IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 29 de marzo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

18.13

18.90

Déficit democrático II

10 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Vidal Mendoza
Y así, izquierdistas críticos con la Unión Europea (UE) se encuentran a sí mismos en una situación extraña: mientras que deploran “el déficit democrático” de la UE y proponen planes para hacer más transparente la toma de decisiones, apoyan al Gobierno de Bruselas, nada democrático, que ejerce presión sobre formaciones neofascistas (legitimadas democráticamente). El contexto de estos callejones sin salida es el lobo feroz de la izquierda europea: la amenaza de un neofascismo encarnado en un populismo de derechas contrario a los inmigrantes. Este espantapájaros se percibe como el principal enemigo contra el que todos deberíamos unirnos, desde la izquierda radical (quede de ella lo que quede) a los demócratas liberales mayoritarios (incluyendo a los representantes de la UE como Timmermans). Europa queda retratada como un continente en regresión hacia un neofascismo que se alimenta de miedo y odio paranoicos hacia el enemigo étnico-religioso externo (principalmente musulmanes). Aunque este neofascismo es predominante en algunos países poscomunistas de Europa del Este, también se está volviendo cada vez más presente en muchos otros donde la opinión es que la invasión de refugiados musulmanes plantea una amenaza a la tradición europea.

Ahora bien, ¿este fascismo lo es verdaderamente? El término fascismo se utiliza con demasiada frecuencia como excusa para evitar un análisis de lo que efectivamente está sucediendo. El político holandés populista de derechas Pim Fortuyn, asesinado en 2002 -dos semanas antes de las elecciones en las que se esperaba que obtuviera una quinta parte de los votos-, era un populista de derechas cuyas circunstancias personales e incluso la mayoría de sus opiniones eran políticamente correctas casi a la perfección: era homosexual, mantenía buenas relaciones personales con muchos inmigrantes, disponía de un sentido innato de la ironía, etcétera. En resumen, era un buen liberal, muy tolerante, excepto con los inmigrantes fundamentalistas por su rechazo de la homosexualidad o de los derechos de la mujer. Lo que él encarnaba era por tanto la intersección entre un populismo de derechas y una corrección política liberal. La prueba viviente de que la oposición entre populismo de derechas y tolerancia liberal es falsa, la prueba viviente de que tenemos que vérnoslas con las dos caras de la misma moneda.

Por otra parte, parece que muchos liberales de izquierdas (como Habermas) quejosos con la continua decadencia de la UE idealizan su pasado: la “democrática UE” cuya pérdida lamentan no ha existido jamás. La política comunitaria reciente no es más que un intento desesperado de poner Europa en forma para un nuevo capitalismo global. La acostumbrada crítica de la izquierda liberal a la UE (que básicamente está bien, sólo que con un déficit democrático) revela la misma ingenuidad que la de los críticos de los países ex comunistas, que básicamente los apoyaban, sólo que se quejaban de su falta de democracia: en ambos casos, eldéficit democrático era una parte necesaria de la estructura global.

Como es obvio, la única manera de contrarrestar el déficit democrático del capitalismo global debería de haberse llevado a cabo mediante alguna entidad transnacional. ¿No fue ya Kant quien, hace más de 200 años, vio la necesidad de un orden legal transestatal-transnacional ante el auge de la sociedad global?

Pero eso nos lleva a lo que es la contradicción principal del Nuevo Orden Mundial: la imposibilidad estructural de encontrar un orden político mundial que se corresponda con la economía capitalista. ¿Qué ocurriría si, por razones estructurales y no sólo por limitaciones empíricas, no pudiera haber una democracia mundial o un Gobierno mundial representativo? El problema estructural del capitalismo global reside en la imposibilidad (y, al mismo tiempo, la necesidad) de un orden sociopolítico que se adecúe a él: la economía global de mercado no puede organizarse directamente como una democracia global liberal con elecciones a escala mundial. Vuelve a aparecer en política lo que en la economía global está reprimido: obsesiones arcaicas, identidades sustanciales concretas (étnicas, religiosas, culturales). Esta tensión define nuestra situación actual: la libre circulación mundial de mercancías se acompaña cada vez más de compartimentaciones en el ámbito social. Mientras que las mercancías circulan cada vez con más libertad, a las personas se las mantiene separadas por nuevos muros.

Comparte la nota

Publica un comentario