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Resurrección, nueva vida

30 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Jesucristo

Cuando afirmamos que creemos en la resurrección de Jesucristo estamos diciendo implícitamente que ese acontecimiento innegable nos proporciona una nueva vida. Jesús, el Maestro de Galilea murió en la cruz del Calvario con su cuerpo terrenal, sujeto a corrupción como todo ser mortal; él era tan humano como si no hubiera sido Dios. Pero se levantó con su poder divino a nueva vida con un cuerpo incorruptible, para no morir jamás.

De esta manera Jesús se levantó para asegurar que hay también nueva vida para todo aquél que cree en él. Por eso en su momento afirmó: “El que cree en mí aunque esté muerto vivirá”; esto es, que la realidad de nueva vida es posible, en tanto que el individuo deposita todo su ser y hacer en Jesucristo como el Señor que puede dar esa vida.

Por eso la resurrección de Jesucristo no sólo es creer en un hecho histórico irrefutable atestiguado por la multitud de sus seguidores, no es tan sólo cuestión  de fe ni asunto  doctrinal que hay aceptar por quienes vivimos en la actualidad; sino además de creer, es aceptar y recibir nueva vida, nueva forma de vivir en el mundo en nuestras relaciones con nuestros prójimos. Es la manera diferente de como actúa la sociedad en general que se empeña en prácticas que son manifestaciones de muerte, acciones en donde la violencia manifiesta en diferentes formas trae como consecuencia la destrucción del género humano y de todo lo que le rodea; una sociedad de acciones corruptas en donde la fuerza del más poderoso se ensaña con los más débiles y desprotegidos.

Es de esta corrupción mortal de la cual Jesús nos llama a una nueva vida incorruptible para que nuestras relaciones humanas sean practicadas en forma diferente en donde se da muerte a la muerte en nuestro quehacer diario para que nuestras acciones sean lo que en realidad es la vida.

El gran obstáculo que se presenta en el individuo en particular y en la sociedad en general para tener cambio de vida, no es el no creer que Jesús resucitó verdaderamente, ni tampoco el ser incrédulo en cuanto a que con su poder puede transformar nuestra manera de actuar en la sociedad, la cual vivimos una vida que es muerte; sino el no querer ni estar dispuestos a que el cambie nuestra forma corrupta de actuar en la vida.

Celebrar la resurrección de Jesucristo no sólo es cuestión de rezos, oraciones, cantos, repicar de campanas, estudios bíblicos, sermones y fiesta; todo está bien porque viene a recordarnos la realidad de que Jesús vive para darnos vida, y ésta en abundancia. Ante todo en esta celebración aceptamos el compromiso de vivir su resurrección, porque vivirla es vivir la vida libre de toda esclavitud de maldad que no es otra cosa que muerte.

Cuando la humanidad se destruye así misma en diferentes formas, tales como la violencia con actos que perjudican a uno mismo o a los demás, descuidando o maltratando nuestro mundo en donde tenemos fuentes de vida, es practicar la muerte.

En Cristo resucitado tenemos la promesa y seguridad de que en Él y con Él la muerte puede ser destruida dándonos nueva vida para que nuestro ser y quehacer sean transformados en nuestro trato diario con todos nuestros semejantes y con el mundo en que vivimos.

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