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Morelia, Michoacán a 23 de enero de 2017
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Relaciones vecinales

30 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios”

Apóstol Juan

Siempre recordaré los primeros días del año 1974, cuando llegué con mi familia a vivir a la colonia Eréndira de esta capital michoacana; lugar en donde actualmente tenemos nuestro domicilio. En ese tiempo había contadas familias en el vecindario; por lo que fue relativamente fácil y rápido que estableciéramos relaciones con ellas. El recibimiento y aceptación que nos brindaron fue del todo amable, lo cual nos hizo sentir muy bien desde un principio.

Una de las primeras familias con quienes empezamos a convivir, fue la de don Joaquín Flores, su esposa doña Gaby y sus varios hijos. Ellos siempre han mostrado buena voluntad para con nosotros. Otra de las pocas familias que vivían en esta parte, principio de la colonia la cual se extiende hacia el noroeste, fue la de doña Licha, su esposo hoy finado y sus hijos con quienes mantenemos afectuosas relaciones de amistad.

Con el temor de que pase por alto alguno de los nombres de las familias que en la actualidad continúan viviendo en este vecindario, procuraré hacer mención de ellas como un sincero reconocimiento de la importancia que son en la vida de mi propia familia.

Principiaré con las más cercanas que son: doña Rosy, con quien nos saludamos y compartimos el té de cedrón de tiempo en tiempo. El maestro Héctor y su esposa Orlanda; ella elaboró el                   dibujo del calendario azteca para la presentación del libro Los Días del Calendario Azteca de mi esposa. Joaquín, su esposa Bety y sus hijas; él en su taller autoeléctrico, en todo tiempo acude en nuestro auxilio cuando lo solicitamos. Bogar, su esposa e hijas, siempre con un saludo sonriente.

Con la familia de don Rafa y doña Cupe, hoy fallecidos, participamos en algunas de sus celebraciones. El profesor Edmundo y su esposa cada ocasión que nos vemos, preocupados por nuestra salud. Doña Irma, nos muestra su afecto visitándonos cada vez que viene de su pueblo, y nos comparte con algún producto del campo. Don Enrique y su esposa; ellos, además del saludo   diario me permitieron que les visitara cuando él estaba convaleciendo de una enfermedad que lo tuvo postrado en cama por dos años. Los jóvenes herreros siempre responden a nuestro llamado para algún trabajo. Doña Mari, en su  tienda de abarrotes con sus dos hijos, muy atentos con nosotros.

Y qué más decir de Sarita y su esposo, Tere y su esposo. Don Aurelio, listo para hacernos trabajos de plomería; sus hijos y su yerno, mi tocayo, siempre con un saludo  afectuoso: el maistro herrero con su hija en todo tiempo con un saludo atento. Don Ángel y su esposa Seve, con quienes compartimos experiencias a causa de nuestras respectivas hijas afectadas con el síndrome de Down.

Con los primeros vecinos, por un tiempo tuvimos un mercadito de auto consumo en el cual podíamos adquirir  verduras, frutas, huevo y otros productos al precio de compra. De la misma forma cuando el tiempo y la salud nos lo permitió, cada año celebramos la Navidad con representaciones bíblicas, los niños eran los actores; así nos reuníamos sin distinción de ninguna naturaleza, éramos el pueblo de Dios compartiendo la fe, además de los dulces y los cacahuates.

Al hablar de nuestros vecinos no puedo pasar por alto con quienes compartimos grandes experiencias en la colonia Educación de la ciudad de México antes de fijar nuestro domicilio en Morelia. Con algunos de ellos mantenemos comunicación, como son los hijos de la maestra Lourdez Pinto, ya fallecida.

Estoy seguro de que todavía hay muchos otros nombres de familia que escapan a mi mente por mencionar; pero para todas vaya esta nota como un franco y sincero reconocimiento por su afectuosa amistad la cual nos brindan hasta hoy día sin que medie otro interés sino el de convivir como miembros de la familia humana.

Por lo expuesto, llego a la conclusión de que convivir en armonía en la comunidad en donde nos toca hacer nuestra morada, es un ingrediente que ayuda a la salud mental, física y espiritual, lo cual contribuye a la felicidad en el hogar y en la sociedad.

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