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Mi Dos de Oros… ¿y los independientes, papi?

1 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

“La democracia es tal porque asume que en una sociedad existen mayorías y minorías contingentes que pueden cambiar su estatus con el despliegue de sus potencialidades; cada decisión debe derivarse de la voluntad de la mayoría, pero las minorías no sólo tienen el derecho a existir, sino eventualmente a convertirse en mayoría… significa discusión y al haber expresiones distintas debe buscarse el compromiso que forma parte de la naturaleza, misma de la democracia”. Citado por José Woldenberg, México: la difícil democracia. Taurus.

 

Inicio un grupo de artículos sobre los candidatos independientes.

La sociedad mexicana actual vive, está, políticamente hablando, dentro de una pluralidad política y diversidad ideológica que mataron los tiempos del partido único y partido gobierno. No se puede tapar este sol de pluralidad, pero que está matizado por la desconfianza y la incredulidad, pero que tienen la necesidad de crear escenarios para la coexistencia política pacífica, civilizada. El trabajo por construir y consolidar la confianza constituye un enorme esfuerzo por enraizar, desarrollar y afirmar   entre nosotros la fórmula por excelencia de la contiende democrática: Las elecciones.

Difícilmente, por lo menos en una generación, la decisión electoral de la ciudadanía determinará que un partido político tenga la gobernabilidad del H. Congreso de la Unión como mayoría natural – el 50% + 1 – representantes populares: 251 diputados y  65 Senadores de la República y, por ampliación, lo mismo puede afirmarse de los H. Congresos locales. Hoy, ninguna corriente medianamente asentada está excluida de los Congresos locales.  En esos espacios coexisten,  se pelean y se pone de acuerdo los representantes de la pluralidad, que es ya natural en un país masivo, contradictorio, desigual e inequitativo como México.

La inexistencia de mayorías absolutas en ambas Cámaras hace difícil, tortuoso, lento, desgastante, su funcionamiento para tender puentes, construir acuerdos, pero se construyen los consensos; sin embargo, sí surge la preocupación acerca de: A.-Cómo construir esa(s) mayorías temporales o permanentes- por el tiempo de la legislatura, de la administración o del periodo de sesiones. B. La nostalgia de regresar a los tiempos del partido aplanadora, partido único y de la gobernabilidad vertical, que por lo menos, en una generación, no regresarán.

Igualmente, no se puede ocultar esta etapa de gobernabilidad determinado por el poder de las mayorías construidas  artificial y políticamente. Será más usual:

1°            Que los titulares de los Ejecutivos en turno – Federal y estatales – gobiernen sin mayorías: representaciones populares en las cuales ningún partido político tendrá la dichosa, famosa y deseada “gobernabilidad”.

2°            Que un titular del poder Ejecutivo sea de un partido político, que no tiene la mayoría natural en el H. Congreso y que éste o muy terciado o desbalanceado, pero plural y diverso, tal como está sucediendo en España en este momento o como ya sucedió en nuestro país desde la llamada alternancia, que no transición, desde 2000, con Vicente Fox o que de forma atípica se manifestó en la elección Federal de 1988 y la conformación del H. Congreso de la Unión y que, finalmente, al inicio de su administración, fuimos testigos de su trabajo con el Plan México, de Enrique Peña Nieto, quien pactó con las otras dos minorías partidistas  para obtener el sí en las llamadas Reformas Estructurales de Gran Calado.

3°            Que, los titulares del Ejecutivo – Federal o local, si desean realmente gobernar, deberán ceder parte de ese poder que le concedió el pueblo, compartiendo, no delegando, con las minorías representadas en el Congreso respetivo. Únicamente así tendrán gobernabilidad.

4°.          Lo anterior será más común y hasta cotidiano, pero lo que, por el momento y acaso, en por lo menos en una generación, no veremos en nuestro país coaliciones de gobierno: acuerdos entre dos o más partidos que pactan programas de gobierno, otro legislativo y la integración=conformación del gabinete. Esta figura – ¡Dios nos libre! – sería posible si nuestro sistema no fuera ni republicano ni presidencialista: cuando quien ocupa la titularidad del poder Ejecutivo  carece del suficiente poder y respaldo en el legislativo, como está sucediendo en este momento en España, que está en crisis político partidista.

Aunque no se boletina, ni se publicita, es sensible, evidente y cierto que los partidos políticos están bastantes distanciados de la sociedad y ya no la representan, realmente, aunque formalmente sí, pues legal y constitucionalmente, los partidos políticos son los organismos sociales construidos-configurados por la sociedad para aspirar, acceder y llegar  a la representación del poder, que reside en el pueblo.

Y los partidos políticos lo saben y por eso no cambian ni sus formatos de elección interna, ni sus mecanismos de decisión y la sociedad sabe que los partidos políticos, y los políticos, representan intereses que generalmente no son coincidentes con los intereses populares.

Esta cerrazón funcionó de maravilla, hasta antes del surgimiento de la figura legal, constitucional de los candidatos independientes – como la naturaleza, la sociedad encontró los caminos -, quienes en la  pasada elección de 2015 llevaron  a los espacios de poder a algunos candidatos independientes, entre ellos a un gobernador – Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, alias el famoso, aunque no tan dichoso, Bronco -, a un presidente municipal –Alfonso Martínez Alcázar, a Morelia – un diputado local – en Jalisco – y otro más. Cuatro y todo parece indicar que para la elección de este año habrá muchos más; el que haya muchos más para las elecciones de 2017 y aun más o por lo menos más afinados; para la Federal de 2018 dependerá  de muchos factores, entre ellos, del fracaso o resultado positivo de estos cuatro.

¿Qué, o quién, es un candidato independiente? Es una figura política un poco nueva que no aceptó los formatos de algún partido político y/o un político que no se ajustó a los protocolos de selección-designación de algún partido político, que no llenaba los perfiles deseados o que no correspondía a los intereses de la cúpula partidista y, además, que rompe la disciplina partidista.

Lo anterior no es nuevo; sucedía con cierta frecuencia, pero ahora, ya legalizado, autorizado por la ley electoral y respaldado por la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, son más frecuentes y, posiblemente, ahora en estas elecciones veremos más y en el 17, muchos más y, seguramente, para la Constitucional Federal del 18, veremos más, algunos cuyos nombres ya están sonando.

Esta figura es una fisura en el edificio del monopolio y de la armadura del poder de los partidos políticos; fisura, que podría crecer a  una grieta y evolucionar a una fractura o reducirse a la nada; esto dependerá, lo repito, del éxito  o del fracaso de los representantes populares y autoridades políticas cuyos orígenes son las candidaturas independientes.

Las cúpulas de los partidos políticos lo saben y por eso han propuestas iniciativas  normas – coloquialmente se les llama “Leyes antibroncos” – casi insalvables que, afortunadamente,  La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha deshecho y colocado el piso parejo para todos los contendientes, sean independientes o de partido político.

Por los hechos, hasta el momento, todo parece indicar que a los Ejecutivos – estatales o municipales, son los únicos casos  – les está yendo muy mal. Se están ahorcando, ahogando, lo que muestra, inicialmente, que no es lo mismo estar de un lado de la mesa que del otro. Que son más recomendable candidatos independientes para diputados y senadores, cuyas razones presentaré en la siguiente colaboración.

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