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Hablando con propiedad

26 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“El uso no siempre mejora una lengua,a veces la menoscaba y hasta la corrompe” Pedro Gringoire

Con bastante frecuencia hoy día, en pleno siglo XXI, escuchamos a muchas personas hablar con palabras muy desconocidas para la mayoría de la población; usan un lenguaje que dista en mucho de ser nuestro idioma español. Lo mismo sucede en los mensajes enviados por medio del teléfono celular en los cuales aparecen palabras con grandes errores gramaticales; dando como resultado enormes disparates. Por otra parte, y sobre el mismo tema, hay anuncios en los comercios que usan letras que no van de acuerdo a lo que dicta la Real Academia de la Lengua Española.

Esto no quiere decir que nuestro lenguaje español no tenga que modificarse cada día con usos y costumbres de la actualidad; pero hay que hacerlo sin que esto signifique el que tengamos el hecho de aceptar cualesquier disparate para comunicar nuestros pensamientos e ideas.

Al respecto, el escritor Gonzalo Báez Camargo, quien se firmaba  con el pseudónimo de Pedro Gringoire, en su libro Repertorio de disparates, tercera edición, dice lo siguiente:

“Las lenguas no son entidades congeladas, fijadas una vez para siempre, sino organismos vivos que crecen sin cesar, renovando y aumentando su vocabulario, ya por la admisión de neologismos útiles, ya por la ampliación de sus acepciones.  En un mundo en que el aislamiento es cada vez menos posible, en que el intercambio cultural puede ser enriquecedor, y en que a sí mismo el avance de la tecnología produce nuevos medios y formas de vida, una lengua no puede permanecer estacionaria, encerrada en los límites del habla clásica o tradicional”.

“Como todo ser vivo, una lengua crece por desarrollo propio, no solo produciendo nuevos vocablos de acuerdo con su idiosincrasia sino remozando algunos de los caídos en desuso. Pero un ser vivo crece ingiriendo elementos que le vienen de fuera. En el caso de una lengua aceptando y adaptando de una lengua términos necesarios y recursos expresivos ventajosos.

No todo lo que un ser vivo puede ingerir es, sin embargo, realmente nutritivo.  Puede ingerir alimento, pero también basura. Puede obtener de lo ingerido nutrición, pero también infección.

Un simple vistazo al diccionario, notando las etimologías, basta para mostrar cuánto debe el vocabulario castellano, a otras lenguas, y no solo a las maternas latinas y griega, sino a otras antiguas  y modernas, aún a veces de un ámbito distante por la geografía.

Pero a la vez que adopta y adapta elementos lingüísticos foráneos, una lengua debe ser fiel a su propia identidad y a su genio propio. Posee modos y normas que arrancan de su íntimo ser histórico y filosófico, que no debe traicionar sin negarse a sí misma. Bien se ha dicho que la lengua es el espejo del alma de un pueblo, y ese espejo ha de conservarse limpio y claro. Lo cual significa el deber de amar y cuidar la lengua propia, sintiendo orgullo de tenerla y hablarla bien.

Es irritante la ligereza y desenfado con que alguna gente trata la lengua materna. Pescan al vuelo cualquier vocablo extranjero y lo meten sin más ni más, cuando hablan o cuando escriben, ya sea vivito y coleando o diz que castellanizando a la trompa talega o a la brocha gorda, sin la menor consideración con las leyes fonéticas y hasta ortográficas de nuestra lengua. Y lo que es peor, sin tomarse el trabajo de inquirir si en castellano tenemos voces propias que suplan, y a menudo mucho mejor, el barbarismo extranjerista que tan frívolamente se importa”.

Para escritores,  comunicadores en cualquiera de los medios y pueblo en general  es recomendable el libro de este autor; y por supuesto para evitar errores gramaticales lo mejor es usar un buen diccionario de la lengua española; así nos evitaremos ser agentes y cómplices que corrompen el buen hablar y escribir en nuestra diaria forma de comunicarnos.

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