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Excelencia y mención honorífica

19 de mayo, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El Tecnológico de Monterrey sigue formando con gran éxito y calidad en sus alumnos que cursan diversas carreras profesionales. Acaba de terminar su carrera y recibir su diploma de licenciatura en Negocios Internacionales la señorita Adriana Vázquez Molina con excelencia y mención honorifica; a quien al felicitarla por haber sido además la única con tales distinciones, me dijo: “ante todo le doy gracias a Dios por los padres que me ha dado y me han formado en los valores esenciales de la vida y a mis maestros y maestras que con tanto profesionalismo me han ayudado tanto en mi carrera que yo he elegido providencialmente.

¿Y qué significa para ti, Adrianita, haber recibido la mejor calificación en tu examen profesional y además una merecida mención honorifica?

En primer lugar un gran compromiso con Dios, con toda mi familia quienes me han animado siempre en mis estudios en uno de los centros culturales más importantes de toda la República. A mí me tocó hacer mi carrera aquí en la querida ciudad de Morelia, donde he hecho muy buenas amistades y he vivido muy agusto. Y además mis papás siempre me han ayudado y comprendido con sacrificio y generosidad para aprovechar este hermoso momento de la juventud ahora me queda buscar el objetivo central: vivir en medio del mundo compartiendo mis conocimientos y mis experiencias a todos aquellos que me rodean y en medio de mis relaciones con Dios y con ellos manifestarles mi cariño y comprensión que he recibido en mi carrera, porque no hay que vanagloriarse de esos regalos de Dios sino; hacer verdad que todos en alguna forma podamos buscar la excelencia espiritual, humana y social y saber que estamos en este mundo para servir y dar más que ser servidos.

Cuando le dije a mi papá Rolando el resultado de mi examen me contestó: “esa es mi hija. Ahora a trabajar, a dar lo que has recibido con el ejemplo y el trabajo”. Entonces llore de emoción junto con mi mamá que se llama como yo. Ella es Adriana y yo soy Adrianita. Para vivir con excelencia hay que vivir con los ojos abiertos y limpios. Ver el mundo con fe y sin miedo, enriqueciendo poco a poco nuestra existencia, sobre todo con los grandes valores del Espíritu. Ver hacia lo alto, siendo sumamente realistas, contando con nuestras limitaciones y tratar de superarlas. Ciertamente nadie es perfecto; pero debemos buscar la perfección, la excelencia en todo y eso sólo se adquiere mirando la vida con los ojos limpios y abiertos y escoger con valentía la propia realización histórica.

Ahora depende de ti, Adrianita, no dormirte en tus laureles. Cuando se vive con fe, con agradecimiento, con humildad y gratitud, tu misma te calificarás al buscar siempre la excelencia de la vida.

Te perteneces por herencia a esa gente bonita donde la bondad hace competencia con la generosidad, donde la generosidad, hace competencia con la caridad, donde la caridad compite con la felicidad, y la felicidad con la paz.

Tú has nacido para hacer el bien, para ayudar y comprender a los más necesitados, a vivir con humildad agradeciendo que todo es regalo de Dios a quien jamás has olvidado ni en el hogar ni en las aulas. En ese hogar y dirigido por una excelente madre que Dios te ha regalado y donde le has aprendido la excelencia del vivir. Ella se siente feliz y su amor hacia ti ha subido notablemente porque ve el fruto de sus esfuerzos y el de tu papá Rolando, pues amamos entrañablemente a nuestros hijos Rolando, Adriana, Delia y Santi. Van por el mismo camino.

Yo sé, que tú Adrianita invitarás a muchos a caminar con firmeza al éxito porque no tienes miedo a la vida. Sé que cultivas tu amistad con Cristo, que dijo: “yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Me gustó mucho ese rasgo de humildad cuando dijiste que te sentías apenada por esos aplausos que te dieron con gran alegría tus compañeros y compañeras; pero tú sonreías y tus ojos en aquel momento brillaron con unas lagrimillas que dijeron todo lo que sentías en tu alma. Se te hizo líquido el corazón y tu papá, amante de la fiesta taurina, levanto los ojos al cielo y gritó agradecido: “Olé, olé, por mis hijos y mi querida esposa”.

Los frutos de una familia cristiana, que busca los grandes valores del Espíritu siempre tendrán éxito. Estas familias de gente bonita irradian luz, claridad y fuego que no se apaga, amor en todos los momentos y circunstancias de la vida.

Para buscar la excelencia de la vida es necesario no perder jamás el camino. Ese camino que vino a trazar Cristo con su cruz para alcanzar vivir la justicia, la verdad y la excelencia de la vida. De pilón Adrianita, yo también miro al cielo y te digo con gran cariño: “Olé Adrianita. Los aplausos de los ángeles han sacado los pañuelos blancos par derramar la luz de las estrellas sobre ti y vivas siempre buscando la excelencia de la vida”.

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