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Morelia, Michoacán a 30 de mayo de 2017
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El tiempo que se fue…

1 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

En ese tiempo, Morelia tenía una atmósfera azul, límpida, con el mejor clima del país, afirmaban los expertos, y los chamacos subían al Quinceo o al Punhuato coronado de pinos, a recoger capulines o al rastro viejo por tunas, según las estaciones. La loma tenía encinos y madroño, zapotillo, uvilla silvestre y granicillo para los pájaros. Había muchos árboles de pirul, de los que la gente cortaba racimos que ponía en las jaulas de sus gorriones pecho amarillo.

Ser adolescente y andar sus recovecos y sus calles del centro, tan estrechas, era un placer de la mano de ese novio adolescente con quien nadie se casa, que cortaba una rosa del jardín para su chamaca quien se apresuraba a ponerla entre los cabellos sostenida por un pasador, flor que al morir lentamente exhalaba un perfume delicioso.

La Plaza de Armas tenía jacarandas que lucían sus flores entre azul y morado cuando llegaba la cuaresma y magnolios; el atrio de Catedral se llenaba de azahares caídos de los naranjos agrios que lo adornaron junto a dos durazneros. Por las tardes, las campanas llamaban a rezar ese rosario incomprensible en latín que sin embargo, los ancianos sabían de memoria y el olor a cera e incienso salía del templo y se unía a los de las flores en una mezcla excitante. Ya estaban en el portal los puestos de gelatinas del atardecer: de leche, combinadas, o de jerez si querían con rompope o sin él. La cebadina y la garapiña deliciosa que sabían hacer los Mejía y cuya receta a lo mejor se perdió. Hoy sólo venden las gelatinas tradicionales con Don Pancho y Rosita, que de frente al mercado de San Agustín, en Abasolo, se mudaron por la mañana a Nicolás Bravo 401 y por la tarde, a García Obeso 207, para quien quiera saborear recuerdos.

Morelia tenía sus personajes: “El Güicho” mandadero de todos, que empeñaba los libros de medicina en el monte, evitando que vieran a sus dueños y sus loquitas Josefina y Lupe. Lupe “La Loca” te daba guerra pide y pide y Josefina “La Loca” se dedicaba a molestar a las monjitas del convento de las Trinitarias, pidiendo que le regresaran a su hija y apedreando el edificio. Teresa “La Limosnera” salía con su montón de hijos amarrados con una cuerda a la cintura, se decía que vendió a la mayor a un “tratante de blancas” cuando cumplió 14 ó 15 años. Y cuando un día la atendieron de un parto y le hicieron salpingotomía para que no siguiera utilizando a los hijos, demandó a los médicos del Hospital Civil. Las lenguas viperinas decían que los muchachos de las casas del estudiante la bañaban y la usaban haciéndole niños, pues no usaban protección.

En Carrillo y San Juan estaban los escuadrones de la muerte… bien borrachos, que tomaban su té con piquete de las grandes ollas humeantes de las vendedoras. Agustina “La Mocha” vendía sus novenas para rezar a los santos y con las ganancias iba a “La Marina Mercante” o al “Moro Musa” a ponerse una guarapeta de antología, amaneciendo tirada en la calle, con su caja de novenas rota y los cuadernillos regados, totalmente encuerada.

Las casas tenían abiertos los pasillos tras rejas de madera que mostraban parte de los patios con un naranjo agrio y muchas macetas de flores coloridas y aromosas. Las viejecitas salían al balcón de la sala a ver pasar la gente y a chismear: Lucita, cuando se va al rosario viene el novio a ver su nieta, tiene coche. Un novio con coche era un orgullo pero también un peligro según las metiches, pues te podías subir y quién sabe a dónde te llevaran. Pero en esa época, todo se sabía y no había posibilidad de portarse mal, no podían ir a nadar a la Alberca Leticia, porque era lo más peligroso pues en sus aguas naufragaba la virtud, según esas malas lenguas.

Hoy, Morelia huele a Cepamisa, a Química,  está llena de neblina de los contaminantes, los muchachos no tienen novias, solo amigas sin compromiso pero con muchos, muchos derechos. Las chiquillas de 12-13 años lucen un embarazo mientras juegan volibol en la  secundaria. Ya no hay loquitos ni un Güichito simpático y acomedido. Morelia, la Morelia del ayer dónde y cuándo te fuiste. Sólo le canta José Misael.

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