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Llamados a ser justos

27 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Mejor es lo poco con justicia que lo mucho ganado en forma injusta”. Salomón

En las Sagradas Escrituras, la Biblia, en el Antiguo Testamento (A.T.) se nos habla de un campesino llamado Amós que vivía en Tecoa, pequeña población como a ocho kilómetros al Sur de Jerusalén, Palestina. Aunque él mismo declara que no es ”profeta ni hijo de profeta, sino boyero que recoge higos silvestres”, Dios lo llama para que profetice, principalmente en el reino de Israel, pero también en el reino del sur y en las naciones vecinas. En ese entonces, por el año 800 a 787 a. C.  Jeroboam era rey de Israel en el Norte, y Uzias reinaba en Judea en el Sur.

En estas dos regiones había sobradas razones para que Jehová Dios, quien había liberado de la esclavitud en Egipto a este pueblo, enviara un mensajero para que denunciara la corrupción y la maldad en que vivían, haciéndoles ver que El no estaba de acuerdo con su proceder. En esta forma es que el humilde campesino se convierte en Profeta de Dios para hablar en su nombre a las naciones mencionadas.

La prosperidad de poder y riquezas habían conducido a la sociedad a la idolatría, opresión e injusticia sobre los menos favorecidos; menospreciaron la ley de Jehová y no guardaron sus mandamientos. Vendieron por dinero al justo y al pobre por un par de zapatos, oprimieron a los pobres e hicieron sufrir a los necesitados; en sus palacios atesoraron la rapiña y los despojos de los más humildes. Convirtieron en amargura el juicio,  echaron por tierra la justicia y despreciaron al que hablaba lo recto. Robaron al pobre comprando sus productos del campo a bajo precio. Recibían cohecho y en los tribunales hacían perder la causa de los pobres. Practicaban una religiosidad falsa porque en la realidad de la vida eran injustos; escondían los productos alimenticios para venderla más cara, sus balanzas estaban arregladas para dar menos mercancía de lo que cobraban; en todo actuaban  con injusticia.

Dios no podía pasar por alto esta forma de vida. Esta es la razón por lo que envía a Amós para que les diga que cambien su proceder, que se arrepientan, ya que por sus injusticias serán castigados.

Pareciera que esta historia fuera la historia de nuestra sociedad en el tiempo que vivimos; pero todo parecido es mera coincidencia, pero real. En un estudio bíblico publicado por La Comisión Evangélica Latinoamericana de Educación Cristiana (CELADEC) encontré el comentario siguiente:

“En nuestra América Latina  hay muchas voces que claman: ¡YA NO HAY JUSTICIA! ¡TODO ES ENGAÑO!

Tú mismo has escuchado el llanto del detenido por la policía a causa de una calumnia. Sabes que sobre la mesa del juez y del abogado se hecha la suerte del pobre, en tanto que sale favorecido el rico.  Ahí está la policía que se hace cómplice con el ladrón, con tal de que compartan las ganancias.  Puedes ver al aduanero que hace pasar de contrabando para que le den unos pesos.  Te fijas en el jefe del sindicato que gana sin hacer nada.  En el médico, que pudiendo curar tus males en un día te alarga la enfermedad por dos semanas para amontonar sus salarios.

Muchos piensan que es inútil tratar de cambiar esta triste situación.  Es muy arriesgado. Nos compromete demasiado.  Mejor es no preocuparse por el mal del vecino.  ¡Cantamos y oramos y nos encerramos en las cuatro paredes del templo!  Decimos,  “Aguantemos el mal de este mundo y en los cielos gozaremos felicidad”.

Pero ese no es el evangelio de Jesucristo…Jesús se preocupó por los explotados, los hambrientos, los enfermos, los desesperados.  Jesús no vino a encerrarse en los templos, sino “A buscar y a salvar los que andan perdidos”.  Les ofreció una nueva vida con abundancia y esperanza”.

El mismo Dios que llamó a Amós es el mismo Dios que hoy nos llama a todos en la sociedad a vivir actuando con justicia, a no practicar una religiosidad falsa sino que vaya de acuerdo, credo de fe y práctica de vida.

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