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Morelia, Michoacán a 27 de marzo de 2017
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Iglesia Presbiteriana

25 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Lectura bíblica: Mateo 6:5-9ª

Texto clave: “Este pueblo… con sus labios me honra pero su corazón está lejos de mí” Isaías 29:13

Fuertes y acusadoras son las palabras de Dios a su pueblo por medio del profeta; pero era una realidad innegable que no se podía esconder. Del mismo modo podemos afirmar respecto a nuestro medio socio-religioso; y por lo tanto cualesquier parecido con las gentes de aquel entonces con  nosotros, pareciera mera coincidencia.

Ante estas verdades, las enseñanzas del Nazareno siguen firmes, y siempre directas para que al hablarle a Dios tomemos  conciencia de lo que decimos en la oración. Por eso Jesús nos pide que oremos así:

“Padre nuestro que estás en los cielos…” Una paternidad que se hace patente en la pluralidad de su Creación del género humano. Que al orar le reconozcamos como Padre Creador de todos los seres humanos. Que las palabras sean confirmadas por la mente y el corazón declarando que Dios no es propiedad particular de raza humana alguna ni,  de elites sociales o de grupo religiosos determinado.

Dios se encuentra por encima de toda la humanidad, diferente a todos los padres humanos; “que hace que su sol salga sobre buenos y malos y llueva sobre justos e injustos”, que recibe al hijo que arrepentido regresa al seno paternal, y que invita al hijo que se niega a entrar a la fiesta de la familia. Aquí Jesús enfatiza que nuestras relaciones con Dios son de familia donde la fe es esencial en el reconocimiento de El como Padre.

Oración: Dios, me dispongo a vivir en familia con todas las personas porque tú eres nuestro Padre.  Por Jesucristo, amén

Lectura bíblica: Mateo 6:5-10

Texto clave: “El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu de Dios” Romanos 14:17

“Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Antes que pedir algo, Jesús nos invita a que le digamos a Dios que estamos dispuestos a entrar en el compromiso de la fe en la práctica. Tomar conciencia de que el reino de  nuestro Padre celestial es ante todo y sobre todo: justicia, paz y gozo en el Espíritu de Dios”; y que estamos dispuestos a vivir lo que significa en la vida personal, en la familia, en la comunidad en todas las relaciones de la problemática de la sociedad.

Decirle a nuestro Padre celestial que estamos decididos a hacer su voluntad donde quiera que estemos, en el aquí y en allá de la geografía terrenal; en el tiempo que sea; en el ahora y  en el después; y que seamos lo que seamos: gobernantes y/o gobernados,  y que queremos buscar que su reino se haga realidad en nuestra vida y en nuestro tiempo; reino de su justicia entre los hombres todos.

El reino de Dios es más que palabras, más que un espacio en la geografía de nuestro mundo; es un modo de vida en el ser y en el hacer del ser humano en todas las relaciones; es vivir su amor y su paz sin discriminación alguna en un mundo tan convulsionado como este en que nos ha tocado vivir,

Oramos conscientes de que estamos dispuestos a que se haga la voluntad de Dios en nosotros.

Oración: Dios y Padre: acepto hacer tu voluntad para que tu reino sea realidad entre nosotros. Por Jesucristo, amén.

 

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