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Jesús, salvador, Dios con nosotros

24 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“El salvará a Israel- pueblo- de toda su maldad”

Rey David

“El nacimiento de Jesucristo fue así… y llamarás su nombre Jesús… y Emanuel…( que significa: Dios con nosotros) San Mateo 1:21,23.

Para tratar de entender mejor el porqué de estos dos nombres de Jesucristo, hemos de conocer un poco de la situación sociopolítica, económica y religiosa de su pueblo del tiempo en el cual él nació; en donde la práctica de vida se desarrollaba en tal forma, que Dios por medio de los profetas declaraba: “Este pueblo con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13) La población, en general vivía en descarada corrupción, en cierta manera que la  sociedad la formaban tácitamente dos clases, los ricos y los pobres, subdivididas en la forma siguiente.

La clase de los que detentaban todo el poder la formaban los jefes políticos, la jerarquía eclesiástica y los grandes empresarios del comercio. Aunque había una clase media, ésta se ocupaba del pequeño comercio y algunos oficios manuales, como obreros que vivían de lo que podían conseguir cada día; y no era considerada completamente pobre. Había en su gran mayoría los más desposeídos, los que nada tenían, que desempeñaban trabajos manuales o vivían de la caridad pública.  Finalmente había la clase que la componían los esclavos, los que eran judíos, y los que no pertenecían a esta raza: su situación de bienestar dependía en mucho del  carácter de sus amos.

Pero por otra parte vemos que la nación judía vivía una  realidad de sometimiento al imperio romano, mismo que era indiferente a las prácticas y vida religiosa de la población.

Celebramos la navidad en un contexto de cantos, villancicos, música que trata de traernos alegría y optimismo, la vida misma.  Mucho de esto continúa como signos de mercantilismo superficialidad y carente de espíritu que hubo en la noche del nacimiento de Jesús, el  Mesías prometido.

Al lado de la euforia escuchamos el cantar de los comerciales. Somos actores en los conflictos de una sociedad cristiana de dicho, pero atea de hecho. Al lado de la música se suceden crímenes y la mala voluntad que deja viudas, huérfanos y hogares en miseria. Lo que confesamos de creer desmiente con lo que practicamos; es la antítesis entre lo que cantamos y lo que hacemos.  Vivimos una esquizofrenia de la dualidad, credo-práctica.

La realidad de nuestro tiempo no es muy diferente de la que vivía el pueblo judío en el tiempo que nació Jesús. Basta con prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor y en lo que vivimos y practicamos personalmente. Es en esta práctica cotidiana donde Dios viene a ser parte de nuestro vivir y de nuestro hacer para salvarnos de nuestra mala manera de vivir: tanto de los poderosos que explotan como de los que son explotados para que celebremos con dignidad la realidad de que Dios por medio de su hijo Jesucristo nos salva de vivir una situación religiosa,  que no honra al Creador de corazón.

Sólo escuchando el llamado de Dios por medio de Jesucristo a cambiar nuestra manera de vivir tendrá significado cantar noche de paz, noche de amor,  sin guerras y crímenes fratricidas donde Dios nos reclama: “Donde esta Abel tu hermano”, los conflictos sindicales y retención de salarios se acabarán  y se hará realidad de que el pan nuestro, es de todos.  La corrupción dejará de ser porque Dios “quitará a los poderosos de los tronos y exaltará a los humildes, a los hambrientos colmará de bienes y  a los ricos los enviará vacíos”.Dejará de haber niños golpeados y explotados, porque “de ellos es el reino de los cielos”.  Los salarios ya no serán tan mínimos, la drogadicción ya  no será azote de la humanidad, los indígenas y extranjeros no serán marginados porque “Dios creo al hombre a su imagen y semejanza”.  Entonces sí, la noche de paz y la noche de amor será una realidad y tendrá significado en su más alto sentido la Navidad.

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