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Percepciones

17 de abril, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

CUARTO PODER

Etelberto Cruz Loeza

 

Para comenzar con la enseñanza de esa mañana, me dijo que la política es como una mujer. Que como toda mujer, estaba equipada con algunas cualidades y virtudes y estaba atrofiada de algunos vicios y defectos. Esa mujer tan llena de atrofias tiene pocas cualidades. Quizá sólo tenga una o dos que debes tomar en cuenta. La más importante es que es muy bonita. José Elías Romero Apis.

 

El año próximo nuestro país, sus instituciones, entre ellas el Ejército Nacional y nosotros, la sociedad, estaremos a prueba: enfrentaremos la máxima prueba de la madurez política, que no son ni las competidas campañas políticas, ni el día electoral ni la cuantificación de los votos, sino la de aceptar el resultado, sea el que sea y si será posible la transmisión, la alternancia del supremo poder, a quien la sociedad haya elegido.

Nuevamente hago mías las palabras de José Elías Romero Apis: la estabilidad política es producto de la ciudadanía y no del propio Estado. La estabilidad impuesta por el régimen puede ser artificial y crítica. Sólo la derivada de la voluntad ciudadana es real y democrática (y en mucho de esto tienen qué ver los partidos políticos, las instituciones y sus organismos electorales ciudadanizadas y el ejército) y su afán de mejoramiento democrático. El subrayado es mío.

Estamos viviendo tiempos difíciles que, por varios lados nos acercan a una inestabilidad política. Entre esos lados, la narcodelincuencia que con su incuantificable poder ha llegado hasta las estructuras de gobierno y de representación popular y mando ejecutivo – ejemplificamos con los ex procuradores estatales y mandos superiores de la policía federal y exgobernadores prófugos y presos – otra, es la velada invitación a no respetar la ley, a la desobediencia, fracturando el Estado de Derecho e incitando a la subversión. Un enorme y valiosísimo factor de tranquilidad=estabilidad es, y será, siempre la sociedad y el Ejército. Por eso se coquetea tanto con él.

La administración Peña tiene muy presente, supongo, que si desea entregar el supremo mando de las instituciones nacionales al candidato de su partido – acción a la que, históricamente está obligado, siendo congruente con la historia partidista – no debe caer en espacios de ingobernabilidad (y sí superar la baja gobernabilidad, que es cualitativa y cuantitativamente diferente), ni caer en la crisis de autoridad, tampoco en la de no funcionalidad, mucho menos en la de seguridad ni en la de sensibilidad y de sinceridad y está obligado a recuperar la credibilidad y confianza sociales.

José Elías Romero Apis afirma: Durante años se ha elucubrado sobre la existencia de un código que rige, casi como un ritual, la vida política de nuestro país. Se ha dicho, en primer lugar, que este código es secreto. Segundo, que es muy severo. Tercero, que instala una hermandad más allá de partidos y sexenios. Cuarto, que no perdona infidencias ni indiscreciones. Quinto, que ni los mismos integrantes de tan selecto círculo saben quiénes son todos sus correligionarios, puesto que hay algunos embozados que espían y, en su caso, delatan a los que violan las normas de esa confraternidad.

Se ha dicho, también, que este código regula el ejercicio político desde la iniciación, la selección, la admisión, la juramentación y el escalafón, hasta las consecuencias de la indiscreción, de la insumisión, de la dimisión, de la deserción o de la traición.

Por todos los Medios de comunicación tradicionales y contemporáneos y por los calendarios – usual y político electoral – el presidente de la República, primer priísta del país, del cual tiene total y completo control y dominio, está siguiendo el protocolo, ese código no escrito para tener, seleccionar y proponer al candidato a la presidencia de la República de su partido, que estaría obligado a triunfar indisputable, inobjetable e irrecusablemente. ¿En qué fase estará? Nadie, o muy pocos lo conocen y saben.

De conformidad con las fabulosas, míticas y erróneas y hasta falsas, encuestas y los Medios de estos días, ya existe un triunfador, digamos virtual, sin contar que estamos a 14 meses y 12 días del día electoral, que aun el partido en el poder no tiene candidato. Curiosamente, mostrando que la historia no les ha enseñado nada, muchos – proporcionalmente- representantes populares de la autollamada Izquierda – han decidido chaquetear y quemar sus naves. Deberían leer la serie La Costumbre del Poder, de Luis Spota y recordar el cuento del burro y el rey que deseaba enseñarle a leer.

Con José López Portillo, quien afirmó, crípticamente, que era el último presidente surgido de la Revolución, lo que podría ser, comenzó el cambio y las crisis: es cierto es que fue el primero que no fue secretario de gobernación; lo mismo Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León. Puro tecnócrata, formado en el Banco de México y posgrados en universidades extranjeras, no político y sin haber ocupado un puesto de elección popular. De la alternancia opositora, igualmente, un empresario agroindustrial y de bebidas edulcoradas y un burócratas partidista sin triunfar en una elección constitucional. Peña Nieto tampoco fue secretario de Gobernación, pero fue gobernador de un estado.

El ejercicio de Bucareli requiere de la confianza y del aprecio presidencial. Para que los demás le crean. Para que los demás lo respeten. Para que los demás lo obedezcan. Al secretario de gobernación se le debe creer.

El titular de gobernación es el único de sus colaboradores que tiene el monopolio de la interpretación presidencial.

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