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Reflexiones sobre estas simultáneas

7 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Etelberto Cruz Loeza/ Columnista La Voz de Michoacán.

Estoy convencido que, por razones, no de carácter pedagógico, educativo y sí político-partidista y hasta ideológicas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación – CNTE  – es quien protagoniza la parte más agresiva, combativa, sistemática, belicosa contra la Reforma Educativa del Estado mexicano. Todos los paros, manifestaciones, bloqueos, marchas, vandalismos, saqueos, quemas, destrucciones de edificios y de equipamientos públicos, confrontaciones, enfrentamientos, tomas – principalmente en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero – , son el puño y la cara más combativa, agresiva y visible de esta acción de rechazo hacia el nuevo formato laboral y los nuevos  modelos educativos en el sistema de educación Básica y normal. Es evidente que los sucesos – de choque y confrontación – llevan una línea ascendente muy aguda.

Usted, como la inmensa mayoría de la ciudadanía  se ha preguntado ¿qué está pasando? Para muchos es un lenguaje no nuevo pero sí recargado.

Los hechos de Comitán – humillación, rapado y obligación a  caminar descalzos y, semidesnudos con un letrero en pecho-espalda –  y Oaxaca – retención de funcionarios públicos de Oaxaca – , los bloqueos de bancos, carreteras, autopistas, tomas de casetas,  tiendas departamentales, destrucción de inmuebles y equipo de oficina, enfrentamientos con personal de las áreas de seguridad estatal y/o federal y otros hechos que usted ha visto, sabe y conoce fueron si no previstos si esperados. Son respuestas  cotidianas, usuales, comunes, únicas. Entonces, se pregunta:¿Qué pasa, qué onda?

Es sumamente lamentable lo que sucedió.

Éste no es el magisterio que deseamos y necesitamos.

El modelo laboral y educativo de educación Básica y Media Superior de herencia, comercialización de plazas, y promociones y designación de mandos Medios y Superiores por compromisos políticos electorales y no por competencia, experiencia y conocimientos, no es el  modelo educativo que necesitamos en esta etapa de alta competencia.

Igualmente, escuchamos y vemos al actual secretario de educación pública, Aurelio Nuño Mayer, tender y mostrar el puño envuelto con guante, no de terciopelo,  ni de seda, ni de satín,  duro, firme, enérgico y afirmar la apertura-disposición al diálogo, pero no extiende la mano para escuchar, discutir, negociar, partiendo de lo no negociable y sí se cierra a la comunicación.

Aurelio Nuño DEBE  abrirse a todas las posturas y perfiles y ser incluyente, precisando lo innegociable y en esa base, sentarse a escuchar-negociar: él tiene todos los elementos necesarios para acordar. NO DEBE CERRARSE, EXCLUIRSE. En educación  – y en cualquier otra área de la administración, incluyendo  la de la justicia – no debe ser intolerante y sí abierto a todas las voces. Un secretario de educación pública así – la reforma con palo, con sangre, entra – no es lo que necesitamos, ni deseamos, ni demandamos. Así ya no es interlocutor válido en este momento.

Necesitamos un secretario de educación pública, firme, con la ley en la mano, pero de aplicación igualitaria y para todos. Y que, además, piense y  tenga lo necesario para prometer y cumplir. Al señor Nuño le quedaron muy grandes los zapatos de Fernando Solana Morales y de Víctor Bravo Ahúja. En este momento ya no es el adecuado para las circunstancias actuales.

Se notan en las imágenes difundidas que elementos de los diversos cuerpos de seguridad pública – federal, estatal y municipal – están presentes en todos los actos agresivos, combativos, de confrontación, de choque; que hasta detienen el tráfico y lo desvían y hasta les hacen vallas para que pasen los autobuses con manifestantes y a los contingentes; que los policías-gendarmes- con sus escudos tratan de contener, detener a los manifestantes; que los ven tomar, incendiar autobuses, camionetas, etc., destruir edificios públicos y sus equipos de oficina y no actúan; que muy seguramente los vieron vandalizar, incendiar, destruir bienes privados y públicos; que, acaso, sirvieron como estatuas de piedra en los hechos de Comitán y de Oaxaca y los vieron no mover ni un dedo en defensa de esas personas humilladas y secuestradas-retenidas.

Estos no son los cuerpos de seguridad, ni los elementos, ni los jefes de esas corporaciones,  que necesitamos y demandamos.

Seguramente usted habrá pensado: ¿Por qué no cumplen con su deber? Y hasta habrá pensado-dicho ¡Qué cabrones! ¿Por qué los dejan solos? ¿Por qué la ley-Estado actúa en contra de quienes necesitando trasladarse rompen la columna?¿Por qué no se da seguimiento a las denuncias sobre las destrucciones de edificios y sus equipos de oficina, la quema de unidades de autotransporte? Por citar lo menos, o  lo más evidente…

¿Por qué no hay soluciones?

¡Ah! Existen otros criterios: El uso selectivo de la ley y el ejercicio legítimo del poder en los tiempos electorales…Esos dos criterios – de poder – son los limitantes para la vigencia del Estado de Derecho.

Ésta no es el tipo-clase-perfil de ejercicio de la ley,  de la vigencia del Estado de Derecho que necesitamos, reclamamos y demandamos.

No se actúa porque habrá elecciones cerca – en este caso, las hubo el domingo anterior –  y para no avivar el horno se aplica el formato neoliberal miedoso: dejar hacer, dejar pasar. Olvidan que un enorme problema es la suma de los incidentes mínimos no resueltos; que no se debe pactar esperando una tranquilidad inexistente. Lo que vemos es una mascarada de la justicia y sí el pleno ejercicio de la administración de justicia y del acto de gobernar con las Ps: Palo, para los inconformes. Plomo para los enemigos. Plata para los amigos

Si existe en nuestro país una institución que tiene infinidad de recursos de todo tipo para contener, tratar y resolver éste y cualquier conflicto, es el Estado, pero todos esos recursos tienen un marco: la Ley y el Estado de Derecho.

Esto que vemos, sentimos y vivimos no es el Estado que necesitamos, ni el gobierno que requerimos ni la autoridad que demandamos con urgencia.

Si nuestras leyes consideran a la democracia como un régimen político  en el cual las mayorías mandan y un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo, esto que vemos y vivimos todos los días no es la democracia que deseamos, necesitamos y requerimos.

Si nuestras leyes precisan que  tanto la manifestación de ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, como la imposibilidad legal de coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito y que solamente los ciudadanos de la República podrán hacerlo para tomar parte en los asuntos públicos del país  y que ninguna reunión armada tiene derecho a deliberar y mucho menos se considerará ilegal  y no podrá ser disuelta una asamblea o reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta por algún acto, a una autoridad, si no ser profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de la violencias o amenazas para intimidad u obligarlas a resolver en el sentido que se desee, estas manifestaciones-juegos de poder–estrategias de lucha en el juego democrático  no son formas democráticas que necesitamos, que requerimos y demandamos.

Debemos, porque necesitamos – , construir un nuevo perfil: de maestro, de educación, de funcionarios, de autoridades, de gobierno,  de elementos e instituciones de seguridad y de servicio público,  de democracia, de procuración, administración y de órganos de justicia y consolidar nuestras leyes  para que tenga plena vigencia el Estado de Derecho.

No debemos darle razón a quien afirmó ¡Al diablo las instituciones!

Ellas deben prevalecer como las necesitamos, demandamos y reclamamos. Está en nosotros hacerlo y SÍ podemos.

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