IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 22 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.00

21.80

Primeros cristianos en Europa

27 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” Apóstol Pablo

El historiador Lucas narra en su libro “Hechos de los apóstoles” que el Apóstol Pablo en su segundo viaje misionero llegó a Filipos, al sureste de Europa. Esta ciudad era en realidad una colonia romana habitada en su mayoría por militares jubilados, que junto con sus familias habían sido trasportados como parte de los triunfos de Roma en el extranjero; era una Roma en miniatura donde hablaban su propio idioma, vivían según sus costumbres y se gobernaban por las leyes romanas. El nombre de la ciudad fue dado en honor de Felipe de Macedonia, padre de Alejandro Magno.

Este lugar era muy importante, tanto por lo dicho, pero además lo era por sus grandes riquezas en las minas de oro y por estar situado en un valle muy fértil con abundantes manantiales entre dos cordilleras de montañas.

La poca población judía no era lo suficientemente grande para tener una sinagoga; por lo tanto, se reunían a la ribera del río para adorar a Dios y estudiar las Escrituras Sagradas, que comprendían los cinco libros de la ley mosaica, llamados El Deuteronomio. Por eso Pablo y  sus acompañantes fueron a este sitio a la hora en que se congregaban, para anunciarles las Buenas Nuevas de Jesucristo el Mesías prometido que vendría a su pueblo y a la humanidad en general, para salvarles de su mala manera de vivir.

Aquí se reunía también una mujer, no judía, de nombre Lidia, pero que había aceptado la fe en Yahvé Dios. Ella era rica; y por lo tanto pertenecía a la clase social alta; comerciaba con telas color púrpura, un material muy costoso el cual sólo los ricos podían adquirir. Después que escuchó el mensaje de Pablo Lidia lo aceptó; siendo en esta forma la primera mujer, junto con su familia, convertida al cristianismo en Europa; por lo tanto de todo el Continente Occidental, que incluye Las Américas en donde está situado nuestro México.

Uno de los días en que el Apóstol Pablo continuaba anunciando el Evangelio, sanó a una joven, la cual era explotada por sus amos, dándoles grandes ganancias económicas por su trabajo de adivinación. Por esta causa Pablo y sus compañeros fueron acusados de ser hombres que habían venido para alborotar la ciudad y de enseñar costumbres contrarias a las de Roma.

Por esa razón, tanto Pablo como sus compañeros fueron azotados, ignorando que gozaban de la ciudadanía romana; y esto era penado con la muerte misma. Con todo, fueron puestos en la cárcel en un calabozo más profundo, asegurando sus pies, y lo más cierto es que también las manos y cuello, con un cepo; lo cual les impedía moverse con facilidad.

A pesar de esta condición, Pablo y Silas cantaban himnos a Dios. En un momento dado sucedió un terremoto, lo cual era muy raro que esto pasara en estas regiones. Como resultado del fenómeno telúrico las puertas del calabozo se abrieron y de igual manera los cepos, aquedando así libres los prisioneros.

Al ver esto, el carcelero sacando su espada, intentaba matarse, porque la ley decía que él pagaría la penalidad por un prisionero que escapara. Ante esto, Pablo le dijo que no se hiciera ningún daño ya que todos los presos estaban allí. Como resultado, el carcelero postrándose a los pies de Pablo y de Silas les preguntó qué debía de hacer para ser  salvo; como respuesta ellos le afirmaron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Al igual que Lidia, este hombre con su familia, se convirtió en el primer cristiano en Europa y el Occidente.

Ante esto, todos los cristianos que poblamos estas tierras, somos deudores de la primera mujer y del primer hombre que aceptaron las buenas noticias de Jesucristo como el Salvador; somos herederos de ellos que en diferentes circunstancias y de distintos estratos sociales, nos legaron el precioso don del conocimiento de la salvación. Las preguntas que se imponen aquí, son: ¿Qué les vamos a heredar a las futuras generaciones?¿La maldición de actos en los diferentes delitos o la bendición de la salvación?

Comparte la nota

Publica un comentario