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La Voz de la Fe

31 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Daniel García Ibarra

Presbiterio del sur

 

“Buscad a Dios y vivirá vuestro corazón”

Rey David

 

Los tiempos que nos toca vivir hacen más difícil la posibilidad de supervivencia de la humanidad en general, mayormente de los más desvalidos y pobres de la tierra, son causados por las ambiciones de poder y de mezquinos intereses de los gobiernos y grupos de los poderosos en la economía mundial.

Esto se ve con  toda claridad en los conflictos armados en las nación es que provocan que miles de sus ciudadanos busquen abrigo para sí mismos y sus familias huyendo a tierras lejanas extranjeras lejos de su país de origen. Ejemplo de ello lo tenemos en lo que pasa en lugares al oriente de nuestro Continente.

Pero aquí en América Latina, específicamente en Centro América y en nuestro México, vemos cómo se cuentan por miles de inmigrantes que dejan su patria para ir en busca de mejor modo de vida y un lugar seguro donde encontrar paz y justicia. Esto ha provocado que muchos hombres y mujeres mueran en el camino o sean presa del delito en donde son explotados y asesinados.

Los continuos  problemas raciales que suceden en el país del norte, el cual se levanta como paladín de democracia y seguridad de la vida, dejan viudas y huérfanos, cuyo delito es ser de raza y color de piel distinta a la anglosajona. Lo mismo que sucede en  México, concretamente en Nochixtlán, Oax, en donde la masacre de maestros fue un claro desafío  a la justicia y al derecho de expresar su opinión respecto a las reformas del gobierno, que no aseguran mejor situación para la vida; y los asesinatos en San Juan Chamula en los Altos de Chiapas. Esto y muchos más casos, en los cuales somos testigos mudos por no tener la posibilidad de hacer algo para evitar tales hechos.

Ante tales situaciones y similares surge una interrogante que sale de lo de lo más profundo del  ser, que clama por un cambio: ¿Ante quién acudir para tener vida y vivir lo que se llama vida?  El rey David en su experiencia de ser perseguido y asediado por sus enemigos encuentra que buscando a Dios se puede encontrar lo que tanto necesita la humanidad, seguridad y justicia. Por eso declara diciendo: “Dios, Padre de huérfanos y defensor de viudas. Dios hace habitar en familia a los desamparados, y por su bondad da al pobre lo necesario” (Salmo 68:5,6,10)

Es tiempo de que la humanidad busque a Dios en verdad, no sólo de labios, y viva de acuerdo a sus mandatos para tener realmente paz y justicia para la vida.

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