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Los Tzompantli, el México siniestro

4 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Los aztecas fueron un pueblo muy especial, sufrido y perseverante. Cuando pidieron al señor de Xochimilco un lugar para establecerse, les pusieron como condición que acabaran con sus enemigos los culhúas pero que deberían llevarle una muestra de ello. Ni tardos ni perezosos un buen día se aparecieron con costales en los que había cuatro mil pares de tanates. Al ver esto, los xochimilcas se horrorizaron y los corrieron. Los aztecas se refugiaron en un islote infecto, sin vegetación y sin recursos, lleno de víboras cerca de Santa Fe. La gente creyó que perecerían por falta de alimento pero se enseñaron a comer hueva de mosco, larvas de hormigas, nopales y tunas, ranas, víboras, lagartos, etc. y desde entonces, en la ciudad de México es tradición que nada desperdician, lavando por ejemplo las tripas de los pollos, picándolas, friéndolas y haciendo tacos. Aparte, la dieta es rica en vegetales como los quelites de todo tipo.

Cuando guiados por Tenoch pudieron establecerse ahí donde de acuerdo a la profecía vieron un águila posada sobre un nopal devorando a una serpiente y fundaron Tenochtitlan o Mexitli en honor de Huitzilopochtli, al paso del tiempo y auxiliados por los buenos oficios de esos embajadores y comerciantes que tuvieron se convirtieron en una poderosa ciudad que sometió extensos territorios a los que cobraban tributo, las guerras les proveyeron de prisioneros a los que alimentaban cuidadosamente, para engordarlos y después sacrificarlos a sus dioses. Los conquistadores españoles los acusaron de antropofagia, asegurando que comían las carnes más tiernas y los corazones que primero se ofrendaban al sol. Nadie lo ha comprobado, quién sabe.

Lo cierto es que cuando hubo períodos de paz, organizaron las guerras floridas y estas les dieron esos prisioneros necesarios para alimentar las ansias de sangre de sus deidades. Y se dieron a la tarea de construir los famosos zompantlis (Zontli = cabeza; pantli = hilera) y los investigadores dicen hubo siete en Tenochtitlan.

Parecen unos altares de calaveras, algunos les llamaron sábanas, pero lo cierto es que llaman la atención por su laboriosidad y presentación, claro eran para acompañar a los dioses en los mejores templos.

La crueldad de los aztecas nunca ha dejado a la raza, siendo esta uno de sus rasgos predominantes. Hace muchos años el diario La Prensa publicó libros muy interesantes aportando datos a la historia de México. Hubo algunos que describieron detalladamente los asesinatos más crueles sin que siquiera imaginaran hasta dónde se llegaría en esta etapa: desde las cabezas tiradas en céntricos y concurridos lugares hasta los desaparecidos en bola con tumbas colectivas que en realidad, son copia muy mal hecha de esos zompantlis del pasado prehispánico.

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