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Brilla la vida inmortal en los panteones

1 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Nuestros panteones se visten de flores y de gala porque la vida es inmortal. No celebramos la muerte sino la vida eterna y el horizonte total de la existencia.

Para el 2 de noviembre, desde la víspera, en los panteones hay limpieza, adornos de flores, fiesta, música, comida muy sabrosa. No hay luto, hay alegría profunda.

Hay fiesta en la familia que se prepara con meses de anticipación.

No se celebra la muerte sino la vida verdadera.

Es una tradición ancestral, una herencia preciosa. Los pueblos indígenas tenían una fe clara en la otra vida, la verdadera, inmortal.

También la visión de la vida en la tradición católica y cristiana es esplendorosa y abre el horizonte a la dimensión plena e inmortal.

En sus celebraciones litúrgicas, hace siglos que la Iglesia dedica el 2 de noviembre a orar por los difuntos. El día primero es otro aspecto de la fiesta, está dedicado a celebrar a los cristianos que están en la gloria y son santos.

La fiesta de Halloween, en su origen está ligada a esta conmemoración, es la fiesta de Hollowseve, la víspera de todos los santos.

En las tradiciones, en las creencias de los pueblos indígenas destella la fe en la vida eterna. Asomándose a su alma queda de manifiesto que no celebran la muerte en la tristeza sino la vida en la alegría.

Hay un estrato cultural profundo y rico en México. En las culturas indígenas,  hay una cosmovisión profunda y religiosa, hay valores que le dan sentido a la vida y un brillo de alegría.

No hay que permitir que se erosione ese sustrato.

La tradición católica, igualmente, es de fe, esperanza, amor y gozo. ¿Saben cuál es la verdad central en torno a la cual se organiza la vida de los católicos? Es una persona y un  hecho central. Es Cristo que murió y resucitó y entró en la vida nueva e inmortal.

Este Cristo resucitará a los muertos en el último día. Los llevará a la vida inmortal.

Cristo tiene un oráculo, un anuncio grave y solemne en el evangelio de San Juan: “Llega la hora en que todos los que están en las tumbas escucharán la voz del Hijo del Hombre (Cristo), los que han hecho el bien saldrán para la resurrección que lleva a la vida y los que hayan hecho el mal para la resurrección que lleva al juicio”.

Cristo resucitó, apareció con su cuerpo glorificado, vestido de inmortalidad. De igual manera dará la vida a nuestros cuerpos mortales. En enseñanza que recalca San Pablo.

Por eso reza el credo de las misas dominicales: “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Esta luz de la fe ilumina los acontecimientos de nuestra vida: Hay verdades que tenemos que recuperar del olvido, aclarar, proclamar.  La fe en la vida eterna está apagada, no influye en los proyectos vitales de las personas.

La verdad es que la muerte es sólo aparente. El difunto muere para este mundo, para la etapa mortal, material. Es la etapa de caducidad, mortalidad, provisional y pasajera que termina.

La vida del ser humano, del alma humana continúa, su horizonte es la eternidad celeste, gloriosa. Esperamos el día final de la resurrección de los muertos.

El cuerpo de carne y hueso de quien tomó a Dios en serio y realizó su plan de salvación va a resucitar para la gloria que es nuestro destino definitivo.

El cuerpo se vuelve polvo o cenizas sólo provisionalmente, espera la resurrección. No es un desecho que no valga nada, que haya que esparcir en lugares románticos.

El cuerpo es digno de sagrado respeto por eso se guarda en lugares sagrados y la persona necesita ser acompañada con la oración de la comunidad en esta larga espera.

En el día de muertos, el creyente sabio tiene bien claro el sentido de la celebración: celebrar la vida eterna, orar por los hermanos que dieron un paso adelante, evocar su memoria y su presencia nueva, inmaterial. Darle lugar a la esperanza de volverlos a encontrar. La fiesta de los muertos es imagen de la fiesta verdadera del encuentro con ellos en el país de la vida.

Hay que resistir a la tentación de divertirse a lo necio y a lo bruto con destrampe, consumo, viajes turísticos. No hay que ceder al impulso de las bajas pasiones que quieren borracheras y comilonas, placer sensual.

Hay que tener una celebración de los difuntos muy pura, de muy alto nivel, el placer será genuino, pleno, con delicias exquisitas, del mundo definitivo, de la vida divina.

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