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La última esperanza del dolor

14 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

“Señor sálvame”

Apóstol Pedro (Mateo 14:30-31)

 

Las tres narraciones los evangelios llamados sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, narran el hecho histórico de una mujer que recurrió a Jesús como su última esperanza de sanar de su larga enfermedad la cual le venía afectando su salud a lo largo de doce años. (Marcos 5:21-34)

Ésta mujer ya había sido tratada por muchos médicos los cuales le prescribían los medicamentos que sus conocimientos científicos les permitían utilizar para atacar la enfermedad propia del sexo femenino; pero ninguno había tenido éxito.  Es seguro que ella también se trataría  con algunos remedios domésticos e incluso había utilizado ciertas formas de supersticiones, tales como usar amuletos con tal de sanar de su mal.

Al contrario, a pesar de todos los médicos, medicinas, remedios caseros y supersticiones ella cada día estaba peor.  Su enfermedad que la aquejaba por largo tiempo y que por otro lado la había dejado casi en la indigencia, gastando todo lo que tenía buscando salud. Además su mal no le permitía adorar a Dios porque según la ley Mosaica le prohibía a toda mujer con flujo de sangre entrar al templo;  y como si fuera poco tampoco podía estar cerca de más personas debido a la fetidez que le producía su malestar.

Como resultado de todo esto era casi imposible acercarse a Jesús de quien había escuchado que muchas personas de diferentes enfermedades, ciegos, cojos, sordomudos y demás,habían sido sanados por él.  Pero no dándose por vencida se acercó a Jesús por su espalda porque se decía así misma que si tan sólo tocaba el vestido de él, sanaría.

Así lo hizo con la plena confianza de que sucedería tal como lo pensaba; en el mismo acto de tocar el vestido del Maestro sintió cómo su flujo se detuvo al momento.  No estaba equivocada, su fe en el médico divino no le defraudó.

Cuando Jesús sintió que había salido poder de su persona preguntó a sus discípulos quién le había tocado.  Por respuesta ellos le afirmaron que la multitud que lo seguía lo  apretujaba, por lo que no podían saber quién lo había tocado.

La mujer temerosa de que fuera reprendida por Jesús y que volviera su mal,  se arrodillo ante él y le confesó todo lo que le había acontecido y de cómo se acercó a tocar sus vestidos con la confianza de que sanaría, lo cual ya era una realidad; su mal había desaparecido.  Como respuesta la mujer recibió la confirmación de su salud cuando Jesús le dijo: “Hija, por tu fe  has sido  sanada; vete tranquila, en paz y curada de tu enfermedad”.

Aquí tenemos la historia de una mujer enferma que acudió a Jesús como su última esperanza de sanar después de haber  tratado todos los medios que el mundo podía ofrecerle.  Muchas personas piden ayuda a Jesús cuando están en su último grado de enfermedad; hasta entonces claman como el Apóstol Pedro: “¡Señor sálvame!”.

Ésta historia de un hecho real en la vida de Jesucristo al dar con su poder la salud de ésta persona es la confirmación de que él sigue sanando las enfermedades que aquejan a la humanidad;  su poder y amor por los que sufren aún sigue vigente, no ha terminado.Este es un llamado para que todos los enfermos depositen en Jesús toda su confianza en Jesús, el Médico divino, y escuchen las palabras de él que les dice: “Por tu fe has sido sanado (a), vete en paz”.

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