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Periódicos, opinión pública, política (I)

27 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Etelberto Cruz Loeza
No conozco otra fuente de poder más que la opinión pública. Mi afán será estudiarla; mi invariable empeño sujetarme a sus preceptos. Benito Juárez, al protestar como Presidente de la República. 1506. 1861.

Porque los pueblos tienen mala memoria y los políticos, lo que es cierto, tipos de poca palabra.  César Darío, El tiempo de la ira de Luis Spota. Grijalbo.1981.

Algunos políticos creen, y así actúan, que por estar circunstancialmente en  X escalones de poder, éste, el poder,  les permite ser omnipotentes, omniscientes y suficientes. Están completamente equivocados.

Viene  al caso lo anterior por ciertas palabras de la actual Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles Berlanga, ex de muchos organismos políticos, quien, ante las recientes publicaciones difundidas en contra del gobernador de Chihuahua, César Duarte Jiménez, afirmó lo siguiente: Los periódicos se hicieron para matar moscas y limpiar vidrios. Reitero: está totalmente equivocada.

Los periódicos se crearon para difundir=informar=formar opinión pública–política, cultural y social y finalmente entretener. De aquí su importancia, valor y plusvalía. Que cuando hayan terminado su vida útil, cumplido, su ciclo sirvan para matar moscas y/o limpiar vidrios, ¡eso es otra cosa!

Cito: El papel de la masa y de los grupos está representado hoy día cada vez más por la opinión pública. La opinión pública ha sido reconocida como un factor esencial en la vida estatal y con la cual el pueblo ejercita su poder de censura…cada persona, hoy en día, tiene su propio punto de vista, de acuerdo con su interés que persigue y de acuerdo con la esfera social enque se desarrolla. La opinión pública varía según la persona, la clase el estrato o el país en que se manifieste.En la actualidad las masas y los medios de difusión son el origen y contenido de una cohesión de la opinión, hecho que se puede considerar sin precedentes. La plasticidad del hombre moderno se pone en evidencia: difícilmente escapa a un cierto grado de obsesión y a ciertos procedimientos de atracción. Es posible guiarlo hacia tal producto o tal marca, y no sólo imponerle ese producto, sino crearle su necesidad. El hombre medio es un ser esencialmente influible, ha llegado el momento en que es posible – de hecho se practica – sugerirle opiniones que posteriormente considerará como suyas; es un hecho que se le ha logrado “cambiar las ideas” en forma total; si esto es posible en el campo comercial, ¿por qué no ensayarlo en el terreno político? La finalidad del propagandista es ejercer influencia en la actitud de las masas en puntos que están sometidos a la propaganda y que son objeto de opinión. La propaganda política, considerada como una empresa organizada para influir y dirigir la opinión, apareció al término de una evolución, que le dio, al mismo tiempo, su campo propio: la masa moderna, y sus medios de acción: las nuevas técnicas de información y comunicación. La propaganda política no va dirigida a la parte menos cultivada de las masas, va orientada hacia los grupos de mediana preparación, los cuales, sin ninguna duda, son los más numerosos. Esta orientación en la propaganda margina a los menos cultos y a los más cultos: los primeros porque no alcanzan a comprenderla y los otros porque la rechazan. O como dice Lipptam: “va dirigida al hombre de la calle, que es, en última instancia, el que ha hecho posible los grandes acontecimientos de la historia moderna”. Como consecuencia, tenemos  entonces que la propaganda política actúa sobre la mayor parte de la población; para obtener un juicio que posea validez al respecto, podemos incluir la siguiente declaración de Hitler, considerado como uno de los más audaces propagandistas políticos: La fuerza de la palabra de un estadista que habla a su pueblo no se debe medir por la impresión que produce en el ánimo de un profesor universitario, sino por el efecto causado en el pueblo mismo. La capacidad receptiva de la masa es sumamente limitada y no menos pequeña su capacidad de comprensión; en cambio es enorme su falta de memoria. Teniendo en cuenta estos antecedentes, toda propaganda eficaz debe concretarse sólo a muy pocos puntos y ha de saberlos explotar como apotegmas hasta que el último hijo del pueblo pueda formarse una idea de aquello que persigue.(*) Actualmente el uso de slogans tiene sentado su dominio casi absoluto en lo que respecta a la influencia sobre la opinión pública. Es preciso identificar en forma clara y concreta el conjunto social al que va dirigida, ya que aunque el grupo está constituido por individuos de un nivel de vida económico y educativo semejante, la reacción será diferente debido a la espontaneidad y características psicológicas de dichos miembros. La propaganda estatal no puede mantener una situación política estable si se preocupa sólo de las clases bajas y deja en completa libertad de acción a quienes pueden actuar organizando una contra-propaganda, sino que ha de convencer, también, a las clases altas. Los medios de difusión constituyen parte primordial en el juego  de la propaganda y la opinión pública, ya que el surgimiento de la opinión pública es consecuencia indudable de la noticia; la información distribuida a través de la prensa, radio, televisión, cine, teatro, etc., influye en forma considerable sobre los individuos y sobre los grupos en tanto que unos y otros se encuentren poco informados. De aquí que la gran estructura informativa ocupe puesto central en la vida de la opinión, lo cual implica un grave problema, ya que en cada vez más frecuentes ocasiones la información total, objetiva, instructiva se ve anulada por la información selectiva, parcial y deformadora. Las modificaciones a la información no tienen otro objeto que el suscitar actitudes dentro de los grupos sociales que vayan a ser favorables o al menos no un obstáculo para los planes de los individuos que se encuentran detrás del aparato informativo. La ausencia de información ofrece el más amplio campo al libre juego de los demás factores que intervienen en la forja de la opinión pública. Podemos decir que la tendencia actual de la interpretación es darle matices políticos a la noticia, con el fin de atraer la atención pública con mayor facilidad. (La legítima y obligada función de los medios  de información  es que) se aboquen a la función que realmente les corresponde y por lo tano contribuir y participar en el desarrollo de las masas que ahora son su receptáculo. La función de los medios de difusión es crear una conciencia colectiva, a la vez que permitir el sonido cada vez más fuerte de las voces populares. Sin la participación de las masas faltaría el apoyo popular que exige toda obra común y, a la vez, esas masas se verían muy fallas en cuanto a la toma de conciencia de su responsabilidad histórica. Los medios de información deben proveer a las masas de los elementos necesarios para afirmar sus tradiciones y para polarizar un futuro congruente con su pasado y dependiente del presente mismo. (Se estima que los poderes públicos) les sería muy difícil tomar medidas en contra de un grupo que goza de fuertes corrientes de opinión favorable. (**)

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