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Morelia, Michoacán a 24 de marzo de 2017
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Presbiterio del Sur

3 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

El historiador Lucas, al igual que los otros tres evangelistas, nos narra detalladamente la entrada de Jesús en Jerusalén. Estaba cerca la celebración de la  Pascua, evento cívico-religioso del pueblo israelita en conmemoración  de la libertad que Dios les había dado de la  esclavitud en Egipto; a esta festividad acudían multitud de personas de diferentes partes de la nación y fuera de ella.

Jesús deliberadamente acudió al acontecimiento en una forma bien planeada, siguiendo en alguna manera lo que los profetas hacían para hacer que su mensaje fuera escuchado por el mayor número de personas; buscaban hacer algo sobresaliente de tal manera que la población en su mayoría no  tuviera excusa alguna para decir que nada sabían de ellos como videntes con un mensaje de parte de Dios. Esto fue lo que hizo Jesús, entrar en Jerusalén cuando había multitudes preparándose para la fiesta.

Por otra parte, la forma de entrar a la ciudad, Jesús lo hacía como el Rey mesiánico anunciado por el profeta Zacarías. Cuando un rey llegaba a la ciudad, capital del reino cabalgando a caballo, era signo de venía para conquistarla, entraba en son de guerra; pero si su montura era un burro, entonces era signo de que venía en actitud de paz.

Esto fue lo que hizo Jesús, llegó a la población montado en un burro, demostrando que entraba como Rey para traer y dar paz a la humanidad; paz producto de su amor por el pueblo, llegó humilde no como guerrero ni héroe, sino como era su ser y hacer para servir en las necesidades humanas.

Es en esta forma que sus seguidores lo reciben, como el Rey prometido y esperado; así afirmaron en esta memorable ocasión lo que tanto habían visto y oído de los milagros que hacía el Nazareno Jesús; entre otros, haber resucitado a su amigo Lázaro. Por eso recibían a Jesús como su Rey aclamándole: “Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor”, cortando ramas de los árboles y tendiendo sus capas en su camino.

Esta manera y día en que Jesús llegó a la ciudad en cierta forma le estaba diciendo al pueblo que una vez más les invitaba como última oportunidad de que le recibieran como su Rey que venía para salvarles de todo, su manera mala de vivir y para darles paz, no como el mundo la da.

En cuanto a nosotros en el aquí y en el ahora, celebramos la Semana Santa haciendo realidad que Jesús es nuestro Rey que gobierna todo acto que hagamos, viviendo en amor y en paz con todas las personas; que él no tenga que llorar como lo hizo en Jerusalén al ver el rechazo del pueblo, de aceptarle como su Rey y Salvador.

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