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Los mexicanos y sus presidentes

23 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Ada Estela Vargas Cabrero
Hay un divorcio entre las elecciones presidenciales y el candidato favorito y la actuación de del mismo cuando es ungido  por el voto popular. La primera disputa es por el número de votos y siguen innumerables quejas hasta fastidiar. Y esto hace reflexionar ue hablando en plata y sin remordimientos, la izquierda no existe en México: se autocalifica como tal un grupo de vividores exaltados que se oponen a todo por todo y con todo pero aviesamente cobran con las dos manos dentro de las percepciones oficiales, de eso viven, de eso se mantienen y de eso sostienen sus “diferencias”. Los comentaristas que no temen a los mandos de las altas esferas podrían sostenerlo y probarlo no se atreven a ser defenestrados y hasta eliminados.

Es una vieja modalidad de aparentar lo que no es; dentro del territorio solo existe una corriente liberal y una retardataria. Pero en ambas hay corrupción, una da y la otra recibe.

Los años de vida han permitido a pesar de tener hace un titipuchal de tiempo poca edad, leer, escuchar, valorar con buen o poco criterio los comentarios sobre las gestiones presidenciales. Se iniciaron con Lázaro Cárdenas y aunque más tarde fue ungido  casi como un santo, en su tiempo la crítica fue demoledora sobre todo por los despojos de tierra. La cosa cambiaba respecto a la política internacional, pues fue una época de oro para este país. Con Manuel Avila Camacho empezaron graves dificultades, sobre todo respecto a los familiares que eran los parientes incómodos. De Miguel Alemán Valdés, no se daga. Desde cierta famosa bofetada a una gran diva allá por el rumbo de Acapulco sobre un yate, hasta cosas horribles de dinero. Lo más recordable es la construcción de la Ciudad Universitaria de la UNAM. Adolfo Ruíz Cortines fue amigo personal de quien esto escribe cuando tenía la edad de 13 años, increíble en estos tiempos pero probable entonces. De él nada que decir, por el respeto de su acercamiento, la calidad amistosa y lo que se considera una buena gestión con descalabros financieros porque el dólar empezó a irse al cielo.

Echeverría fue un presidente en cuya campaña se participó: llegaba en candidato antes que sus colaboradores y era el último en irse, horarios ingratos de seis a.M a 3p.M. sin chistar y su error fue tratar de imponer un modelo de país sin futuro, la URRSS se iba desplomando sin que la mayoría se diera cuenta. No tuvo salida este sistema, avances.

De los siguientes, usted ya puede emitir su opinión. Hablemos de Peña Nieto porque recuperó el cargo después del fracaso estrepitoso de los dos gobiernos de derecha, el de Fox con todos los dislates graciosos y el del moreliano Calderón ambos incapaces de dar un rumbo, marcar una diferencia que sostuviera a su partido en el poder. Perdieron el favor popular.

Peña  Nieto llegó con un apoyo impresionante, marcado por las notorias preferencias femeninas y la famosa porra de “Enrique, bombón, te quiero en mi colchón” lo que provocó no pocos roces incruentos con el marcado machismo mexicano. Hoy, hay que darles un voto de confianza a las mujeres que lo apoyaron porque no se equivocaron, ha tratado de imponer reformas al estado mexicano, que debieron impulsarse desde Salinas al que no dejaron hacer ni ser. La carencia de reformas estructurales ha hecho de México un país difícil, corrupto, en manos del crimen organizado y desorganizado, casi ingobernable al sostener la dizque “oposición izquierdosa” configurada por un eterno líder que se parece al contrincante de Porfirio Díaz en su deseo de ser presidente: aspirante vitalicio, porro fallido y mal estudiante, aunque peor político que siguen masas informes propensas inocentemente al engaño. Sin embargo, Peña Nieto ha roto barreras infranqueables y la prueba de ello es el reconocimiento como el estadista del año 2016, algo que no esperaban sus enemigos.

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