trabajó por aquí asegura que es una casa cuyo propietario tiene en el centro de Santa María un negocio de pollos rostizados y que el ruido se debe a un gigantesco ventilador que está dentro de su casa, quién sabe por qué se tapan las colas que les pueden pisar.

Puede afirmarse que toda colonia, barrio, calle, cuadra de la ciudad tiene su problemita muy bien definido, pero no hay inspector del ayuntamiento que pueda solucionarlo, tal vez el presidente municipal podría pensar en la capacitación de los servidores públicos con estrategias eficientes y actuales, porque estos años de impunidad han creado una “conchota” imposible de traspasar.

Aquí, aparte de que estos olores y gas, más ruido, no dejan volar a los cientos de pájaros, cloquear a las gallinas, cantar a los gallos, manifestarse a los guajolotes o ladrar a los perros en varias cuadras, pasa el hediondo arroyo lleno de árboles y maleza con sus aguas pútridas que alguna vez fueron claras, criadero de moscos y moscas, de cucarachas y otras alimañas, las calles pequeñas y muy estrechas son pendientes que hacen sudar para subirlas y se corre peligro al bajarlas. Lo grato es que hay alguna vegetación: perales, guayabos, granjenos, limoneros, naranjos, arbustos con vistosas flores, durazneros, etc. pero falta el agua de vez en cuando en el camellón central de la avenida Michuacan y como el ayuntamiento actual cambió las estructuras y funciones, no se sabe a quién acudir.

La vida en Morelia dejó de ser placentera: la paz y la calma de otrora quedan en el recuerdo. Las vialidades son complicadas, no hay una planificación del crecimiento urbano y si bien Altozano es una zona bella, los efectos climáticos se dejan sentir pues era el pulmón de la ciudad y el clima se

elevó en más de dos grados. La contraparte, llamada por chiste Altocerro, está olvidada y solo pueden verse crepúsculos de lujo en medio de un humo incesante de la papelera, qué malo. Hay mucha delincuencia común, sobre todo robos a casas, particulares y tiendas. Los chicos con rebeldes y ponen la música a su volumen…¿Por qué les encanta el ruido a un volumen que daña el sentido del oído?… ¿Acaso no sienten?… Aparte, los coches estacionados en la calle teniendo cochera, puff, si alguien construye o reconstruye prevenga las humedades porque al ser desnivel, eleva la construcción y daña la suya. Y si se queja le va como en feria.

Pobre Morelia, no crea las promociones de las autoridades, es un calvario vivir aquí y lo hermoso de su centro histórico, lo está acabando el cambio climático y el INAH. La casa de Abasolo ahora es un “hotel”. ¡Válgame!, pero hay “hoteles” de estos por todos lados.

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