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Michoacán, riqueza y miseria

9 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

No hay duda en que, en la producción agrícola, nos movemos en un los primeros lugar en la producción de la guayaba, el aguacate, en limón, de mango, de zarzamora y por lo menos en una decena de productos agrícolas, en donde tenemos los primerísimos lugares a nivel nacional, pero que esta derrama de riqueza, no se ve aprovechada en los trabajadores del campo, porque hay una desigualdad en la entrega de la paga de los productos para su aprovechamiento, y que mucho se hace en la paga de las familias, como se hace en San Quintín en Baja California, y que no sabemos en cuánto se negoció el día por persona, o en cuánto se negoció la contratación por familia, cómo es que se contratan a estos emigrantes del empleo del campo, que  por lo menos debería ser de 300 pesos diarios y con los claros registros al Seguro Social, con todas las prestaciones para la salud integral de toda la familia, que en los entornos del trabajo, habrá en educación y educación de calidad, con todas las prestaciones de becas, por estar en el esquema de miseria y de miseria extrema, y que demanda a la educación, ahora de calidad, en donde las escuelas no sean de palitos, no los profesores que estén de paso, sino arraigados por los estímulos  al docente, todo esto se origina a partir del artículo el Estado “Lidera, en riqueza y en pobres.” (02/08/2015.

Pero la realidad, el entorno social en que se ubica el trabajo, ahora comunitario, y que se pone a tono con la tradición de que la familia está lejos, los territorios para la siembra, el desplazamiento de la familia es el costo mayor y que llama a que los pueblo construyan su vivienda, su barrio, en definitiva su pueblo, que se convierte en la jerarquía superior, socialmente hablando para el entorno de la familia, no nuclear, sino la gran familia a la que hemos estado en contacto con nuestras comunidades indígenas.

Por toda la república existen experiencias de cómo han resuelto el problema del trabajo, de la introducción de capital, en el nuevo sistema de la economía de la globalidad, que poco a poco limita y subordina al trabajo de la comunidad, que no tiene el valor sólo de restituir los salario, como el costo universal de las relaciones capitalistas, sino que el trabajo social, que es el sustento de toda valía comunitaria, la que le da existencia a la propia familia consanguínea, la que mantiene con las lazos dentro y vinculados en todos los trabajos de la comunidad, que le vuelve fuerza para el desarrollo económico, pero todo vinculado a la sociedad que es la que legitima y en la que confían todos los miembros de su comunidad, una riqueza superior, a todo salario, porque es capaz de producir las demás jerarquías sociales que se obtienen en el conjunto, con la calidad del apellido, que heredamos de la propia jerarquía del poder social del mayorazgo, que se integra como la potencia social que se traduce como custodia y no de posesión social al seno de la familia consanguínea.

Pero no sólo eso, no es sólo un problema que tiene que ver con la familia consanguínea y que es uno de los sustentos de la historia reciente de nuestros pueblos, la fortaleza social, se nutría de las redes que esos pueblos tenía como compromiso legal, incluso la propia adopción de las víctimas de un delito con la pérdida del titular de la familia, que era adoptada por el agresor, y todos los demás compromisos que suponía vivir con el derecho de ir a la escuela, al Calmecac, como un privilegio social, prioritario de cualquier familiar miembro de la comunidad.

“Los hombres existieron antes que el Estado y no fue éste resultado de la naturaleza interior o potenciada los individuos” nos dice Adorno-Horkheimer en sus estudios sobre  el origen social de la familia, sobre las relaciones como individuos y por lo tanto como sociedad. (Adorno-Horkheimer: La sociedad, Ed. Proteo, 1969.) por lo tanto, la comunión como expresión social, al menos en las sociedad mesoamericanas, se debieron a un posterior acuerdo, como Estado, como la versión de un Estado Burocrático, el denominado como Asiático de Producción, que se cimentaba en las estructuras burocráticas para la  producción, todas a cargo del Estado.

Por eso, el modelo de Asiático para la Producción no ha resultado compatible con las economías capitalistas, y han tenido que hacer, una construcción social del conocimiento, para que estas concepciones como la familia consanguínea, se conserven como parte corporativa de la sociedad, allí, en los pueblos, y den las formas de propiedad comunal, de  propiedad comunitaria, forma en que persiste y se mantiene la herencia sobre las acciones del trabajo, las del trabajo comunitario, capaz de crear y fortalecer las estrechas relaciones de pueblos, y que el sentido de nuestros pueblos, reconocido por el General Cárdenas, no era susceptible de cambio, incluso como sacrificio a favor del Estado, porque este era superior, como lo es la propiedad del Agua en el caso de los pueblos Yaquis de Sonora, que son antes que propiedad de la Nación, es la propiedad de las culturas mesoamericanos, y que no puede disponer nadie, sino como acuerdo de la comunidad, que es la construcción ciudadana de los pueblos, es lo propio de la ciudadanía con origen en el sentido histórico.

Las instituciones que se hacen cargo de las gráficas de la pobreza nacional del campo, como Sedru, Sedeso y Sedesol, que reconocen que en Michoacán, tenemos una producción de riqueza de 46 mil millones de pesos, en el tono local, un 5% de  PIB, también se produce una pobreza que alcanza el quinto lugar nacional, y que por demás resulta contrastante que a mayor riqueza social producida, no tengamos la mejor paga a nivel nacional, en los salarios para el trabajo migrante comunal, o para el trabajo de los lugareños, en las cuenca de alta producción de la globalidad, sobre todo en las regiones de la tierra caliente de Huetamo-San Lucas, los salarios no van más allá de 120 pesos, o por faena, que no transfiere nunca los 200 pesos por la obra.

Este contraste es propio de la producción con el sistema de la globalidad, en la que los pagos deshacen toda la estructura social de los pueblos indígenas y los contratan como individuos, como la capacidad de producir en lo individual, y no como una masa social que se desplaza, de sus propias comunidades, para poder contratarse como trabajo asalariado, y no como trabajo comunitario, tal como se comportan el grueso de las comunidades, cuando son contratadas por las temporadas de cosechan en la producción de la Globalidad.

Es en este factor de contratación de la comunidad de los pueblos para el trabajo, que se explican pueblos enteros que con el nulo desarrollo de la comunidad en el trabajo comunal, en primer lugar, no encuentran la versión capitalista para la producción individual y en los pueblos mesoamericanos, nos vemos en la necesidad de buscar los empleos en las fábricas, en los talleres con sentido comunitario, que mucho depende de cómo se comporta el trabajo libre, en una sociedad comunitaria, que por economía, mucho se han familiarizado el trabajo individual y comunitario en sociedades como Paracho, como Nahuatzen, Cherán o los pueblos de la Cañada de los 11 pueblos, entre los que se encuentran Chilchota y Carapan de manera distinguida, para nuestra sorpresa aún perviven los mercados de intercambio, de trueque, sin que medie el dinero.

Los reportes de Ceneval nos indican que por lo menos un millón y medio se dedica al campo michoacano, en donde aparecen 650 mil ahora, apenas hace unos años,  y se vuelca hasta llegar al millón de  pesos en apenas 3 años, nos reportan que las políticas dedicadas a dotar los datos de pobreza y de pobreza extrema, se dan con la mayor producción en el campo, aquí en Michoacán, se dan estas desproporciones con toda la falta de equidad y justicia social.

Y en esta transición, ¿qué vamos a hacer para que las desigualdades aparezcan como una ruta alternativa, cómo hacer para que la pobreza sea disminuida con el trabajo en la producción agrícola, en donde padecemos un 34% de carencia en las familias que emigran, y las que no emigran y residen en el campo  michoacano, padeciendo ya su propia enfermedad, la pobreza extrema, con la que no contamos ni siquiera con un dólar diario para alimentarnos, para la sobrevivencia, en los magníficos campos de cultivo en Michoacán?

Ni qué hablar de otros derechos, como son los de la salud y la educación en Michoacán, para todos los emigrantes y los que ya radican en al campo michoacano, porque a la ausencia de pagos, no existe la disciplina para aportar a los recursos para asistir a la escuela, para ser atendido al menos en postas médicas, ya no digamos en clínicas que se presenten con los servicios que no tienen para asistir a las mamás con la necesidad de los partos y los necesarios cuidados de urgencia, para tener ahora la necesidad de dar a luz en la calle, fuera de los servicios que para otros, sería en una cama de hospital, como mínima atención de vida.

Es necesario tener una fortaleza para no llegar a la desesperanza, una paciencia en el abandono de la pobreza, para que la angustia no nos lleve a tener otra respuesta en la entidad, con el máximo de productividad del  campo, allí en donde somos primeros lugares en la producción, pero que no existe la derrama de nuestros productores, las derramas de salarios, no se dan con la justeza que demanda el nivel de vida de los emigrantes de las familias propias, las indígenas de Oaxaca, de Guerreo y Michoacán, por el contrato por familias en la recogida de los productos, al igual de San Quintín, en Baja California, aquí, cometemos la injusticia de la peor paga, en donde tenemos el primer lugar de la producción agrícola el país. Riqueza y miseria el contraste de la economía global.

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