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Construyendo una agenda común educativa

15 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Horacio Erik Avilés Martínez
No cabe duda que es la ciudadanía la que debe fijar la agenda pública para lograr el cambio social: las necesidades más sentidas, las situaciones más crudas y las esperanzas más etéreas son vividas y anheladas por nuestro pueblo, quien a la vez es caja de resonancia, muchas veces víctima y en ciertas ocasiones beneficiario de la ruta que trazan los tomadores de decisiones de la nación.

Las autoridades, si bien poseen ciertas facultades y atribuciones acordes a su cargo, debido a las enormes limitaciones en cuanto a maniobrabilidad económica,política, legal y social que tienen, difícilmente logran ser las principales impulsoras de las reformas y transformaciones que requiere una nación. Un gobernante sabio, conocedor de sus limitaciones y de la necesidad de contar con un entorno pleno de gobernanza, escucha a la ciudadanía y la incorpora para conformar un gobierno abierto, arropándose con la legitimidad que tal acción le brinda.

Los ciudadanos que conocen a cabalidad sus derechos y los ejercen en plenitud, en un simultáneo cumplimiento de sus respectivas obligaciones, si bien reconocen las falencias de la sociedad y su gobierno, con ánimo constructivo, se acercan a la autoridad para hilvanar mejores políticas públicas,  desde la sociedad civil proponen rutas para el mejoramiento de la nación. Específicamente, en la última década, muchos ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil que han reconocido la necesidad de conformar un mejor sistema educativo se han dado a la tarea de buscar entablar diálogo con todos los actores que conforman el sistema educativo para lograr puntos de acuerdo, encontrando en muchas ocasiones un mutis por respuesta o hasta insultos. Sin embargo ello no ha detenido la construcción mayoritaria de consensos, por las rutas legales y pacíficas predefinidas para tales efectos.

Sin embargo, a pesar de los continuos desaires, ese esfuerzo  por lograr la inclusión de la opinión y esfuerzo de todos realmente vale la pena, ya que el ideal es lograr que la escuela pública mexicana modele a la sociedad que habrá de transformar positivamente nuestra nación, permitiendo simultáneamente lograr una administración efectiva y transparente de los recursos destinados a la formación integral de las generaciones jóvenes. Lo anterior, lamentablemente no es una realidad aún en nuestroMéxico, que aún se encuentra ubicado en posiciones inaceptables en múltiples indicadores educativos, comparándonos con el resto de las naciones.

En este camino de la última década, precisamente el diálogo propositivo es el que ha permitido construir medidas transformacionales de política pública. En el camino, se ha aprendido que precisamente aquellos actores que se han negado sistemáticamente a dialogar son quienes se quedan al margen de formular propuestas, por lo que se limitan a criticar y a perseguir sus objetivos particulares, con actitud de cúpula o grupúsculo.

Sin embargo, como en muy pocos momentos de la historia de nuestra nación, existe la voluntad y el discurso público de entablar un diálogo constructivo. Por lo anterior, es tiempo de superar malas prácticas motivadas por intereses mezquinos que han impedido que se transforme profundamente la realidad en todas las comunidades educativas,por la falta de construcción de consensos.

Es claro que ante la petición de diálogo proveniente de quienes se aducen democráticos, resultaría un enorme absurdo que durante el proceso de negociación, por no resultar totalmente conveniente a su peculiar cosmovisión,  algún actor involucrado se tire al piso, se victimice, se levante de la mesa de diálogo y asuma posturas retardatarias.

Es importante tener en cuenta, a manera de contexto que en los movimientos piramidales  al interior del magisterio, no solamente la letánica ideología ha sustituido al pensamiento crítico, sino que los procesos predeterminados para golpetear y arrebatar han sido por sí mismos la negación de un movimiento que durante muchos años se mostró reticente a avanzar en sus procesos democráticos internos, así como en su praxis social, presa de su determinismo y de sus vicios internos, al limitarse a repetir ad nauseam el ciclo consistente en presionar, movilizarse, chantajear, arrancar canonjías, alardearlas y replegarse. Sin embargo, es momento de reverdecer y por ello es altamente positivo que múltiples actores educativos busquen el diálogo, independientemente de su ideología, postura pretérita asumida o incluso del instrumental y miserable papel histórico que hayan jugado.

Es importante acotar que en este momento en el que soplan vientos hacia la construcción de una gran discusión seria sobre el futuro educativo nacional, argüir una actitud que demuestre poseer unconcepto precario de democracia quedaría debidamente documentada ante la opinión pública nacional y quien osase asumir estas posturas quedaría exhibido y reducido en su justa dimensión. Esperemos no haya punto de retorno a la simulación, ya que no habrá coartada que valga para todos aquellos que reciben la enésima oportunidad de dialogar después de muchos años de despreciar el diálogo y desperdiciar la oportunidad de debatir, defender y difundir sus puntos de vista.  Es el momento de erradicar un discurso perennemente antitético, proteiforme en lo negativo, para dar paso a la propuesta y a la construcción de acuerdos, para lograr una gran agenda común que transforme la realidad educativa del presente.

Es esta la oportunidad de todos los actores educativos para demostrar que verdaderamente se desea participar en la construcción de política educativa. Por lo anterior se debe de buscar debatir reconociendo que se han logrado avances sustanciales en materia de transparencia y rendición de cuentas en el ámbito educativo. La ley no debe estar sujeta a negociación, independientemente de que algunos opositores a la legalidad se hayan mantenido al margen de participar en la conformación de la legislación vigente en materia educativa, cuando despreciaron y perdieron intencionalmente por default la oportunidad de pronunciarse y proponer alternativas en tiempo y forma mediante los canales establecidos para la construcción de la ley vigente.

Resultaría injusto que en este debate fuesen la estridencia, la conveniencia política o la beligerancia los factores que determinasen la prevalencia de una propuesta sobre otra, o incluso la abrogación de la normatividad en la materia educativa.

Mientras se configura el diálogo a nivel nacional, la implementación de la normatividad educativa debe de continuar inexorablemente. Por lo pronto, durante esta semana, la acción gubernamental continuó a paso firme, ya que en los módulos establecidos por la Secretaría de Educación en el Estado se han continuado pagando las quincenas atrasadas a los trabajadores de la educación de la entidad, ya que tanto es un derecho que tiene el magisterio michoacano, por haber ya devengado su salario, como es una obligación patronal que la SEE no se ha negado a cumplir, sino que ha sido bloqueada sistemáticamente por parte de las cúpulas de la Sección XVIII de la CNTE, quienes con su actitud golpista parecen exclamar “si no cobra un aviador, que no cobre maestro alguno”, sabedores de que esta medida de pago mediante tarjeta de nómina permitirá desmontar una serie de procesos que al día de hoy se encuentran colonizados por redes de control y corrupción.

Es de reconocerse al Gobierno del Estado y a la SEE que hanlogrado contundentes resultados en la complejísima misión de destejer la red con la que intentó envolver la CNTE al gobierno durante muchos años. Con esto se dan pasos firmes para restablecer la legalidad y el trato con la parte patronal sin que prevalezcan los intereses aviesos propios del intermediarismo que solía campear en múltiples procesos del sistema educativo estatal.

Por todo lo anterior, digamos sí al dialogo y al debate educativo, para lograr la construcción de consensos; sí a la cultura de la legalidad;  no al retorno al oscurantismo ni a estadios pretéritos de la ley; digamos sí a la justicia distributiva y estado de Derecho en la nación; sí a la aplicación irrestricta de la Ley Federal del Trabajo, especialmente en lo referido al cumplimiento cabal de las obligaciones que ésta estipula para trabajadores y parte patronal, en tiempo y forma, así como a la preservación de la paz y armonía en el espacio público, por todos los medios legítimos posibles.  La construcción de una agenda común educativa para un mejor futuro nacional es el gran objetivo a lograrse en estos tiempos y la estrategia integral será el diálogo.

Sus comentarios son bienvenidos en [email protected] y en Twitter en @Erik_Aviles

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