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Una seguridad insegura

17 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Daniel García Ibarra

 

“El que ama a Dios, ame también a su hermano”

Apóstol Juan

 

Por más fuerzas de seguridad, entre ellas, policías de diferentes corporaciones como son las municipales, estatales y federales, además del ejército militar que cada día aumentan para abatir el crimen en sus muchas modalidades en estado, la delincuencia hace de las suyas cometiendo asesinatos, robos y otros delitos al por mayor. De esta manera llegan a tal grado las fechorías que para los delincuentes la seguridad que el gobierno trata de dar a la ciudadanía les resulta inútil.

En particular, Morelia, capital de la entidad michoacana, se ha colocado en uno de los primeros lugares en donde la criminalidad ha sentado sus reales, en tal forma que las policías son burladas de tal modo que se torna nula la seguridad que tratan de dar al pueblo.

Las noticias que a diario aparecen en la página roja de los medios de comunicación masiva, además de lo que cada día se comenta en la sociedad, vienen a confirmar la realidad de que para los delincuentes no existen las fuerzas de seguridad que se esfuerzan por poner un alto a toda clase de delitos.

Realidad como ésta no puede seguir; pero vemos que la policía no es precisamente la respuesta para detener la ola de delitos que pone en jaque a todas las fuerzas de seguridad. Sin lugar a dudas que la sociedad tiene aquí un reto que no puede ni debe evadir. La enseñanza que se imparte en los diferentes niveles educativos está llamada a responder a problemas como éste. El hogar donde se desarrolla la vida familiar desde que nace la persona es altamente responsable del comportamiento del individuo; por lo tanto su quehacer es muy importante para que sus miembros respeten la vida de sus congéneres.

Sociedades sociales, entre ellas los grupos de Alcohólicos Anónimos, las iglesias en todas sus confesiones ejercen una labor de mucho valor entre sus miembros en tal manera que forman el carácter de la persona para desarrollar la vida de tal forma que no tienen que ser objeto de vigilancia policial en ningún momento y en ninguna parte.

“Maestro, ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?, le cuestionó un erudito de la ley a Jesús.  ¿Qué está escrito en la ley, cómo lees?, fue la respuesta. El interrogante respondió: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo”. El Maestro de Galilea concluyó: “Has contestado bien. Si haces esto tendrás la vida”. (San Lucas 10:25-28)

En un país en el cual la mayoría se confiesa creyente en Dios, en las diferentes denominaciones cristianas, ¡Cuánta falta nos hace no conocer, sólo el mandamiento de amar a Dios y a nuestro prójimo; sino de ponerlo en práctica de tal modo que la vida sea una realidad en la cual podamos disfrutar de ella y en ella toda la sociedad!

Si es cierto que hay muchos individuos que dicen amar a Dios pero no lo hacen verdad, también en sus prójimos, a tal grado de privarles de la vida o causándoles algún mal, también es cierto que Dios, Creador de todo el género humano, continúa invitando a que no sólo amemos a Él, sino a vivir ese amor en la vida de nuestros semejantes sin distinción de ninguna naturaleza. Cuando esto lo hagamos parte de nuestro ser, hacer y quehacer, entonces, sólo entones no necesitaremos de ninguna clase seguridad de parte de las autoridades.

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