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El ojo del campesino ve con justeza II

2 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Pienso en algunos, durante el siglo XX. Pienso en Lenin, por ejemplo (sí, todavía hay algunos que pensamos en Lenin, aun cuando se hayan modificado muchas cosas). Pienso en Lenin en octubre de 1917 diciendo contra el partido bolchevique: la insurrección es posible. Todo el mundo en el partido temblaba de miedo. Lenin dijo inclusive: si ustedes no deciden la insurrección, yo presento mi renuncia. Estaba apostando a lo real. Él sabía que la relación entre lo posible y lo imposible es el arte de la invención. Pienso en Mao TséTung diciendo en los años 20: el poder rojo puede existir en China, el poder rojo puede existir porque en los campos hay un gran movimiento. Pero todo el mundo le decía que los campesinos eran unos brutos, ¿cómo pretendes instalar el comunismo en el campo? y Mao les contestaba: “el ojo del campesino ve con justeza”, y empezaba así una epopeya en la cual nadie creía. Ahí también asistimos a la transformación de lo imposible en real. Pienso en mis hermanos venezolanos que pasan hambre. Pienso en todos mis camaradas de mayo del 68 y de los años que siguieron. Pienso en los zapatistas de Chiapas, y pienso en otros que ya son y en otros que vendrán.

El discurso de la imposibilidad es hoy aplastante, por eso ahora más que nunca tenemos que ir hacia todas esas experiencias del siglo y de los siglos anteriores en los que hubo hombres que supieron decidir qué era un hombre, es decir, ir contra aquello que siempre se declaraba imposible. Somos nosotros mismos los que tenemos que decidir lo que es posible y lo que es imposible, no tenemos que permitir que ningún poder decida esto en nuestro lugar. La gran cuestión de la política es saber de qué es capaz un sujeto y en todos los grandes episodios de la política se ven sujetos que se muestran capaces de mucho más que de lo que ellos mismos se creían capaces. Es esta capacidad suplementaria que nosotros tenemos que poder despertar y, antes que nada, despertarla en nosotros mismos, porque con frecuencia todos nosotros estamos sometidos y dormidos. El enemigo de la libertad es el cansancio y la apatía. No estar cansados es un gran deber político, y no es el más fácil de cumplir.

No creamos que hoy la situación de la política es tan diferente de lo que era en otras épocas. La gente siempre tuvo que luchar contra estados de cosas que eran potentes, ofensivos o aplastantes. El campesino ruso de 1917, no tenía por cierto más posibilidades de las que tenemos nosotros y aquellos que participaban de las revueltas obreras del siglo XIX estaban en una sociedad que era mucho más opresiva que la nuestra. Entonces el problema es saber cuál es nuestra libertad y preguntarnos en qué medida hemos incorporado a nuestras mentes la imposibilidad de hacer algo distinto, que también suele tomar la forma de un consentimiento del que muchas veces ni siquiera tenemos una completa conciencia. El punto entonces es generar una distancia entre la acción, la decisión, el pensamiento, y el estado de las cosas, cualquiera sea. Una vez más lo digo, la cuestión de lo posible bajo la dictadura era aparentemente una cuestión por completo cerrada. No vamos entonces a decir nosotros que nuestra situación está completamente cerrada. Por cierto tiene mucha más apertura, pero la cosa es saber qué queremos, el asunto es saber si realmente estamos consintiendo o no con lo que es el estado de las cosas.

Hay un modo de ver el problema principal, a partir de la propaganda en torno de la palabra democracia. Es la discusión más difícil pero es a su vez una discusión indispensable, porque en verdad casi nos han convencido de que ya tenemos suficiente suerte con estar en democracia. Somos animales que podemos caminar por la calle y que en general, de una manera bastante amplia, podemos gritar más o menos lo que queramos, con tal de que sigamos persuadidos de que tenemos mucha suerte de vivir así. En el fondo, el argumento principal del orden establecido es: bueno, las cosas podrían ser mucho peor. Pero no es un argumento muy sólido, podría ser peor todavía, sí, pero también estamos convencidos de que podría ser mucho mejor. Entonces el asunto es medir el peso de las palabras, la cuestión del lenguaje en política es muy importante y tenemos que tener el valor de abrir una discusión general sobre la cuestión de la democracia y la cuestión de sus límites y sus posibilidades. Es la cuestión subjetiva fundamental. Si admitimos que la gran cuestión actual, la única cuestión posible, es democracia o totalitarismo, ya no tendremos ninguna libertad. Hay que estar convencidos de esto, porque esta opción es la opción estructurada por el adversario. Si ustedes piensan desde esas categorías, están en el terreno del adversario. Y, por supuesto, en ese terreno va a ser más astuto y más fuerte que ustedes porque son sus categorías y sus propagandas.

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