IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 26 de marzo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

18.13

18.90

DOMINICALES DE AQUELLOS TIEMPOS…

17 de marzo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por Ada Estela Vargas Cabrero

No había periódico en Morelia y aunque la familia era pobre, cada año se suscribía en el tiempo de la campaña al diario nacional Excelsior, considerado muchos años como el mejor. Debido a las distancias entre ciudad y ciudad, llegaba después de las doce del día; entonces Morelia si era una ciudad culta, la afición a la lectura creyeron la fomentó el padre, el profesor Abel, llamado por sus numerosas admiradoras “el bello Abel” pero no fue así, fue la madre Lucero que cada domingo sacaba de la biblioteca anexa al templo de San Francisco un promedio de 115 libros semanales a cinco centavos el alquiler: Curzio Malaparte y “Kaput”, Rafael Pérez Ayala “Doña Urraca de Castilla”; Rómulo Gallegos “Canaima”, etc. más la revista quincenal argentina “Leoplan” a la que también estaba suscrita.

El número más esperado del periódico era el dominical, lleno de interesantes artículos como la serie de relatos sobre pacientes del Hospital Juárez y… ¡Los maravillosos suplementos!

No solo los chicos los esperaban, entre los adultos había muchos fans de sus historias, de las que se recuerdan algunas: Trucutú un cavernícola; Mamá Cachimba fumadora eterna de pipa; Mandrake el Mago; Mutt y Jeff; El Príncipe Valiente y su reina Aleta en las islas Brumosas; Lorenzo y Pepita con sus enormes sándwiches tan simpáticos; Betty Boop la vampiresa; Periquita; El Fantasma o Spirit y sus fabulosas aventuras en tierras desconocidas; Buck Rogers  pionero de la era espacial; Jack Tracy el super detective; Supermán y sus increíbles hazañas; Los Supersabios y sus descubrimientos; Jilemón Metralla y el eterno gallo muerto colgando de su brazo; Merlín el Mago y Lancelot con los caballeros de la Mesa Redonda y el rey Arturo; Tarzán de la Selva el niño criado por monosy héroe de mayor;  La Pequeña Lulú y el simpático club de sus amigos donde no se admitían mujeres; La Familia Burrón; y muchísimas historietas. La cosa era seguirlas pues algunas no terminaban el episodio y continuaban en el siguiente número.

En esos tiempos los dominicales eran páginas con grandes y amenos relatos, costumbre que al paso de los años y del pragmatismo se perdieron. Los relatos actuales, quizás impecables según las reglas periodística, carecen del gracejo, de la temática inspiradora, de las frases ingeniosas.

¿Cuándo se perdieron los suplementos dominicales? La mente se niega a recordar, pero con ellos se perdieron las intenciones de crear el hábito de la lectura en los niños. Y la fantasía y conocimientos porque dentro de ellos había mucho material científico escrito de manera entendible para todos.

Otro elemento solicitado eran los crucigramas cuya solución llegaba con el número siguiente. Ahí estaban quebrándose la cabeza como dice el refrán, en busca de las soluciones y eran un magnífico estímulo intelectual.

Los tiempos cambiaron, las estructuras se modificaron, los gustos se hicieron pasajeros y hay que darles contento cada cuando para conservar el interés por una publicación. Esos maravillosos “monitos” dominicales eran los mismos en varias publicaciones de tal manera que si una se agotaba, posiblemente otras no y ahí los encontraban, igualitos. El pasado no es un buen refugio pero hay cosas que valían y se perdieron. Les dieron matarile las revistas semanales como el Pepín o El Chamaco Chico y más tarde, las historietas semanales en pulcros volúmenes, una de ellas muy popular fue el Memín Pinguín. Así comentarán sobre estos días generaciones del futuro.

Comparte la nota

Publica un comentario