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Tradiciones desvirtuadas

22 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La hermosa tradición del ritual místico del Día de las Animas conocido mejor como noche de muertos que hizo famoso a Michoacán y que se le integró como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad se ha comercializado tanto que está perdiendo su esencia.

Basado en las creencias prehispánicas sobre la muerte y modificado por la iglesia católica ante la imposibilidad de acabarlo, consiste en que se espera la visita de las ánimas de los difuntos de la familia la noche del día dos de noviembre. El ánima es el soplo de vida, cuando naces empiezas realmente a vivir a plenitud después de aspirar por primera vez el aire que da precisamente vida, ánimo, movimiento pues es energía canalizada.

Se le espera con una ofrenda (No es un altar, hablando correctamente) donde se ofrecen los alimentos preferidos por el difunto entre abundantes flores de cempasúchil que por sus alegres colores que van del anaranjado, a diferentes amarillos combinados en algunas con un poco de rojo o borgoña, señalan el camino de la luz, del zodiaco que viene del griego y significa precisamente eso, amarillo, luz. Se le ponen unos toques de morado obispo con las pequeñas cabezonas o las perfumadas orquídeas de las ánimas, porque es el color de lo oculto, lo místico, lo espiritual (Espíritu es un dejo, una esencia  individual) entre papel picado morado y amarillo. No es correcto poner garra de león que es  rojiza, nunca morada aunque sea más fácil su cultivo. No puede faltar la sal, porque es el sabor ni el agua, que es un elemento vital. O las cenizas, que  representan a la tierra. O las velas de cera encendidas que son las vidas en el camino de la evolución material, por eso no deben apagarse soplando, sino comprimiéndolas. Tampoco se ponen verduras, solo frutas como cañas, naranjas, mandarinas, jícamas, limas, tejocotes, plátanos, cacahuates. No pueden faltar los dulces de calabaza, camote, higo, piña, chilacayote, etc. tan mexicanos en deliciosos trozos. Ni el pan especial de este día, el sabroso pan de muerto hecho con esencia de azahar bien en forma de pequeña momia o redondo  con las canillas de una calavera encima. Ni las calaveritas de azúcar, que llevan en la frente el nombre del difunto.

En algunas poblaciones las ofrendas no tienen escalones, en otras tienen tres o siete, según las variantes. Hasta mediados de los años setentas, eran sancionados por las autoridades escolares como religiosos y la arquitecto michoacana Cristina Mendoza, esposa de un escenógrafo de televisa, realizó una serie de investigaciones para demostrar que fue un ritual prehispánico pues se encargaba de diseñar cada año la ofrenda de la Secundaria Federal Número 72 de la ciudad de México, cuyo nombre es Diego Rivera. Quien dijera que la lucha de aquella valiente dama y profesores  transformó al país porque ahora hay concursos de ofrendas, lo que le quita su simbolismo a la ceremonia, al ritual y lo comercializa. Precisamente una lujosa ofrenda se exhibe cada año en el Anahuacalli, la casa que fue del famoso muralista: ahí destacan esas ollas hermosas de Michoacán llamadas piñas, vidriadas e verde con sus ganchitos de donde cuelgan otras pequeñas. Tampoco faltan los tamales, el atole, las tortillas, el mole, el arroz, una botella de tequila, etc.

Cada región les otorga un significado algo distinto, pero en general lleva los cuatro elementos, los  frutos de la tierra, los alimentos, el papel picado, las flores. A veces sí y otras no, un retrato del difunto, velas de cera y veladoras, la ceniza y sal. Las cazuelas y cucharas par servir suelen ser hermosas, así como las ollas

Ahora bien, Guadalupe Posadas creo a la catrina y la popularizó Diego Rivera muchos años después, pero hoy se ha vuelto una industria, una artesanía, un  disfraz, comercialismo puro, pero en fin así es el pueblo.

El comercialismo de las autoridades que llenan de seudo ofrendas todos los rincones posibles, escuelas, espacios públicos, etc. ha desvirtuado el ritual y lo ha convertido en algo vacío y hasta feo, lo tradicional se suprime y da lugar a feos mamotretos modernos. Ya les metieron alfombras como las de Huamantla, Tlaxcala y aserrín en lugar de flores.

 

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