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Morelia, Michoacán a 28 de mayo de 2017
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Cuarto poder

18 de mayo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Ada Estela Vargas Cabrero

En esos tiempos lejanos no existía periódico alguno en Morelia, ya después aparecieron. Pero en casa llegaba puntual a diario aunque bastante tarde por la distancia, la suscripción al Excélsior: hermosas y sentimentales narraciones cada domingo de casos importantes del Hospital Juárez; el concurso anual del Día de la Madre (Que promovió en México el director, don Rafael Alducín) para premiar a la madre más prolífica…Uffff….. maravillaba el gran número de hijos de bastantes mexicanas, todos debían estar vivos. Se esperaban con ansia “los monitos” dominicales con las aventuras del Príncipe Valiente y la reina Aleta, de Mandrake el Mago, Mutt y Jeff, Lorenzo y Pepita, el fantasma, mamá Cachimba, Trucutú, etc. La reseña de los últimos años de la segunda guerra mundial y esas fotos impresionantes de los bombarderos en acción o las explosiones en las batallas navales. Los crímenes más horripilantes que en nada se comparan con los actuales como el de los hermanos Lledías.

No sé quién de la familia inició la lectura de ese diario y pagaba la suscripción obligatoriamente anual. Caro, pero era tradición y bendito sea crecer informado de lo internacional y nacional, casi no había notas estatales, pues Michoacán era una entidad gratamente pacífica y segura, aunque muy pobre.

En esos tiempos el llamado cuarto poder, la prensa, pues no había televisión y la radio eran como espadas de Damocles pendiendo sobre las cabezas, tenían el poder de glorificar o acabar gentes. No había en Morelia comunicadores, pues.

Cuando surgió La Voz de Michoacán, gracias a la visión de don José Tocavén, odiado o amado según, conocido como el lechero jarocho y su estimable esposa, foña Carmelita Guzmán, eran temidos y respetados. Don José creó a los primeros comunicadores formados fundamentalmente con la práctica, como el excelente amigo Francisco López Guido, gran estrella de la página policiaca y más tarde, gran narrador de las cosas de Mamá Saluquita y Papá Panchito y esos instantes memorables del desayuno de frijolitos refritos, o huevo y bolillos tronadores de bien horneados a la leña. Y es que Paco ascendió desde el meritito suelito raso hasta el estrellato, cuando era el encargado de relaciones públicas.

Ahí sí: el periodismo fue el cuarto poder.

Pasaron los años y el hermoso estado de Michoacán fue depredado dramáticamente en sus tupidos bosques, en sus manantiales, en sus aguas fluviales, en sus bellos lagos. La sociedad pacífica, acogedora y amistosa se trocó en gente desconfiada, mal geniosa, majadera, llena de cárteles de la droga y de criminales que asuelan la región y se expanden hacia otros estados limítrofes y no.

El periodismo se ha convertido en una peligrosa profesión, porque los criminales asesinan a los comunicadores sin piedad o los secuestran y golpean. Los comunicadores de las páginas rojas están más indefensos que nunca, el crimen organizado pretende regular la profesión y reducir el derecho a la libertad de expresión, la más hermosa característica del hombre. Urge un plan nacional con la participación de todas las entidades.

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